Las migraciones entre el derecho, el egoísmo y las medias verdades

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Eduardo Jimenez Caro

Para saber y comprender las migraciones

En la primera parte de la exposición abordaremos una serie de consideraciones de partida acerca de las migraciones con el fin de saber más y comprender mejor este fenómeno social. Para ello, presentaré un breve recorrido por la historia de las migraciones, haciendo especial hincapié en los desplazamientos y flujos migratorios de hoy en día y en las causas, factores e impactos que los provocan, tanto en los países de origen como en los de destino.
Evidentemente, las migraciones en la sociedad actual son un hecho de gran relevancia a nivel mundial. Se trata de un hecho poblacional de primer orden que ha modificado el mapa social, laboral, económico, educativo, demográfico, etc. de manera sustantiva y es por ello que debemos reflexionar sobre el mismo en profundidad, desde distintos enfoques, aportaciones y experiencias. La movilidad de las personas se ha incrementado considerablemente respondiendo a necesidades de distinta naturaleza. Sin embargo, no es un fenómeno nuevo. El desplazamiento y asentamiento de grupos humanos hacia otras áreas geográficas es una constante histórica, motivada por múltiples causas y con repercusiones e impactos diversos.

Las políticas de extranjería y de integración de inmigrantes, la gestión de los flujos migratorios, las potencialidades, desafíos y retos que presentan, la transformación estructural de las sociedades o la percepción comunitaria del fenómeno son los factores que debemos tener en cuenta a la hora de poder analizar y reflexionar sobre ello.
En la actualidad, la diversidad en cuanto a la tipología y características de los flujos migratorios hace que sea un fenómeno de extrema complejidad en su abordaje y gestión a nivel transnacional, nacional y local.

Los desplazamientos y asentamientos de personas se producen de unas zonas a otras del planeta con una característica común: la mejora en las condiciones de vida.

De Norte a Norte fomentando el desarrollo económico de los países receptores.

Las migraciones de Sur a Sur se producen, sobre todo, en África, Iberoamérica y Asia. Las personas se desplazan a zonas y países limítrofes huyendo de conflictos bélicos, guerras, catástrofes naturales, sequías, hambrunas, crisis en la actividad económica o alta presión demográfica.

La intensidad en las movilizaciones de Norte a Sur es muy leve en este momento y supone un porcentaje reducido respecto al total de los flujos migratorios. Mayoritariamente se producen por el desarrollo de empresas hacia espacios económicos más beneficiosos.

Los flujos migratorios de mayor presión e intensidad son los que se producen de Sur a Norte y responden a profundas desigualdades y desequilibrios, a una distribución de la riqueza netamente polarizada y a una manifestación clara de un mundo cada vez más globalizado. Estas migraciones se producen, sobre todo, en África, Asia e Iberoamérica y se dirigen hacia los países más ricos del planeta en términos económicos, como Estados Unidos o países miembros de la Unión Europea. En su mayor parte, se trata de migraciones ligadas al empleo.

En general, los países emisores de flujos migratorios tienen altas densidades de población activa, crecimientos vegetativos muy elevados y niveles de desarrollo muy bajos. Por el contrario, los países receptores experimentan un notable envejecimiento de sus poblaciones, disminución de la población activa, fuertes procesos de desarrollo económico, necesidad de sostener y ampliar los niveles de productividad y escasez de mano de obra en determinados sectores de ocupación.

Causas de las migraciones

Las causas de las migraciones son diversas e interrelacionadas. Según la teoría de la modernización, los movimientos de migración se producen por factores de atracción que ejercen los países de destino y por factores de expulsión de los países de origen. Otras teorías explicativas de los flujos migratorios ponen el acento en el análisis combinado de las situaciones en origen y destino. Es el caso de la teoría de la dependencia cuya argumentación se centra en cuestiones macroeconómicas o de la teoría de articulación de los años ochenta que se fija en nuevos elementos económicos, políticos y culturales para la caracterización del fenómeno. Esta última integra la perspectiva migratoria individual o “micro” con la estructural o “macro”* .

La globalización de la economía influye de manera decisiva sobre los flujos migratorios y la movilidad de las personas. Esta es una de sus principales consecuencias. En función de los intereses económicos concretos, incide desigualmente en distintas partes del mundo y en distintos sectores de producción. Además, la conexión entre países y pueblos es cada vez mayor debido al importante avance en los sistemas de transporte, a la fluidez en las comunicaciones, etc….

Sin embargo, parece que los desequilibrios entre el Norte y el Sur se incrementan y empeoran la situación en los países más pobres, a la par que se enriquecen los más ricos. Conviene destacar la facilidad para la circulación y la movilidad de capitales a tiempo real y las dificultades para el desplazamiento de personas que proceden de los denominados terceros países.

La elección del destino responde a factores de atracción que ejercen determinados países y zonas del mundo que se encuentran en mejores situaciones. Se trata, fundamentalmente, de países desarrollados con altos niveles de riqueza y prosperidad donde se requiere mano de obra para cubrir determinados puestos de trabajo y sectores de actividad. Los factores de atracción pueden ser económicos, sociopolíticos y afinidades culturales, demográficos, etc….

