Europa Elecciones. Votar ¿para qué?

índiceElecciones europeas 2014 ¿Por qué esta vez es diferente?
Encarna Hernández
https://encarnahernandez.wordpress.com

La pasada semana, el Parlamento Europeo dio el pistoletazo de salida a la campaña de información y concienciación de cara a las próximas elecciones europeas, que se desarrollarán en los 28 Estados de la UE entre el 22 y el 25 de mayo de 2014. Es esa ocasión, el lema elegido para el lanzamiento de la campaña ha sido el de “Acción. Reacción. Decisión”, conceptos que intentan enfocar ideas como lo “decisivo” de estas elecciones, marcadas por el contexto de la crisis económica y con el futuro del Euro, de Europa, como telón de fondo. Llaman la atención frases como “esta vez es diferente” o “el poder para decidir el futuro de Europa”, que acompañan al citado lema central de la campaña. ¿Acaso serán tan decisivas estas elecciones para cambiar Europa? Ésta es la pregunta que nos hacemos y que intentaremos responder en las siguientes líneas…

Las primeras elecciones tras el Tratado de Lisboa: más poder para el Parlamento Europeo
No cabe duda que uno de los principales argumentos para despertar el interés de la ciudadanía europea por estos comicios será el incremento de poderes del Parlamento Europeo, única cámara, recordemos, elegida de forma directa y mediante sufragio universal por los ciudadanos de los Estados miembros, y pilar democrático de una UE cuyo principal talón de Aquiles puede que sea precisamente la legitimidad democrática de las decisiones que emanan de instituciones comunes no elegidas directamente, como la Comisión Europea y el Consejo. En este sentido, la “codecisión”, procedimiento legislativo a doble vuelta entre el PE y el Consejo, ha pasado a ser la forma ordinaria de legislar. Además, Lisboa otorgó igualmente poder de decisión a la Eurocámara sobre la totalidad del presupuesto comunitario (anteriormente restringida a los minúsculos gastos no obligatorios).

El aumento de poderes del PE es una pieza importante para hacer ver a los ciudadanos lo decisivo de su voto, dada la influencia de lo que allí se decide para la vida diaria de 500 millones de personas en todo el Continente. Pero no es suficiente. De hecho, el incremento de poderes del PE es una constante desde el Acta Única Europea, pero ello no ha servido sino para que la abstención alcance límites verdaderamente preocupantes en sucesivas citas electorales. Lo cierto es que, aquí, tradicionalmente han entrado en juego otros factores, tales como la percepción por parte de muchos ciudadanos europeos de que los temas que más les preocupan no son competencia de la política que se hace en Bruselas. Es evidente que la crisis económica ha hecho saltar por los aires estas percepciones. Lo decían así de claro recientemente en un artículo publicado en España por El País Daniel Cohn-Bendit y Felix Marquart: “Las soluciones para esos problemas actuales tienen que ser transnacionales, o no serán nunca soluciones reales”.

Un “Gobierno” europeo elegido por los ciudadanos: la elección del presidente de la Comisión
Por mucho que el incremento de poderes del Parlamento Europeo sea una cuestión importante para añadir alicientes al elector europeo, lo cierto es que aún con ello seguimos hablamos de elecciones para determinar la composición política de una cámara transnacional, pero no de elecciones “europeas” propiamente dichas. En este punto, el papel que la Eurocámara va a poder jugar en la elección del presidente la Comisión Europea sí que se presenta como una innovación para estos comicios de 2014, digna de representar un verdadero giro democrático en la legitimidad de nuestras instituciones comunes.

El Tratado de Lisboa ya incorporó una interesante aportación en este sentido, al modificar el art. 17.7 del Tratado de la Unión Europea, estableciendo que el presidente de la Comisión debía recibir el visto bueno de la mayoría reelegida de la Eurocámara. De este modo, se articulaba una relación directa entre el resultado de las elecciones al PE y la elección del candidato a presidente de la Comisión. Pero hay que matizar que el PE, aún con este artículo, no elegía en sentido estricto al presidente de la Comisión, que continúa siendo propuesto por el Consejo, por más que sí se refuerza la participación de la Eurocámara en su nombramiento.

