Austeridad/Crecimiento. Documento para la primera charla

         A continuación se desarrolla un interesante documento elaborado por Guillermo Múgica, ponente de la primera charla del curso 2012-2013, que va más allá del contenido de su conferencia y viene a dar prólogo a todo el curso completo.

Por si alguien quiere descargarselo, en vez de leerlo directamente en el Blog, ponemos a continuación el documento en PDF:

Para una superación de la crisis.pdf

PARA UNA SUPERACION DE LA CRISIS:

              MAS ALLA DEL DEBATE “AUSTERIDAD/CRECIMIENTO”

Vivimos inmersos en una contradicción escandalosa y patente. De una parte, ilustres y reconocidas personalidades del pensamiento y de la política[1]vienen calificando el denominado ‘orden mundial vigente’ de “criminal y caníbal”: criminal por delictivo, y caníbal porque los poderosos devoran a los débiles y se alimentan de ellos. Pero, de otra parte, este modelo de funcionar y operar está amparado por las leyes: “las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden ‘de forma legal’ quién va a morir de hambre y quién no”.

          En distintos lugares y a diversas escalas el esquema de fondo se repite, lo que resulta más palpable con la profunda y galopante crisis actual, a la que, no sin razón, se tipifica ya como “genocida”. Nunca como hoy unos pocos han llevado al desastre a la mayoría. Pero lo racionalmente inconcebible es que los primeros, encima, salven y engorden sus cuentas corrientes esquilmando a los más débiles hasta la extenuación.

          No es que no haya recursos suficientes para todos y todas. Lo que ocurre es que una minoría ínfima – escasamente productiva, pero sí muy experta en las artes especulativas – se ha apropiado de ellos. J. Stiglitz, economista de gran prestigio[2], dice, por ejemplo, cómo, en EE.UU., “El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita”. Y revela que, en su país, según datos del último censo: “150 millones de personas son pobres o tienen una renta por debajo de la media”.

POR ESO, DE ENTRADA, CUATRO CONSTATACIONES FUNDAMENTALES

 

     1ª.- No nos pueden las ideologías, sino la escucha de la realidad

          Cuando, ante tal panorama, alguien plantea la necesidad imperiosa de revertir drásticamente esta situación desde parámetros de justicia, interviniendo a través de distintos mecanismos democráticos en el oligopolio financiero de las minorías ricas, se le contesta que eso es entrar en el terreno de las ideologías. Pero no se trata de ninguna deriva ideológica, sino de poner los pies en la tierra y escuchar a la realidad. Y en el centro de la misma están las personas, su medio y sus recursos vitales. Como afirma Iván Gil[3], retomando literalmente palabras de J. Ziegler, referidas al hambre en el mundo como ejemplo del despropósito en el que vivimos inmersos: “No puede ser que en un planeta con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, haya casi una quinta parte de sus habitantes sufriendo infraalimentación”. Y ello ocurre, porque, como explica el mismo Ziegler, el gran incremento de migración de los fondos especulativos a los mercados de materias primas, en especial de la agroalimentación, ha disparado el precio de los alimentos básicos. Es justamente la escucha a esta realidad la que nos urge a poner coto a semejante situación, meter en cintura a los mercados, cambiar de raíz este desorden establecido, que, no teniendo ojos más que para el dinero – “dinero genera dinero”: capitalismo puro y duro – , se muestra día a día no sólo más inhumano, sino improductivo en términos de economía real, e irracional. Es por tanto la realidad la que nos apremia.

2ª.- El fracaso de la dogmática neoliberal

          Y utilizo adrede la palabra “dogmática”, porque, como atestiguan múltiples estudios y publicaciones[4], el neoconservadurismo ha hecho del mercado ultraliberal una religión; y de los principios en los que aquél se sustenta, una incuestionable dogmática: libertad omnímoda, no ingerencia del Estado y máximo adelgazamiento del mismo, máxima privatización, etc.

          Pero su escatología, esto es, sus promesas de futuro, han fracasado estrepitosamente. El neoliberalismo no sólo nos ha traído la crisis actual – de fondo y sistémica, global y de larga duración -, sino que, al hacerlo, debe tragarse y maldigerir su propio triunfalismo determinista. Aquello de Francis Fukuyama de “El Fin de la Historia” (un paraíso irremisiblemente alcanzado ya por EE.UU. y los países avanzados, y que marcaba el camino a seguir a todos los demás) ha sido rotundamente desmentido por los hechos. Más aún, el neoliberalismo, para poder seguir teniendo historia como tal, pretende retrotraernos a tiempos pasados en lo laboral, social, económico y político. Es decir, el neoliberalismo no encuentra otro modo de poder seguir teniendo historia que negando la de todos los demás, haciendo tabla rasa de todas sus conquistas.

          Dicho de otro modo, el neoliberalismo no puede ofrecer salidas porque no las tiene. Es muy propio del mismo, y del neoconservadurismo en general,  extender como evidentes, como verdades incontestables y que no necesitan de verificación alguna, una serie de tópicos: como el de que no hay alternativas. Pero, antes de responder a tal aserto, es preciso tomar conciencia de lo siguiente: es ante todo el neoliberalismo quien no tiene salidas al desorden, los graves desequilibrios y la miseria actuales que él mismo ha provocado. Ni siquiera ha sido capaz de introducir una mínima regulación de los mercados, cuya perentoria necesidad reconocieron algunos de sus más cualificados representantes al estallar la crisis especulativo-financiera. Pero todo ha quedado, prácticamente, en agua de borrajas[5].

3ª.- Emerge en la base social un nuevo sentido común relativo a lo económico

 

          Pensábamos los profanos que la economía era cosa de altos vuelos. Ignorando su propia ideologización, incluso ella, con el modelo neoliberal, aspiró y llegó a presentarse a sí misma como ciencia exacta y aun como pura ciencia. Como si no tuviera, siendo parte de las ciencias humanas y sociales, sus propios presupuestos y sus propias opciones, que la condicionan, configuran y diversifican. Como si no hubiera más remedio que atenerse a la dictadura de los números.

          La coyuntura de la crisis, los múltiples e intensos debates habidos en ella, el acceso a los nuevos medios… ha supuesto, para muchos y muchas de nosotros, una especie de forzado y acelerado curso básico en economía. De manera que son cada vez más los ciudadanos y ciudadanas que se atreven a mostrar con convicción sus opiniones en materia económica.