Impactos en los países de origen y de destino

Las consecuencias e impactos asociados a los flujos migratorios varían según la tipología, la época y los lugares de origen y destino de las migraciones. Afectan no solo a las personas sino también a las comunidades que reciben o aportan población migrante.

Puede tratarse de impactos positivos que suponen beneficios y ventajas para los países y sociedades implicadas en la migración o, por el contrario, tener un carácter negativo que origina situaciones no deseadas y/o no previstas, tanto en países de origen como en países de destino y éstos afectan a todos los órdenes (estructura poblacional, mercado de trabajo, sistemas de protección social, desarrollo del país, servicios públicos, desarrollo económico, convivencia…..

En tal sentido, la inmigración plantea, básicamente, la necesidad de adaptar nuestra sociedad a una nueva realidad poblacional, más numerosa, más diversa y más plural con objeto de dar respuestas adecuadas a las necesidades de la nueva ciudadanía y de la sociedad en su conjunto.

Navarra: Pinceladas de la Inmigración Contemporánea (1998-2015)

En esta parte haré un relato de las migraciones contemporáneas en Navarra. Hoy, el 13,5% de los habitantes de Navarra son personas inmigradas de origen extranjero. Entre 1998 y 2013 la población inmigrada residente se ha incrementado en casi 77.000 personas, superando ligeramente las 86.000, según registra el padrón municipal de habitantes (INE). Hasta el año 2011 la dinámica inmigratoria fue realmente vigorosa, sumando al hecho novedoso de su origen extranjero su fortaleza e intensidad.

Haremos un repaso de los principales indicadores socio-económicos y nos detendremos en un análisis de las condiciones de vida actuales de las poblaciones inmigradas residentes en el contexto de crisis actual.

Reflexiones sobre el fenómeno: el desafío de la integración en una sociedad en crisis en la que el populismo, racismo y la xenofobia ganan espacio

Por último, haremos una reflexión sobre los retos presentes y futuros en lo que podemos denominar el desafío de la integración.

Hace dos décadas iniciamos un vertiginoso cambio en la composición étnica, cultural y religiosa de nuestra sociedad. En este tiempo, ésta ha ganado en color, sabor y matices. Oímos lenguas distintas, e interactuamos con personas de doscientas nacionalidades diferentes que nos aportan su acervo, su idiosincrasia, su forma de ser, de pensar y de sentir. Casi nada…

Hoy las sociedades modernas se caracterizan por ser sociedades “multiculturales” y multiconfesionales. Ese pluralismo cultural/religioso es entendido básicamente por la presencia/coexistencia de personas provenientes de diferentes culturas/religiones en un mismo espacio físico sin conferir con ello una mayor caracterización.

Una definición no excesivamente académica del término cultura y que nos podría servir para contextualizar la cuestión podría ser que ésta es un conjunto de normas, costumbres, formas de vida y pautas de conducta de personas que forman un grupo que conviven en un mismo espacio. Ésta se aprende, transfiere, interpreta la realidad, es compartida de distinta manera o gradientes, tiene su propia simbología, etc….

A unos nos costó más o menos darnos cuenta de esta nueva realidad, aunque quizás menos de lo esperado. Poco a poco, nos fuimos abriendo; en la calle, en los centros de trabajo, en las escuelas, en el mercado o en plazas y parques, espacios de ocio y disfrute. Quizás nos costó más al principio. Sentíamos curiosidad por el “otro”, “por el de fuera”, pero a la vez reservas y respeto a lo desconocido. Lo de siempre, el “miedo a lo nuevo”. Con todo y con ello, nuestra sociedad adoptó una posición neutra o positiva hacia la integración de éstos en su mayor parte. Tanto es así y nada es mejor reflejo de esto, que muchos de nosotros, les confiamos a su cuidado lo que más queremos, nuestros mayores y menores, les abrimos las puertas de nuestra casa, y eso es un signo inequívoco de un proceso de maduración social y de acomodación mutua.

Otros por el contrario hicieron/hacen el camino inverso. Azuzan los miedos en una sociedad ávida de respuestas y certezas. Se dedican a levantar sospechas, a poner bajo el punto de mira al de fuera, le otorgan la paternidad de todos los males que nos asolan, agitan la bandera de la intransigencia, del racismo, xenofobia o islamofobia. Promueven la confrontación pública de las cuestiones que conforman el imaginario más personal y por tanto privativo de las personas, como son las creencias y las identidades, provocando un conflicto permanente sustentado en una visión de una cultura/religión predominante frente a las otras. Las crisis económicas son un buen canal de transmisión que inocula este virus a un número cada vez mayor de personas alimentando esta cosmovisión éticamente deplorable.

*[1] Galvín, I., y Franco P. (1996), Propuesta metodológica para el trabajo social con inmigrantes, Siglo XXI de España Editores, S.A., Madrid, págs: 5-8.