El giro democrático del que hablábamos se ha producido más recientemente, con una auténtica innovación: el hecho de que los partidos políticos que concurren a las elecciones deban nombrar al candidato que apoyan para presidir la Comisión. El objetivo es que los candidatos a presidente de la Comisión tengan un papel más destacado en la campaña, debiendo presentar su programa y participar en debates públicos en todos los Estados miembros. Esta campaña, con candidatos visibles a presidir el ejecutivo de la Unión, que deban explicar su programa político, sí que puede generar un debate europeo en toda regla (superando las clásicas campañas centradas en temas domésticos o como examen a medio plazo para los partidos que gobiernan en cada Estado miembro) y despertar la atención de los ciudadanos en clave común sobre los temas que nos preocupan como europeos (el empleo, la economía, las políticas sociales…).

Esta propuesta, lanzada por la Comisión hace unos meses, bien recibida por los partidos políticos europeos, y avalada por el Parlamento Europeo en una Resolución aprobada el pasado mes de julio (ver el texto completo) pasa por alcanzar un acuerdo común entre el Consejo y el PE. El objetivo de la Eurocámara, como no puede ser de otra forma (si no, no se entenderían las motivaciones de esta propuesta) es que el candidato a presidente de la Comisión presentado por el partido que obtenga más votos en las elecciones sea el primero que se tenga en cuenta para ocupar el cargo.

Más protagonismo para los partidos políticos paneuropeos: otra asignatura pendiente
Hemos comentado en artículos anteriores que el desarrollo de partidos políticos verdaderamente transnacionales ha sido difícil dadas las circunstancias en las que se ha movido el proceso de integración y de toma de decisiones en la UE, donde ha primado el modelo intergubernamental, ya sea a través de las CIG o dentro del Consejo de Ministros. Ello ha tenido como resultado el refuerzo del papel de los Ejecutivos nacionales a costa del poder de influencia y de control de los parlamentos y de los partidos políticos. Ha faltado en este punto que los partidos ejerzan como vehículo para impulsar una genuina elección “europea”. Puede que esto empiece a cambiar con la campaña de las elecciones de 2014, en la que los partidos políticos pueden jugar un papel más destacado, no solo por el hecho de tener que dar su apoyo a un candidato a la presidencia de la Comisión, sino por otra innovación importante: que incluyan en las papeletas electorales el partido político europeo al que están adscritos, así como el logotipo cuando proceda. Una campaña así, con estas reglas de juego, sí que empieza a cobrar dimensión europea.

Primarias y listas paritarias
Además de esta recomendación (algo que no se ha hecho hasta ahora en ningún Estado miembro), el PE también solicita a los partidos que apliquen procesos transparentes y democráticos en la elección de los integrantes de sus listas (procesos de primarias). De igual forma, apuesta por mayor presencia de mujeres en las listas electorales, para que se garantice una representación paritaria. Actualmente, el número de mujeres que componen la Eurocámara es del 35 %.

Un rumbo político para la UE
Aún con todas estas cuestiones que se han puesto sobre la mesa, sin duda importantes para mejorar la legitimidad democrática de la UE, reactivar la participación y el interés de la ciudadanía por los comicios europeos, y lograr impulsar un debate de calado sobre temas comunes, será difícil que estas elecciones, aunque más “europeas”, sean decisivas de algún modo para fijar el futuro de la Unión Europea. Para ello será necesario algo más que unas elecciones para decidir la composición política de una cámara o el presidente de una institución común como la Comisión. La respuesta europea ante los retos que se presentan ante ella no será posible mientras no fije su rumbo político, arrinconado desde hace mucho tiempo ante una integración económica también, como se ha demostrado, incompleta. Es posible, y deseable, profundizar en la integración, pero mediante la apertura de un proceso constituyente altamente participativo, amplio y profundo del que surja una Constitución europea que otorgue la legitimidad suficiente a las instituciones comunes y en el que, en definitiva, Europa (sus ciudadanos, su sociedad civil, sus partidos políticos…) en un ejercicio de democracia deliberativa decida en qué se va a convertir.
Artículos relacionados en este mismo blog: 2014 ¿Las primeras elecciones europeas?