          Pero considero que hay algo más de fondo en todo ello. Tiene que ver, me parece, con un sentido común social, que contrasta la propia autoconciencia con la realidad que le toca vivir. Es este contraste el que lleva a una buena parte de la ciudadanía a intuir sabiamente – porque se trata de sabiduría en el fondo, que es para la mente y la conciencia lo que el olfato en lo físico – que una economía que no sirva ante todo a las personas y su bienestar general, o que no tome en serio el medio vital, no es aceptable ni humana, ni ética, ni social, ni ecológica, ni política…, ni siquiera económicamente. Y es que este sentido común, requerido por la realidad misma, no ve cómo lo económico pueda desvincularse de todo lo demás y, menos, anteponerse absolutamente a ello. No todo es economía, por más que lo económico tenga que ver con todo.

          Esta percepción nueva, unida a las dos constataciones anteriores (los imperativos de la realidad y la oclusión del modelo vigente) nos llevan a preguntarnos por el cambio y por alternativas viables en esa dirección. Lo que comporta ya, de algún modo, situarse ante la crisis de un modo más positivo, esperanzado e implicativo; situarse más allá de la indignación y la protesta, por importantes que las mismas sean.

4ª.- El creciente y fundamentado convencimiento de que hay salidas

          Lo dice con rotundidad Joseph Stiglitz. “La economía es sencilla. Sabemos qué medidas habría que tomar para conseguir una sociedad más igualitaria y justa”[6]. Lo confirma la cantidad de reflexiones y de propuestas viables existentes que van en esa dirección. Tres son las dificultades principales a superar. * La poderosa, agresiva y envolvente ofensiva mediática conservadora, machacona repetidora del mantra de que no hay otras salidas a la crisis fuera de sus propios planteamientos. ** El hecho de que sean los mismos causantes de la crisis los encargados ahora de sacarnos de ella; a saber, los mismos fontaneros que montaron la instalación que ha hecho el chandrío, lejos de cambiarla, son los llamados a repararla, pero sin cambiar nada de la instalación primera. ***De modo que, para hacer que sea inevitable lo que ya hoy es necesario, y posible aunque parezca lo contrario, necesitamos contar con la política: cambiar las mentes, las convicciones, la correlación de fuerzas. Y esto, con la devaluación actual de la política, no es nada fácil.

Daré tres pasos en la exposición:

–         El debate austeridad/crecimiento

–         Hacia un nuevo diagnóstico para nuevos planteamientos de salida

–         Principales propuestas alternativas.

I

EL DEBATE DOMINANTE ‘AUSTERIDAD versus CRECIMIENTO’ :     

                               ENTRE EL MURO Y LA INSUFICIENCIA

          En la búsqueda de salidas a la crisis, el debate se ha centrado mayormente, en el ámbito político institucional y en los medios, en torno a dos propuestas contrapuestas: austeridad vs. crecimiento. Mientras unos afirman que hay que ajustar para crecer, otros están convencidos de que hay que crecer para poder ajustar. Entre nosotros, de hecho, es lo primero lo que se viene aplicando drásticamente. En el debate teórico público, los entendidos postulan cierta mezcla y equilibrio entre ambas propuestas, una sabia combinación entre lo uno y lo otro. Si bien, como suele ocurrir en este tipo de polaridades, siempre se marca un acento en uno u otro extremo, que viene a constituir como el eje dominante y vertebrador de las políticas que se ponen en práctica.

          Al indicar que esas dos propuestas oscilan “entre el muro y la insuficiencia”, quiero señalar que, en mi opinión, la primera, lejos de ofrecer una salida, agudiza aún más los problemas; y que la segunda, si bien abre una vía de salida a corto y medio plazo, tomada sin otros aditamentos resulta insuficiente por dejar abiertas muchas cuestiones decisivas.

1ª.- La via de la austeridad

     1.- Es la que se viene aplicando en los países con crisis más aguda del sur de Europa y, concretamente, en el nuestro. No voy a incidir en las medidas que se vienen tomando porque están en la mente de todos. Más aún, nos están afectando ya, y puede que mucho, de manera más o menos directa.

     2.- Creo que los países llamados desarrollados tenemos el deber de plantearnos de algún modo el tema de la austeridad. No ciertamente en los términos actuales, pero sí bajo la forma de otros modelos de producción, distribución, de estilo de vida y de consumo, esto es, de otra cultura del “bien vivir”. Y esto por tres razones fundamentales que el actual modelo capitalista productivista y consumista no respeta: el principio “ecológico” (un planeta en peligro), el principio “antropológico” (somos mucho más que meros consumidores materiales) y el principio “de justicia” (nos apropiamos, y devoramos de más, recursos de los que otros necesitan). A pesar de ello, pongo sordina al extendido tópico de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Es cierto – y yo lo he puesto públicamente sobre la mesa en diversas ocasiones – que nuestra Comunidad de Navarra, por ejemplo, según datos oficiales hechos públicos en su momento, llegó a ocupar el primer lugar entre las Comunidades Autónomas en el ranking de endeudamiento familiar. Pero la razón de ello hay que ubicarla, probablemente, en dos datos combinados: la incorporación al empleo de gente y parejas jóvenes, pero en condiciones y términos cada vez más precarios; y la necesidad de otorgar créditos y generar deuda por parte del negocio bancario. No es que viviéramos por encima de nuestras posibilidades, sino que el capitalismo neoliberal nos había recortado las que nos eran debidas y, entonces, las tomamos a crédito.

     3.-  Pero austeridad hace referencia, aquí, a toda una serie de medidas ( drásticos recortes presupuestarios, congelaciones salariales y de pensiones, eliminación de pagas extras, reducciones de personal en la Administración y los Servicios, incremento desigual de cargas impositivas, repago farmacéutico, nueva reforma laboral, etc., etc.) que vienen a cargar los efectos y los costes de la crisis principalmente sobre los hombros de la clase trabajadora y de las capas medias, es decir, sobre quienes no la han causado. El resultado es un “neoliberalismo de Estado”[7], en el que este último, abandonando su papel de limitador del poder económico, sostiene y promueve activamente su predominancia. Hablamos de predominio del capital financiero especulativo, que sigue en pie. Se socializan pérdidas y riesgos, y siguen siendo individuales o se privatizan los beneficios en interés de unos pocos.

