El repliegue

Posted by on Ago 14, 2016 in Miradas

El repliegue

Está sobre la mesa la propuesta de un amigo para que participe en un debate sobre la actual situación de repliegue hacia los nacionalismos que se registra en Europa, del que el Brexit es la manifestación más notoria, organizado por una asociación cultural de una localidad vecina a mi pueblo. No sé si la propuesta se materializará finalmente, pero ha tenido la virtud de poner en alerta las antenas y desde hace unos días me veo escrutando instintivamente noticias en busca de las causas de esta regresión de la sociedad hacia el útero materno. He aquí tres ejemplos del repliegue:

Uno, por intereses económicos. Hace un mes, durante las fiestas patronales de mi ciudad, los comerciantes locales se quejaron de la proliferación de manteros a las puertas de sus establecimientos. La ciudad tiene, por primera vez en décadas, un consistorio de izquierdas y el concejal de turno se lanzó a defender a los manteros en nombre de la solidaridad y los términos en que lo hizo, en los que no obvió acusaciones a los comerciantes de explotar a sus empleados, encrespó aún más al gremio protestante. El pequeño comercio ha sido devastado en mi ciudad, como en tantas otras, durante la década pasada por razones conocidas que no repetiremos aquí, y probablemente no erraba el concejal al señalar los bajos salarios de sus empleados y las prácticas de evasión fiscal de las empresas porque así es como funciona nuestra economía y también puede apostarse a que los manteros no significaban una competencia real, aunque fuera desleal, a sus negocios. Pero todo eso, que constituiría materia para un debate, no importa. Lo seguro es que el consistorio se ha ganado la enemiga de los comerciantes y bastará que en las próximas elecciones se presente una sigla que señale a los inmigrantes como responsables de la situación para que una parte significativa del voto que ha sido de izquierda se pase al campo contrario.

Dos, por razones políticas. Francia ha sido durante décadas un ejemplo conspicuo del trasvase casi automático del voto comunista y socialista al lepenismo a medida que avanzaba la globalización de la economía y la crisis social consiguiente. El país está ahora alterado con los atentados yihadistas y estos días veraniegos sufre una polémica, con resolución judicial incluida, sobre el uso, o mejor dicho, la prohibición del uso de lo que se llama el burkini en playas y piscinas. El burkini es un bañador femenino que cubre por completo el cuerpo y que los tribunales franceses consideran un ataque al laicismo de la nación. Esta prenda es disfuncional y arcaica (y personalmente irritante, lo reconozco) pero no se entiende cómo su uso en la playa podría atacar al laicismo del país de una forma y en una medida no imputable al tanga, a las bermudas o la desnudo completo, a menos que estas prendas se consideren propiamente nacionales y el aparatoso bañador islámico, extranjero. Así, la sentencia judicial retuerce el derecho para acomodarlo a un sentimiento generalizado de la sociedad, exacerbado, hay que decirlo, por los criminales ataques que la sociedad  francesa ha sufrido procedente de la misma ideología que promociona el dichoso burkini.

Tres, por la efusión de los sentimientos. Esta nación de naciones o como queramos llamar a nuestro país alberga en su seno sentimientos que no se pueden ignorar en ningún proyecto colectivo. Por razones históricas y sociopolíticas que no corresponde analizar aquí, sectores de la población de ciertas regiones viven interiormente, si vale decirlo así, en una nación que no es España. Estos sentimientos están siempre presentes pero proliferan de modo natural cuando el sistema deja de satisfacer intereses y expectativas de la población y rebrota el nacionalismo por dos razones evidentes: una, porque lo único que queda cuando todo se ha venido abajo es el orgullo patrio, y dos, porque si el conjunto no funciona, quizás funcione la parte. Estos días asistimos a la formación de la izquierda emergente en Galicia de cara a las elecciones autonómicas, y la sigla general (Podemos) ha tenido que subsumirse en la sigla parcial (En marea) so pena de no llegar a un acuerdo. Esta solución lleva a un encogimiento de hombros de los que no somos gallegos, y sería igual, si aconteciera, entre los que no somos catalanes, vascos, navarros, leoneses, andaluces o alcarreños, porque, después de fraccionar la tarta, gallegos, vascos, catalanes, etcétera, tendrán que recomponerla con alguna fórmula federal, confederal o como se llame, si no quieren caer en la irrelevancia, pero no importa, ya veremos cuando llegue el caso; de momento, lo importante es que se han satisfecho los sentimientos de los gallegos galleguistas. Y eso que hablamos de fuerzas políticas jóvenes y sedicentes progresistas, y, desde luego, bienintencionadas.

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