¿Qué está en juego en estas elecciones europeas?
12 de marzo de 2014. Es Global. Manuel Ruiz Rico

Los comicios de finales de mayo se celebrar en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desapego respecto al proyecto europeo.

Entre el 22 y el 25 de mayo de este año se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. A renglón seguido, y por primera vez en la historia de la Unión Europea, los europarlamentarios elegidos decidirán con sus votos quién será el presidente de la Comisión. Una de las nuevas competencias que tendrá a partir de ahora el Parlamento, mediante las que tratará de convertirse de verdad en la Cámara que represente la voluntad de los ciudadanos europeos, más que la de los propios partidos o de los Estados.

Los anteriores comicios, en 2009, se celebraron en los primeros escalones de una crisis económica que aún no había comenzado su andadura por las tinieblas, iniciada con el rescate a Grecia en abril de 2010. Cinco años más tarde, llegan estas nuevas elecciones en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desconfianza ante el proyecto europeo. A día de hoy, la principal fuerza en el Parlamento es el Partido Popular Europeo, con 274 escaños de un total de 766.

Quiénes votan, qué se vota
Están llamados a votar 413 millones de europeos en los 28 países que conforman la Unión, tras la incorporación de Croacia el pasado 1 de julio. Se trata, por lo tanto, de uno de los eventos democráticos de mayor envergadura en el mundo, sino el mayor. Los votantes decidirán quiénes ocuparán los 751 asientos que conformarán la nueva Eurocámara. España mantiene en estos comicios los 54 diputados reconocidos en el Tratado de Lisboa de 2007. Nos encontramos ante los primeros comicios desde que el 1 de diciembre de 2009 entrara en vigor dicho Tratado, que concede al Parlamento muchas más competencias de las que tenía con anterioridad. Esta institución, ahora presidida por el socialista alemán Martin Schulz, ya ha hecho uso de estas nuevas competencias. Por ilustrar con un ejemplo, el año pasado vetó un plan urdido por la Comisión de apoyo a ciertos cultivos transgénicos. Tras las elecciones europeas, el presidente de la Comisión deberá ser elegido por el Parlamento.

Sostenibilidad futura de Europa y retos globales
Dos crisis atraviesan la UE, entrelazadas entre sí: la económica y la de legitimidad ante el ciudadano y, por lo tanto, como ente representativo de los europeos. Esto hace que la supervivencia y vigencia del proyecto europeo no sea sólo una cuestión económica sino, sobre todo, política e ideológica. Por lo tanto, también tendrá que ver, y mucho, con cómo afronte la UE decisivos problemas futuros: la lucha contra los paraísos fiscales y el fraude fiscal, el cambio climático, la sostenibilidad energética, la reforma laboral, el enfoque de las políticas sociales, las políticas europeas de protección social, sanitarias y científicas o la incorporación de nuevos países como Turquía, Albania o Serbia. En la medida en que fracase con estos asuntos, el desapego será mayor; en tanto que tenga éxito, el proyecto europeo volverá a ganar adeptos a la causa. De momento, la Unión Europea quiere hacer que quiere poner toda la carne en el asador y no se está andando con medias tintas. Por ello, entre otras cosas, el pasado enero la Comisión lanzó el proyecto científico más ambicioso de la historia de la Unión: Horizonte2020, además del plan europeo contra el cambio climático y por las energías impias. ¿Mero papel con buenas intenciones o habrá hechos concretos? La próxima legislatura será la encargada de ofrecer las respuestas.