          Teóricamente el objetivo de estas políticas de ajuste sería reducir el déficit público y la deuda, pagar los intereses de la misma, generar confianza en los mercados de capital, obtener nuevos créditos, sanear la banca y, de este modo, finalmente, poder activar la economía. El hecho es, sin embargo, que el déficit se dispara[8], la deuda se incrementa, la inversión no fluye y el paro se dispara. Con la particularidad de que es el mismo capital especulativo que nos abocó a la crisis el que sigue haciendo ahora pingües negocios, a cuenta de las inyecciones monetarias para el pago de la deuda pública, a costa de todos.

     4.- Son muchos y buenos economistas los que se oponen a estas políticas de austeridad. Y lo hacen desde la observación práctica, reforzada en el plano teórico. En el ámbito internacional, entre quienes se oponen son conocidas las figuras, ambas premios Nóbel en economía, de Joseph Stiglitz y Paul Krugman. El primero afirma sin ambages que “La austeridad va a tumbar la economía”[9] y cita como ejemplos a España, Grecia y Reino Unido. El segundo está convencido de que conduce a “una economía permanentemente deprimida”[10], de que lleva a ahondar la recesión. Hasta el FMI preveía ya en Julio más recesión en España, a la que incluso llegaba a ver como “el mayor riesgo para la economía mundial”. Quien entre nosotros lo ha expresado nítidamente, y esgrimiendo la realidad como argumento, ha sido Joaquín Estefanía: “Dos años después del inicio de las políticas de austeridad extrema el panorama es desolador: ningún problema se ha resuelto, a la vez que se multiplica el paro y la exclusión, además de que las clases medias se empobrecen y mueren centenares de miles de empresas”[11]. Terminaré pormenorizando sintéticamente algunas de las razones por las que considero que debemos oponernos a esta vía:

–         Económicamente: es ineficiente: más depresión.

–         Socialmente: es injusta y destructiva de la cohesión social. Recae sobre quienes no han causado la crisis, elimina o recorta drásticamente derechos y prestaciones básicas, y genera más pobreza y desigualdad[12].

–         Etico-jurídicamente: es ilegítima por no poner coto a los estafadores y fraudulentos, por subordinar además la política económica a su beneficio y ponerla a su servicio, y por priorizar el pago de una deuda que, bajo muchos aspectos (fraudulencias, despilfarro, corrupción, ausencia de consentimiento social, etc.) es “odiosa”[13].

–         Políticamente: es inaceptable por la primacía de la economía sobre la política y lo social; por el autoritarismo y las restricciones democráticas que conlleva y a las que induce; por el modo como se está aplicando, falto del mínimo acuerdo necesario e incluso a golpe de decreto[14]; y porque está suponiendo en la práctica un cambio de modelo, en cuanto el capitalismo retorma a sus formas más antisociales y restrictivamente democráticas.

2ª. La vía del crecimiento

     1.- Se trata de propiciar políticas orientadas, principal y directamente, a activar la economía: favoreciendo la inversión productiva en bienes y servicios, la generación de empleo y el incremento de la demanda. Conscientes de dos cosas: a).- Como dice Stiglitz, “La noción de que la austeridad hace feliz a los mercados es equivocada. Fitch rebajó precisamente a España tras presentar su plan de austeridad porque pensó que debilitará su economía”[15]. Y b).- Como muestra la historia, parece obvio que, en esta vía, el papel del Estado y de lo público son determinantes. A lo que es preciso añadir, para ciertos espíritus liberales que se echan quizá las manos a la cabeza, que el Estado ya está interviniendo directamente, y mucho, en la economía. Sólo que para salvar el trasero y cuanto haga falta del gran capital financiero especulativo. Pero de lo que esta vía habla es de una intervención más orientada a la demanda y a lo social.

     2.- Entre las personalidades más conocidas que apuestan por el crecimiento, aparte de los ya mencionados y conocidos Stiglitz y Krugman[16], en el estado español nos resultan cercanos nombres como Vicens Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Piensan que la prioridad no es la deuda ni el déficit, sino el empleo; y que es éste el que hay que promover y al que hay que dirigir la inversión incluso para poder responder a lo primero. Claro que, para ello, se precisa también medidas que embriden el mercado y, de modo particular, los mercados financieros; una fiscalidad más justa y eficiente, así como un reparto más equitativo de las cargas impositivas; una mayor inversión productiva, sobre todo en el área de los servicios sociales y de la cultura; una más justa redistribución de los beneficios empresariales, etc.

3.- Inmediatamente algunos nos van a plantear dos dificultades:

               a).- La primera es que no hay dinero. Y, si no lo hay, ¿cómo invertir? La verdad es que dinero hay, sólo que está concentrado en una minúscula parte de la población. A ello hay que agregar la fiscalidad altamente regresiva de nuestro país, una de las más regresivas de la UE. Por eso, un Vicens Navarro, por ejemplo, catedrático de Políticas Públicas en la U. Pompeu Fabra, responde directamente a esta supuesta dificultad, desmintiéndola. Y propone en positivo una propuesta alternativa a algunos de los recortes y nuevas cargas impuestas por Rajoy, indicando, con cifras incluídas, de dónde podría salir el dinero para afrontarla[17]. Su planteamiento se basa en una profunda y amplia reforma fiscal e impositiva, que afectaría por supuesto a los poseedores del capital y a sus actividades.

               b).- Vinculada a la anterior, estaría la dificultad del déficit, ajustarlo, controlarlo, no sobrepasarlo. En las condiciones actuales, crecimiento ¿no implica más déficit? Será Stiglitz el que ahora responda: “Que quede claro: el déficit no ha provocado la recesión, es la recesión la que ha causado el déficit. Sólo si se vuelve a crecer, el déficit bajará, pero las políticas de austeridad que impone el BCE están matando el crecimiento”[18]. Muy en relación con esta cuestión del déficit estaría el peso y la rigidez de Alemania en exigir unos topes y mantener unas condiciones de austeridad leoninas que garanticen el pago de los créditos y de las nuevas inyecciones económicas por hacer. Lo que estaría llevando a una creciente desafección hacia el Estado alemán[19]. A esta desconfianza y rigidez alemanas unas cuantas voces, algunas desde la propia Alemania, responden lo siguiente:

–         Que es cierto que la situación actual está beneficiando a Alemania, porque sus bancos han logrado imponer que lo primero que hay que salvar es el sistema financiero y que la gente puede esperar.

