Reportaje de la charla ¿Cultura o Economía?

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Como de costumbre, comienza la charla con la presentación del Ponente. La hace Pedro Aranguren tras una pequeña introducción en la que habla de la Europa de los mercados, y presenta a Javier Alvarez, nacido en Irún que vive en Madrid, ingeniero que hizo su tesis sobre Ética y Economía, estudioso de la antigua Unión Soviética y autor de diferentes artículos y otras publicaciones junto con otros autores.

En primer lugar, Javier Álvarez abordó dos ejemplos de cómo la ética ha repercutido a lo largo de la historia, en la economía. Dio datos de cómo la ética religiosa influyó en la economía del siglo XVI. Los católicos y los protestantes asumían de diferente manera sus papeles en el funcionamiento social y económico. También se refirió al siglo XIII, donde se condenaba la avaricia o la codicia.

 La moral ha servido para justificar el capitalismo. El capitalismo necesita absorber cultura. En los años 60 se hace crítica del capitalismo porque uniformiza, estandariza a las personas. También en los 80, se busca la personalización, la diversificación, con la llegada del pensamiento postmoderno.

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 La crítica ética e ideológica que podamos hacer del capitalismo, es muy útil porque puede conseguir cambios.

 A continuación, para explicar cómo se ha producido una invasión de la ética por parte de la cultura económica, nos ofreció un interesante esquema en el que a partir de unos valores que todos compartimos se pueden tener códigos morales antagónicos, de los que el capitalismo ha usado aquellos que le convenían:

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La columna central son los valores que todos admitimos, pero las otras dos columnas son de códigos éticos antagónicos que se pueden derivar de los valores. El capitalismo utiliza el valor de la eficacia para defender lo privado frente a lo publico, la racionalización para defender la rentabilidad monetaria frente a la rentabilidad social, el progreso para elegir la competitividad frente a la cooperación…

Otra interesante cuestión abordada por el ponente fue la del código moral que se puede elegir. El código moral que lleva aparejada la corrupción es el que gira alrededor de amigo/enemigo. El progreso en la conciencia moral nos llevaría al código moral presidido por el binomio bien/mal. En del primero de ellos lo aceptable es lo del amigo y lo rechazable es lo del enemigo, rival… Sin embargo, en el segundo, aquello que aceptamos o rechazamos tiene que ver con su bondad o maldad.

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Sobre la corrupción una interesante cuestión es la que se desprende de la percepción que se hace de la corrupción y el fraude por parte de la ciudadanía. Durante los años de crisis se produce un aumento muy notable de la percepción de corrupción, mientras que apenas se percibe la misma en momentos de “vacas gordas”.

 En momentos de crisis se produce también una proliferación de discursos que, por un lado, descargan de responsabilidad a las instituciones, “todos somos responsables”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “el mercado somos todos”, “los bancos somos todos”…; y por otro, se esgrime el fraude social para evitar medidas de reforma, “quién no ha dejado de pagar el IVA”, “si se cambian las leyes hipotecarias para beneficiar al que no puede pagar, se premiará al perezoso”, “hay que elevar el precio de los medicamentos para educar al que abusa”, “hay que recortar las prestaciones de desempleo para evitar la ociosidad”, “hay que elevar las tasas judiciales porque los españoles somos muy dados a pleitear”.

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A continuación el ponente comentó las diferentes cuestiones que aborda la siguiente cita de John Dewey:

 “Cuando se mira al yo como algo completo dentro de sí mismo, resulta fácil argumentar que únicamente los cambios morales interiores tienen importancia en la reforma general. Se afirma entonces que los cambios institucionales son simples cambios exteriores que pueden agregar comodidades y conveniencias a la vida, pero que son incapaces de realizar mejoramientos morales. La consecuencia de esa actitud es el echar sobre el libre albedrío, en su forma más absurda, la carga del mejoramiento social. Se estimula, además, la pasividad social y la pasividad económica. El individuo se ve llevado a concentrarse en una introspección moral de sus propios vicios y virtudes y a desdeñar el carácter del medio en que vive. La moral deja de preocuparse activamente de las condiciones económicas y políticas concretas. Perfeccionémonos a nosotros mismos interiormente, y los cambios sociales advendrán a su debido tiempo por sí mismos. Tal es la teoría. Y mientras los santos se preocupan de la introspección interior, unos atrevidos pecadores rigen el mundo. Ahora bien, en cuanto comprendemos que nuestro yo individual es un proceso activo, comprendemos también que las modificaciones sociales son el medio único de crear personalidades cambiadas. Miramos entonces las instituciones desde el punto de vista de sus efectos educadores, es decir, con referencia a los tipos de individualidades que fomentan… La vieja separación entre lo político y lo moral queda arrancada de raíz”

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En la parte final de la sesión se produjeron diversas intervenciones de los asistentes y sus correspondientes respuestas o comentarios por parte de Javier Álvarez.

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