Los candidatos de los principales partidos
El plazo para que los partidos europeos determinen su candidato es de seis semanas antes de las elecciones. Sin embargo, de los principales partidos en liza, todos, salvo el Partido Popular Europeo (PPE), han elegido ya candidato. El PPE lo hará en su congreso del 7 y 8 de marzo en Dublín. Suenan con fuerza el ex presidente del Eurogrupo, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, el primer ministro irlandés Enda Kenny y el jefe del Ejecutivo finlandés, Jyrki Katainen. En cuanto al Partido Socialista Europeo (PSE), su candidato será Martin Schulz, desde 2004 presidente del Grupo Socialista Europeo y desde enero de 2012 presidente del Parlamento Europeo. Por parte de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), el candidato será el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt. El Partido Verde Europeo eligió en enero mediante las primeras primarias abiertas paneuropeas, en las que cualquier ciudadano pudo votar a través de internet, a sus dos candidatos: el activista francés José Bové y la alemana Ska Keller. Actualmente, estos cuatro partidos tienen 612 de los 766 escaños del actual Parlamento Europeo. Con todo, las encuestas indican ahora que el PPE y el PSE perderían escaños en detrimento de otras fuerzas menores, lo que podría dinamitar el bipartidismo que impera en la Cámara europea. Por otro lado, esto mismo podría conllevar el riesgo de una cierta ingobernabilidad, por resultar una Cámara excesivamente poliédrica. Y esto podría ser un obstáculo para el funcionamiento del que será el Parlamento Europeo con más competencias de la historia.

Desafección ciudadana, eurofobia y el temor a la extrema derecha
Estos comicios serán un termómetro para testar el calado de la desafección ciudadana ante el proyecto europeo. A examen también se someterán las dos consecuencias más temidas por los dirigentes de la UE: por un lado el sentimiento de eurofobia y, por otro y relacionado directamente con esto, el posible aumento de los votos a los partidos de extrema derecha. Estos, que han visto en la crisis un territorio más que adecuado para atraer votantes, han hecho ya una causa común: la presidenta del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, y el líder de la extrema derecha holandesa, Geert Wilders, han urdido una alianza con la que buscan lograr los 25 escaños que les permitirían tener un grupo propio en el Parlamento. Han dejado claro que entre sus objetivos será combatir la inmigración y el propio Wilders ha afirmado lindezas como que la UE es un “estado nazi” (sic). En cuanto a los euroescépticos, o directamente antieuropeos, las encuestas prevén un alza en partidos de este tipo no sólo en Reino Unido, un clásico en este apartado, sino especialmente en Irlanda y, sobre todo, en Grecia, debido a las duras medidas de austeridad impuestas por la UE en sus respectivos rescates. Si algo puede hacer ingobernable el proyecto europeo es que se produzca una escalada de estos partidos.

Los jóvenes, la clave del futuro del proyecto europeo
Vivimos una época de enorme agitación en la historia de Europa. Lo dice el propio Parlamento Europeo en su página web dedicada a las próximas elecciones de mayo. Esa “agitación” ha sido sin duda provocada por la crisis económica y las impopulares políticas aplicadas por la UE para tratar de resolverlas. Pero frente a esto, la casualidad ha querido que los comicios se celebren en las semanas previas a la conmemoración del primer centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial. Un acontecimiento ante el que la UE emerge como el proyecto de una Europa unida, plural, de progreso y, sobre todo, en paz.
Entre ambas pulsiones se desarrollarán unas elecciones que, con todo, nunca han sabido atrapar la atención y el interés de una amplia mayoría de la población europea. En especial de los jóvenes que en la actualidad les afecta con dureza la crisis, sobre todo, por el elevado nivel de desempleo: casi el 24% de paro en la zona euro para los menores de 25 años frente al 12% de desempleo del total de la población. Ya en las pasadas elecciones de 2009 sólo votó, en toda Europa, un 43% de los llamados a las urnas y sólo el 29% de los jóvenes de entre 18 a 24 años. ¿No acabarán siendo los jóvenes de hoy los euroescépticos de mañana? Una posible respuesta afirmativa a esta pregunta es lo que quiere evitar la UE. Aunque, según las encuestas, sólo un cambio de rumbo en las políticas europeas (más sociales, más ciudadanas, más participativas) podrían evitarlo.

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