–         Que es cierto que algunos países han gastado demasiado, por ejemplo Grecia. Pero que este no es el caso de España, que, en el 2008, tenía superávit.

–         Que Alemania está obsesionada con su pasado y pretende que el mismo no se reedite, pero que hace un mal diagnóstico de su propio pasado histórico y del presente. Cree que fue la hiperinflación lo que le llevó al nazismo. Pero no fue aquella sino el paro que se generó lo que le condujo a éste. Y el problema, hoy, tampoco es la inflación, sino el empleo[20].

–         Que es verdad que toda esta situación repercute en el euro y que éste tiene problemas[21] (viniendo algunos de ellos de fallos y carencias de su mismo diseño de origen). Pero que la salida no está en la salida del euro – fuera del cual, de todos modos, seguiría habiendo vida -, sino en una profundización en la integración política, económica y social[22].

     4.- En la coyuntura actual, aun estando por el crecimiento, nos parece insuficiente el planteamiento que habitualmente se hace acerca del mismo. Percibimos, de entrada, tres insuficiencias y limitaciones que nos parecen importantes:

          a).- Considero que se precisa abordar con mayor detenimiento y detalle las preguntas, todas ellas de envergadura y que ahora nos resulta imposible abordar aquí, de crecimiento en qué, crecimiento para quién y crecimiento cómo.

          b).- Y esto no sólo porque subyace una cuestión de modelo de vida, productivo, social y también cultural[23], sino porque nos estamos topando ya con un límite objetivo y material al crecimiento, que, justamente, es uno de los componentes de fondo de la crisis que padecemos: la denominada cuestión ecológica o eco-social y política.

          c).- Las dificultades del crecimiento en el presente con una Unión Europea muy desigual en su composición, a medio camino en su integración, mayormente de los mercados, a la que hemos cedido buena parte de nuestra soberanía en el terreno económico, escasamente democrática en sus instituciones comunitarias y con notable predominio de fuerzas y orientaciones neoliberales.

II

 

    UN NUEVO DIAGNOSTICO DE LA CRISIS EN BUSQUEDA Y TANTEO DE

NUEVAS SALIDAS

1º.- Una mirada que suele ser habitual

     1.- Es bastante corriente y característico de un modo de ver las cosas que, al analizar el modelo vigente y sus consecuencias, así como el tratamiento que se viene aplicando a la crisis, anotemos la desigualdad – y le añadamos además el calificativo de creciente – como uno de sus graves y desastrosos “efectos”. La desigualdad, así, aparece más como una realidad originada que originante. Y aun, en tanto originada, a menudo ni siquiera suele presentarse entre los efectos primeros.

     2.- La constatación anterior no pretende negar que, en efecto, la desigualdad sea un efecto de los injustos desequilibrios económicos y sociales, Intenta, sí, suscitar la duda de si es sólo eso; de si, en su impacto económico y social, no entraña una mayor circularidad entre efecto y causa; de si determinados efectos causados no pueden ser a su vez causantes. Creo que algo de esto ocurre en  el abordaje de la crisis y sus causas.

2º.- Una nueva mirada y sus puntos claves

     1.- Con sorpresa para más de uno, entre los que me incluyo, expertos reconocidos han comenzado a plantear la desigualdad no ya sólo como una de las causas, sino como causa fundamental de la crisis o, en todo caso, una de sus causas ‘profundas’, según la distinción entre las “causas evidentes” (burbuja inmobiliaria, préstamos subprime, productos ‘derivados’ amañados por el sistema financiero…etc.)  y las “causas profundas”[24]. Expertos de nuestro entorno vienen planteando hace algún tiempo esta mirada nueva, más incisiva y crítica, sobre la crisis.

          a).- Así es como titula Vicens Navarro, por ejemplo, una de sus reflexiones: “Las desigualdades como causa de la crisis”[25]. Señala que en ellas está la clave de la crisis, por más que nunca eso aparezca en los medios, ya que están muy endeudados y ellos también dependen de las instituciones financieras. Y explica cómo las políticas neoliberales han determinado un geométrico  crecimiento y  una enorme concentración de las rentas y de la riqueza (concretamente en el 1% de la población que deriva sus ingresos de la renta del capital y, como parte de esa exigua minoría, en el 0,2% que deriva sus ingresos del capital financiero). Lo que ha generado una enorme distancia entre dicha minoría y todos los demás, y, a la postre, ha afectado negativamente la propia eficiencia del sistema económico. V. Navarro añade algo muy importante: hasta qué punto la mencionada concentración ha deteriorado enormemente la calidad de las instituciones democráticas, las cuales han pasado a ser meros instrumentos del capital financiero.

          b).- En la misma dirección, de más allá de nuestras fronteras, nos llega la última obra de alguien que, objetivamente, tiene motivos más que sobrados para saber de qué y por qué habla. No en vano fue economista jefe del Banco Mundial. Me refiero al ya mencionado J. Stiglitz. Su obra lleva este significativo título: “El precio de la desigualdad” (E. Taurus). Y en subtítulo añade no menos significativamente.”Cómo la división social pone en peligro nuestro futuro”. La desigualdad en contexto de crecimiento había sido ya el tema de su tesis doctoral. Ahora lo prolonga y ahonda en el contexto de la crisis actual. Señala que los mercados tienden a acumular la riqueza en las manos de unos pocos, y que es esta misma concentración la que hace que no sean ni eficientes ni estables.

