Jóvenes que preparan la primavera de África

Gorra o sombrero de rapero, camisa desabrochada, vocabulario lleno de imágenes y comprometido: podrían confundirse con millones de jóvenes en África francófona. Millones de jóvenes se identifican con ellos, sueñan con sus palabras y sus ritmos. Y, sobre todo, sólo el nombre de sus movimientos (“Y’en a marre”, “le Balai citoyen”, “Filimbi”) produce sudores fríos en las clases políticas y hace temblar a los servicios de seguridad.

Invitados en Bruselas por el Parlamento europeo, confrontando sus experiencias el en recinto de la ULB, cuatro jóvenes africanos, que encarnan este “Frente ciudadano” representativo de la vanguardia de las luchas en África, han hecho, en primer lugar, un balance. Y éste no es pequeño: “en Senegal” – ha explicado el antiguo periodista Aliou Sané – hemos nacido de largas luchas sindicales, de una oposición muy antigua al partido único que había instalado en el poder a Léopold Sedar Senhor y luego a Aliou Diouf. Al final del mandato de este último, nos hartamos de la arrogancia del poder y gritamos “Y’en a marre”. Hartos de esas habitaciones sin electricidad donde nos amontonábamos cuatro para estudiar, hartos de las desigualdades. Dijimos a los jóvenes que antes de hacer la revolución debían inscribirse como electores en las listas y que fueran a votar y que luego vigilaran para que no se robara su voto… Fuimos escuchados: Abdoulaye Wade, que hubiera querido seguir siendo presidente, tuvo que ceder y renunciar a un mandato suplementario. A su sucesor, Macky Sall, le recordamos que nosotros no hicimos un llamamiento para que se le votara, sino para que hubiera alternancia; le recordaremos que deberá presentar su balance…”.

El chadiano Didier Lahaye, cuando se presenta como slammeur, tiene el dulce nombre de Enterrador. Cuando se compromete en la lucha, lo hace bajo la bandera de Iyina, un movimiento juvenil; “en las escuelas, en los mercados, tenemos células, hablamos a los jóvenes. El Presidente Deby es muy poderoso, ha movilizado a su servicio a los mejores intelectuales. Pero, para debatir ha tenido que pasar por nosotros, ya que nosotros representamos a la base…”

El rapero burkinabé Smokey, lo mismo que su colega chadiano, fundador del movimiento “Le balai citoyen” (La escoba ciudadana), estima “que el arte es el vehículo de la transformación social. Nuestros conciertos, a los que ningún joven quisiera faltar, nos mítines disfrazados. La música permite hacer pasar los mensajes”. El NO de Burkina Faso a la reelección de Blaise Compaoré ha sido claro y masivo; Compaoré, uno de los hombres fuertes de África francófona, ha tenido que abandonar el poder. Smokey considera el triunfo modestamente: “Somos los herederos de numerosas luchas, llevadas acabo entre otros por los sindicatos. Hoy estamos en medio de un proceso… El dictador se ha marchado y hemos abortado una tentativa de golpe de Estado; hemos apoyado unas elecciones que han dado la victoria a Roch Kaboré. Cada uno ya sabe que en adelante el poder no es una propiedad que se guarda”.

Estas victorias hacen soñar al congoleño Floribert Anzulumi, exiliado en Bélgica, que representa al movimiento ciudadano Filimbi (silbato, silbido). “Cuando los rebeldes del M23 invadieron Goma, nuestra generación estimó que « ya era demasiado ; demasiada humillación, demasiada mala gestión; estamos hasta el moño. Queremos que en noviembre de 2016 haya elecciones, respetando la Constitución. Sea quien sea el vencedor…Incluso auqneu no sea el mejor de los candidatos ya que, al menos, habremos establecido la alternancia”.

Atípicos, rechazando los intentos de recuperación política o económica (“nos financiamos vendiendo T-shirts”, dice Smokey, mientras los senegaleses organizan “talleres de rap”), estos movimientos ciudadanos no temen la represión. En Congo Kinshasa, militantes de Filimbi han sido detenidos desde hace un año; en Goma, miembros de Lucha (lutte pour le changement=lucha por el cambio) han sido condenados a seis meses de cárcel por haber llamado a la población a la jornada de parálisis.(Ville morte – Journée morte).

En Burundi, 500 jóvenes han sido matados por oponerse al tercer mandato de Pierre Nkurunziza… ¿Pero, es a cañonazos como se paran las oleadas que vienen del fondo de la sociedad? ¿Se matan mosquitos con ametralladoras? Estos jóvenes africanos pertenencen a la generación del internet. Artistas o intelectuales surfean en las redes sociales, se comunican gratuitamente, envían fotos en tiempo real, son actores, comunicadores y movilizadores al mismo tiempo. “Ni el dinero ni las soluciones vendrán del extranjero, dice Aliou Sané. Nos toca a nosotros encontrar soluciones. Hay que dar a los jóvenes el gusto por la democracia”. Smokey concluye: “Thomas Sankara murió en 1987. Somos sus hijos. Por fin, estamos ahí. Ya es hora de preparar el relevo ».

Del carnet de Colette Braeckman, periodista de LE SOIR y de LE MONDE DIPLOMATIQUE, 12.04.2016

Traducción Ramón Arozarena

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