2.- Hay tres factores importantes a ser tenidos muy en cuenta:

          a).- Quien expresa en forma más meridiana el primer factor es  David Schweickart[26]. Centra su análisis principalmente en EE.UU. Muestra dos cosas.  En un gráfico clarificador hace ver, en primer lugar, cómo, a partir de 1945, habiendo seguido la productividad una línea constante ascendente, los salarios de los trabajadores y trabajadoras que impulsaban ese crecimiento, sin embargo, han experimentado un estancamiento a partir de 1975 (otros situarán, sobre todo, el mismo a partir de 1989, con la caída del socialismo real).Esta muerte de lo que Schweickart denomina el “contrato socialdemócrata”, que conlleva mayor concentración de la riqueza por un lado y mayor desigualdad por otro, pareciera tener que producir a lo largo de las últimas décadas, inevitablemente, una crisis permanente de sobreproducción – un exceso creciente de bienes para un decreciente poder adquisitivo -. ¿Por qué esto no ha sido así? Y aquí viene lo segundo que pone en evidencia Schweicart. Entra en juego el capitalismo neoliberal financiero: “la clase capitalista, en vez de aumentar los salarios de los trabajadores para que estos dispusieran de dinero para comprar los bienes que ellos [mismos] producían, les estaba prestando el dinero”, dinero prestado para todo. Incluso, en vez de pagar los impuestos para sostener el gasto público, lo que los ricos han hecho es prestar a los Gobiernos con intereses. Un negocio redondo. Con la particularidad de que, como ha ocurrido en España, la banca ha prestado en exceso y con frecuencia sin garantías en relación a lo que ingresaba como depósitos.

          b).- Ya acabamos de ver de qué modo entra en juego y afianza su predominio el capital financiero. Este es el segundo factor a tener en cuenta. El citado predomino se agudiza con la necesidad de innovación tecnológica constante, exigida por la productividad en función de la competitividad. Pero dicha innovación requiere inversión y, para ello, una rápida y creciente acumulación de capital. Y es por esta vía como la misma economía productiva se echa en brazos de la especulativa afianzando el dominio de ésta y encontrando en ella el modo más rápido de hacer dinero.

          c).- Pero una situación de acumulación apabullante de unos pocos y de paulatino y progresivo empeoramiento de las condiciones de vida del resto (así se mantenga todavía, aunque en declive, una amplia franja-colchón intermedia[27]) necesita, para poder mantenerse, un estrechamiento y aun una pérdida de contenidos de la democracia más allá de los discursos ideológicos formales. También Schweickart subraya este punto: “Siempre se argumentará que una mayor democratización no sería viable y que, de ponerse en práctica, las consecuencias serían funestas”. El hecho objetivo es que, ya desde 1971 – tiempo de crisis, no lo olvidemos -, el Neoconservadurismo y la Trilateral emitieron un informe[28]. En el mismo se veía la causa de la crisis no en la economía sino en la política, más concretamente en la democracia de participación ampliada. Esta “no posibilita el normal funcionamiento del sistema”, se decía (léase: libertad omnímoda de mercado, injusta y desigual distribución de las rentas, desigualdad creciente, prevalencia de lo privado sobre lo público, etc. En síntesis, y con otras palabras, que las democracias participativas impiden que el conservadurismo liberal haga de su capa un sayo). Por eso la medicina que el Informe propone es la de democracias “restringidas” o más restrictivas, concentradas en cuanto al poder y autoritarias en cuanto a su ejercicio. Es lo que hemos venido teniendo y que ha conducido a la desafección actual respecto a la política.

3º.- Se perfilan ya, así, las líneas maestras de un modelo alternativo

          Deberá afrontar varias cuestiones básicas: la cuestión de la democracia y de una democracia ampliada; la cuestión de una mayor aproximación a la justicia y la igualdad; y la del dominio de los mercados financieros. Existen además, obviamente, otros puntos a tener en cuenta (como el mercado de bienes y servicios, la iniciativa emprendedora privada, la configuración de una banca pública de inversiones, ecología…). Por tanto:

               –     Democracia participativa , extendida también al terreno de la economía.

–         Más equidad y racionalidad en la distribución y redistribución de rentas, bienes y servicios.

–         Exclusión de la existencia de mercados financieros privados y de la especulación financiera.

–         Tres pivotes básicos: /mercado de bienes y servicios

/democratización del lugar de trabajo

/control social de la inversión

–         Estamos ante el modelo denominado como “Democracia económica” o

“socialismo de (con) mercado” o “socialismo de los ciudadanos”, porque su apoyatura fundamental está más puesta en estos que en el Estado[29].

III

EXISTEN ALTERNATIVAS

          Por imperfectas y germinales que las mismas sean, hay alternativas. Creo que pasó definitivamente el tiempo de pretender soñar o aspirar a “la” alternativa. Ni siquiera el socialismo real fue en su momento unívoco ni uniforme. Para bien y para mal, por más integración y homogeneidad que se alcance, las sociedades son y seguirán siendo muy plurales. Pero creo que hay salidas a la situación presente, que hay posibilidades de un futuro mejor y distinto, y que, como dejó plasmado ya en el 2003 en una de sus obras el malogrado catedrático de Economía de la Ramón Llull, Luis de Sebastián, hay “Razones para la esperanza”[30]. Y añadía atinadamente como subtítulo: “en un futuro imperfecto”. Porque – esto es importante -, aunque a golpes, parece vamos aprendiendo que no hay ni puede haber realización humana perfecta. Todo es por tanto tanteo y aproximación. Presentaré cuatro pistas.

1ª.- Reformas posibles

          Se trata de reformas parciales, pero que contribuyen a hacer que la sociedad sea un poco más humana, justa, equitativa y democrática. Se ha dicho que, si la crisis es del sistema, las soluciones deben situarse fuera del mismo. Es cierto, pero hay reformas que abren camino a un  futuro distinto.

1.- Reformas desde el pensamiento académico:

          Contamos, entre otras, con las propuestas de dos autores conocidos: Juan Torres y Vicens Navarro.

          a).- Juan Torres: Al menos dos de sus obras están dedicadas directamente al tema. Una, más de fundamentación y de fondo (“Contra la crisis, otra economía y otro modo de vivir”[31]) y otra, de la que es coautor (“Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”[32]). De entre sus múltiples propuestas voy a rescatar aquí sólo dos:

               * Para limitar o frenar el régimen de plena libertad de movimientos del capital financiero que, como hemos visto, arruina economías de países enteros, establecer un sistema que eleve significativamente el índice de las reservas bancarias y eliminar su privilegio monopolístico de recibir directamente préstamos dinerarios del BCE. Con ello se lograría al menos:

                    – limitar en gran medida la actividad especulativa;

– que sigan consiguiendo tan ingentes beneficios improductivos;

– poner coto al engorde de la deuda;

– debilitar a un poder financiero que chantajea al Estado.

*Auditar la deuda española de un modo independiente y veraz, controlado por la ciudadanía. Por una exigencia elemental de justicia, ya que se pretende cargar los costes de la deuda sobre los hombros del pueblo. Como consecuencia de dicha auditoría:

–         -Ver qué parte de esa deuda es ilegítima o insostenible y ejercer, de manera ordenada, el derecho a no pagarla;

–         – Reestructuración del resto de la deuda (como parte de un plan más amplio de reestructuración del sistema financiero europeo).

          b).- Vicens Navarro: Aborda también directamente el punto de las alternativas, entre otros lugares, en “La crisis financiera, económica y social y soluciones alternativas”[33]. Viendo, por ejemplo, la gran relación que existe entre la gran concentración de las rentas y

                          – la disminución de las rentas disponibles para el resto;

– el mayor endeudamiento del mismo;

– el consiguiente crecimiento del sector financiero;

                          – el subsiguiente incremento del endeudamiento privado (financiero especialmente);

                          – y el crecimiento del déficit y de la deuda pública (facilitado por la disminución de los impuestos),

               V. Navarro propone recuperar la vía del crecimiento económico mediante:

– Eliminación de la actividad especulativa de los bancos;

– Una reforma fiscal profunda;

– Una banca pública para disponibilidad del crédito;

                         – Fuerte incremento del gasto público, con mejora y creación de empleo en los servicios públicos y de protección social, y estímulo a su creación en otras áreas;

                         – Crecimiento de los salarios.

2.- Reformas desde la movilización social en la calle (15-M)[34]:

Las dividiré en tres áreas: política, economía y directas contra la corrupción.

  • En el ámbito político:

–         Ley electoral más proporcional.

–         Listas abiertas ( que, de una lista, se pueda votar a quien se desee).

–         Elecciones primarias para los/las candidatos.                                                                                                   Posible revocación del mandato.

–         Facilitar las iniciativas legislativas populares.

–         Promoción de referendos vinculantes.

–         Participación en las políticas públicas y que ella sea un apartado en la memoria final de las mismas.

–         Que los Consejos (del mayor, de la mujer, de la juventud, etc.) tengan fuerza deliberativa.

–         Ley de transparencia, que obligue a las administraciones a facilitar la información que tengan.

  • En el ámbito económico:

–         Presupuestos participativos.

–         Que las empresas con beneficios y con EREs paguen el paro a los despedidos sin dinero público.

–         Que la devolución del piso cancele la hipoteca y la deuda.

–         Un registro de mínimos que posibilite seguir el hilo del dinero derivado hacia paraísos fiscales.

–         La Tasa Tobin.

–         Gravar más a las rentas más ricas.

–         Gravar los dividendos.

–         Recuperar los impuestos al patrimonio y sucesiones.

  • Medidas anticorrupción:

–         Hacer públicas las cuentas de la corona.

–         Acceso a las cuentas de los Partidos.

–         Publicación del patrimonio completo de todos los cargos electos.

–         Exigencia a los parlamentarios de dedicación completa y exclusiva.

–         Contra los privilegios: (vg.: en las pensiones de los diputados, con derecho a pensión máxima con sólo 8 años cotizados).

–         Criterios claros para el uso de coches oficiales.

–         Eliminar la prescripción en los delitos por corrupción.

–         Que cualquier regalo no declarado superior a 50 euros sea tenido por cohecho. (La clave para que un regalo no declarado sea considerado cohecho no reside en su valor, sino en que se dé en razón del cargo o a cambio de algo).

3.- Propuestas alternativas desde el asociacionismo organizado y Movimientos Sociales:

          Dichos Movimientos han surgido y están en relación con, prácticamente, casi todos los ámbitos de la vida humana y social. Y todos ellos tienen y plantean en sus idearios correspondientes propuestas alternativas. Es un hecho objetivo. Y no es momento ni hay oportunidad de pormenorizarlas. Pero tenemos experiencia de cómo desde el sindicalismo, el feminismo, el ecologismo, lo vecinal, el comercio, el consumo, el mundo de los mayores, la cooperación, el altermundismo, etcétera, surgen iniciativas y propuestas de gran interés[35].

          Desde una entre mil de estas asociaciones sociales, Toni Comín[36] se plantea expresamente la cuestión de las alternativas poniendo un fuerte acento en la democracia: una democratización por arriba (las grandes instituciones que gobiernan el mundo) y una democratización por abajo (de la sociedad civil y de la vida cotidiana), con amplia participación , sobre la base material de una ‘renta básica de ciudadanía’ garantizada y predomino de una democracia económica (fiscalidad exigente, banca pública, control democrático de las inversiones y democracia en la toma de decisiones importantes. Y entre ambas democratizaciones (por arriba y por abajo), federaciones regionales democratizadas (tipo UE.), en las que los estados-nación puedan integrarse en comunidades políticas más amplias en forma más equitativa y manteniendo una interdependencia democrática.

 

2º.- Realidades alternativas ya existentes y operativas

          Es sumamente esperanzador y positivo que contemos ya con realizaciones alternativas: eficientes en el logro de sus objetivos, rentables en términos empresariales y estables en su permanencia. Es cierto que, en el cuadro global, representan cuantitativamente una pequeña isla. Pero su significación cualitativa es trascendental. Lo alternativo funciona y lo hace a pesar de las dificultades que el presente le plantea.

          Es verdad que, comparativamente, operan todavía a nivel ‘micro’ y local. Pero algunas de estas realidades van alcanzando ya una proyección más amplia e internacional.

          Nos referimos a realidades nuevas, presentes también entre nosotros, como empresas de economía social (cooperativas) y de economía social solidaria, que actúan en diversos ámbitos de la economía (agroalimentario, servicios, reciclaje, etc.) y con otros modos de gestión y prioridades empresariales; iniciativas en el ámbito del comercio (comercio justo; del productor al consumidor; trueque, intercambio de servicios, etc.); la Banca Etica y la banca de tiempo para intercambio de prestaciones; iniciativas más individuales o de barrios y poblaciones en materia de decrecimiento, de residuos, de consumo de energía…[37].

3º.- Una propuesta de programa de transición

          Recojo muy sucintamente, a modo de exponente de las inquietudes y búsquedas al respecto, la propuesta de “Programa Transicional” del profesor de la Universidad de York Alex Callinicos[38]. Me limitaré a los aspectos que contempla:

–         Cancelación inmediata de la deuda del Tercer Mundo.

–         Introducción de la Tasa Tobin sobre las transacciones financieras internacionales.

–         Restablecimiento de los controles de capital.

–         Introducción de la renta básica universal.

–         Reducción de la semana laboral (con el consiguiente efecto de reparto del trabajo).

–         Defensa de los servicios públicos y renacionalización de las industrias privatizadas.

–         Sistema tributario progresivo para financiar los servicios públicos y redistribuir los ingresos y la riqueza.

–         Abolición de los controles de la inmigración y extensión de los derechos de ciudadanía.

–         Un programa para prevenir la catástrofe ambiental.

–         Disolución del complejo industrial-militar.

–         Defensa de las libertades civiles.

4º.- El modelo de Democracia Económica

          Propuesto hace ya algunos años por Schweickart, el modelo adquiere notoriedad de nuevo entre nosotros con motivo de la esperada y reciente aparición de un trabajo colectivo sobre el mismo – riguroso, crítico y pormenorizadamente analítico – , coordinado por los profesores Antoni Comín Oliveres y Luca Gervasoni Vila[39]. Resumiré, sirviéndome del propio Comín, los principales hitos de la reflexión contenida en el libro[40].

1.- Se apela a las mejores teorías actuales de la justicia para ver:

               a).- Por qué y en qué sentido las desigualdades inherentes al capitalismo son injustas, tanto en lo que atañe al acceso a los medios de producción, como a la distribución salarial. Además las empresas capitalistas son espacios de dominación que carecen de legitimidad democrática..

               b).- Si el capitalismo social del Estado del bienestar aprueba o suspende la asignatura de la justicia. La mejora, pero ni cumple ni podrá cumplir con sus exigencias.

               c).-  Si parece a priori que el ‘socialismo de mercado’ o ‘democracia económica’ satisfaría de manera más cabal los postulados de justicia.

          2.- Se hace a partir de ahí un salto a la realidad, utilizando el modelo, primero, como radar y, luego, como horizonte ideal:

               a).- El modelo, como radar, sirve para detectar realidades ya en funcionamiento, afines a esta propuesta y que pueden ser consideradas como embriones de la misma (cooperativas, banca ética, consumo responsable…).

               b).- El modelo , como horizonte ideal, en contraste con el sistema actual, analiza su potencial de alternativa, hasta qué punto las realidades analizadas están a mitad de camino, son ya de algún modo post-capitalistas.

          3.- Trata de integrar las realidades analizadas en una misma red coherente y unificada, lo que se conoce como ‘mercado social’. Para ello, utilizando como instrumento el “balance social”, que comporta determinados principios e indicadores, se analiza la adecuación a los mismos de empresas, inversiones y productos que consumimos.

          4.- Aborda la estrategia de consolidación y crecimiento de este mercado social. Y se pregunta: por el modo de coexistencia, en una misma economía de mercado, del mercado capitalista y del mercado social, y por el modo de impulsar políticas públicas de promoción de este último.

          5.- Se reconoce que la Democracia Económica puede ser una pieza clave y nuclear, pero que no deja de ser una más de un mosaico más amplio. Por eso se la enmarca en un abanico más extenso de propuestas, fácilmente identificables en el ancho caudal altermundista.

          6.- Lo que se postula es un ‘socialismo de los ciudadanos’, creado y construído desde la sociedad civil.

TRES ANOTACIONES FINALES A MODO DE EPILOGO

 

     1ª.- Concentración y control de los medios de comunicación y difusión

          El control de lo ideológico es uno de los principales instrumentos de los que se sirve el neoliberalismo para extender su dominación. Lo hace a través de la concentración y el control de los medios de difusión de masas. Ahí, entre las ideas-tópicas que transmite, está la de que no hay alternativas. Espero que lo que aquí se dice sirva al menos para convencer en alguna medida de lo contrario. Más aún, creo que es justamente en el ámbito transformador donde hoy aflora el pensamiento económico-social-político más creativo.

2ª.- Despunta con claridad meridiana la necesidad de la política

          La desafección hacia la política es, precisamente, otro de los instrumentos de que se sirve el neoliberalismo. Pero hoy es más necesaria que nunca. No habrá alternativa real sin voluntad política de implicarse en ella y jugarse por ella. Además, no se olvide lo siguiente:  ya desde los primeros años setenta el neoliberalismo arremetió contra la política, más concretamente contra las democracias participativas, para ir asentando su hegemonía hasta llegar al actual predominio de la economía ultraliberal sobre la política. Sólo volviendo a la política y retomando su primacía, podremos dar la puntilla al neoliberalismo.

3ª.- Hemos, también, de cambiar “de” vida para cambiar “la” vida

          La consigna es de Saramago. Y aunque dicha en otro contexto y para otro asunto (paz y reconciliación), tiene plena vigencia en la cuestión que nos ocupa. Es la vieja relación entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el cambio de estructuras y el de las personas. No se trata de priorizar ninguno de los polos, sino de reconocer su intrínseca y dialógica – más que dialéctica – unidad.

          

Pamplona, 30 de Septiembre de 2012

                                                                                  Guillermo Múgica


[1] Vg. Jean Ziegler, profesor emérito de la Universidad de Ginebra, Vicepresidente del consejo consultivo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y, durante ocho años, Relator especial de la misma para el Derecho a la Alimentación. Su último libro, en E. Península, lleva por título: “Destrucción masiva. Geopolítica del hambre”.

[2] Profesor, economista jefe del Banco Mundial hasta el 2000 y Nóbel de Economía en 2001. Cfr. Entrevista en el Nº 1.877 de El País Semanal.

[3] El Confidencial, 23 de Mayo del 2012.

[4] Cfr., por ejemplo, Eric Toussaint, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, en “La religión de mercado”.  Es autor de “Banco del Sur y Nueva Crisis Internacional”, Viejo Topo, 2008. Cfr. También José Mª Mardones, “Religión y mercado en el contexto de transformación de la religión”; Héctor Rodríguez Fariña, “La religión del mercado”. (Estos trabajos son localizables en Internet).

[5] En “Indecentes. Crónica de un atraco perfecto” (Espasa), el conocido periodista y experto en temas económicos Ernesto Ekaizer se refiere, en la contraportada de su libro, a ”Una crisis en la que aquellos que han sembrado las condiciones para el estallido de la misma (banqueros, políticos, empresarios, especuladores bancos centrales) son los que actualmente, en una espectacular jugarreta del destino, dictan la hoja de ruta para salir de ella, una hoja en la que “no hay alternativa” si no es pasar factura a los de siempre. Una estafa sobre la estafa. La estafa de la salida de la crisis sobre la estafa de la crisis misma”.

[7] Así lo tipifica Joaquín Estefanía (economista y periodista. Fue jefe de la sección de economía de “Cuadernos para el Diálogo” y redactor jefe del diario económico “Cinco días”), en el País, 29/o4/12.

[8] En Navarra, por ejemplo, hemos sobrepasado ya el tope impuesto para todo el año.

[9] Entrevista en El País Semanal, Nº 1977, pg. 28. y ve las razones de que eso sea así en la secuencia de más paro, empobrecimiento y desigualdad, menos gasto, debilidad económica.

[10] En el suplemento de El Páis “Negocios”. Artículo “Deuda, depresión, DeMarco” (5/o8/12).

[11] En artículo ya citado de este economista y periodista.

[12] Es ilustrativo y desalentador al respecto el “VII Informe del Observatorio de la Realidad Social” elaborado y publicado en Septiembre de 2012 por el Equipo de Estudios de Cáritas Española. Su título: “De la Coyuntura a la Estructura. Los efectos permanentes de la crisis”. Subraya como la pobreza se ha hecho más extensa, más intensa y más crónica; y cómo las prestaciones sociales por parte del Estado, además de disminuir y estrecharse, adolecen de lo que denomina “Las tres rémoras”: endurecimiento de los requisitos, retraso en la tramitación y reducción presupuestaria.

[13] Por eso, una personalidad como Ziegler, que en muchos aspectos ve esta crisis como producto de una serie de prácticas “delictivas”, llega a afirmar abiertamente y sin tapujos que “Los dirigentes españoles deben[…] negarse a pagar la deuda, cuya amortización ya es altísima, porque es odiosa e ilegítima. Esto es, se ha creado, en gran parte, por la delincuencia financiera y la corrupción política, sin materializarse en inversiones reales”. (Tomado de Iván Gil el “El Confidencial”, 23/05/12, ya citado). No olvidemos que la deuda pública española representa el 80% del PIB (en tanto la media de los países de la UE es superior, el 83%), en tanto la deuda privada triplica sobradamente a la pública y se sitúa en más de 3 billones de euros.

[14] El constitucionalista Javier Pérez Royo llegó a hablar en artículo de prensa de “Estado de excepción parlamentario” (El País, 7/07/12) y de “Proceso de descomposición” del parlamentarismo democrático (El País, 21/07/12).

[15] En entrevista ya citada.

[16] Ver su obra, cuyo significativo título es ya todo un manifiesto, “¡Acabad ya con esta crisis!”, en Crítica (Barcelona)

[17] En “¡Sí que hay dinero!”. Ver en http://www.vnavarro.org/?p=7559

[19] Cfr. Edmundo Fayanás Escuer, “Alemania, un problema para Europa (I)”, en Diario de Noticias (17/07/12).

[20] Sobre estas tres respuestas que acabamos de mencionar ver la entrevista a Stiglitz de Juan Fernández, en elperiodico.com, ya citada. Cfr. También, en El Ciervo, (http://www.elciervo.es), “Responsabilidad alemana”, de Toni Comín.

[21] Cfr. Joseph Stiglitz, “El último respiro del euro”, El País (6/07/12).

[22] Cfr. el manifiesto conjunto o declaración de Meter Bofinger, Jürgen Habermas y Julian Nida-Rümelin, “Por un cambio de rumbo en la política europea”, El País, (12/08/12).

[23] Alcanzado cierto nivel de bienestar general y común, el crecimiento en la disposición de bienes materiales no genera necesariamente más felicidad. Cfr. Julio García Camarero, “El ecrecimiento Feliz y el Desarrollo Humano”, Catarata.

[24] Esta distinción es de David Schweickart, profesor de Filosofía en la Loyola University de Chicago.

[25] Ver http://www.vnavarro.org/?p=7553. El artículo está publicado en la revista digital “Sistema” (20/07/2012)..

[26] “Crisis económica y ecológica: causas, causas profundas, soluciones”, en PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, Nº 118 (2012), pp. 31-44.

[27] Es lo que, para Navarra, se desprende todavía del Primer Informe sobre desigualdad, pobreza y exclusión social en Navarra, presentado bajo el título “El Impacto de la Crisis 2007-2011” (CIPARAIIS).

En su presentación, el profesor e investigador de la UPNA Miguel Laparra destacaba precisamente este aspecto que mencionamos como una de las características de la situación en Navarra.

[28] Se llamó “Informe sobre la Democracia”. Su autor fue un conocido conservador neoliberal, Samuel Huntington.

[29]  David Schweickart tiene publicados: “Democracia económica: ¿un socialismo que realmente funciona?”, “Más allá del capitalismo” y otros escritos. Su intento es ir de la ciudadanía política a la ciudadanía económica.

[30] Icaria editorial/Interpón Oxfam, Barcelona.

[31] Editorial HOAC.

[32] Con prólogo de Noam Chomsky, en ‘sequitur’.

[33] Se trata de una amplia reflexión elaborada desde el Observatorio Social de España, http://www.vnavarro.org

[34] Las recojo de mi propia ponencia del año pasado en la Escuelas Sociales. Allí se daban las referencias.

[35] Quien desee tener un panorama amplio y detallado de por dónde van las alternativas de gran parte de esos movimientos, puede encontrarlo en Rafael Díaz-Salazar (ed.), en  “Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre”, Icaria editorial, Barcelona.

[36] Cfr. su “Democratizar la economía para globalizar la democracia” en “Aldea Global, Justicia Parcial”, Varios, Cristianisme i Justicia, pgs. 177-199.

[37] Desde REAS (Navarra) y la revista digital PAPELES (FUHEM-Ecosocial) uno puede asomarse a estos mundos.

[38] En “Un manifiesto anticapitalista”, Crítica, Barcelona.

[39] “Democracia Económica. Hacia una alternativa al capitalismo”, Varios, Icaria-Antrazyt, Barcelona.

[40]  Cfr. “Decálogo del libro ‘Democracia Económica: Hacia una alternativa al capitalismo’ ”.

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