Las Pensiones. Algunos elementos para la reflexión

1. Los orígenes de la financiarización. Una clave para comprender mejor las intenciones de la reforma.
2. Claves para entender la reforma de las pensiones

1.- De la sociedad industrial a la financiarizada

El planteamiento que voy a presentar parte de unos episodios vividos por las economías occidentales a finales de los 70 de la pasada centuria. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el pacto alcanzado entre el trabajo y el capital -en virtud del cual se intercambiaba trabajo por paz social- propició una política de rentas, directas e indirectas, que conformaron lo que se ha conocido como el Estado del Bienestar. El trabajo se centraba básicamente en el sector industrial, que iba absorbiendo todos los excedentes de la agricultura.

La crisis del petróleo y las políticas de rentas seguidas en esos años provocaron alzas en la inflación ya que el capital trasladaba a los precios las subidas salariales con el fin de mantener, e incluso incrementar, su parte de la ganancia. El remedio que se encontró vino de la mano del Secretario del Tesoro estadounidense, Paul Volcker, que decretó una subida del tipo de interés del 11 hasta el 20 %. Lógicamente, esto enfrió rápidamente la economía, la inflación se contuvo y el paro aumentó dramáticamente.

Pero la subida de tipos de interés puso en manos del sector financiero una potente arma para la obtención de suculentas plusvalías en la inversión de títulos. De esta manera, se abría el camino para la obtención de rentas no a través de la inversión en un sector industrial decadente, sino mediante la explotación del endeudamiento de los agentes económicos.

En paralelo, el sector industrial mostraba signos de agotamiento que le hicieron perder competitividad con relación a otras economías emergentes. El sector del automóvil es paradigmático en este sentido. La producción en masa da paso a otras formas de organización de la producción (just-in-time), las relaciones laborales se tornan más complejas, aparecen nuevas formas de contratación y el sector industrial pierde atractivo para los inversores que encuentran en el sector financiero una fuente alternativa de inversión frente a la caída de las ganancias del sector industrial. Es el comienzo de la financiarización, es decir, de la época en que toda transacción, toda riqueza se puede representar por un instrumento financiero (bono, acción, derivado, futuro, etc…) apareciendo productos cada vez más complejos que llenan los balances de las entidades financieras. En el ámbito contable, el criterio del coste histórico (precio de adquisición) para la valoración de los activos, es paulatinamente arrinconado a favor del valor razonable o precio de mercado (mercado financiero).

Estos cambios abren las puertas a la obtención de suculentas tasas de beneficio, no tanto por la inversión en el sector industrial, sino por la explotación del endeudamiento de casi todos los agentes económicos y las operaciones en divisas.
El sector financiero se transforma y pierde su antigua finalidad, de manera que ya no es tanto el vehículo que canaliza el ahorro hacia la inversión, sino que se convierte en una máquina especulativa de obtener rentas. Lo importante ya no es el producto, sino el beneficio. Esta filosofía es la que permite, si no el nacimiento, sí la profusión de los fondos de inversión, más preocupados por la rentabilidad del capital invertido que por el producto que se fabrica con los capitales aportados. Es el paso del capitalismo industrial al capitalismo financiarizado.

A partir de ese momento se producen una serie de cambios normativos que facilitan las concentraciones bancarias y, con Clinton en la presidencia USA, se produce la abolición de una ley vigente desde 1933 (en la época de Rooselvelt que decía “prefiero rescatar a los que producen alimentos que a los que producen miseria”) que ponía trabas a la existencia de una banca que simultaneara operaciones de depósito con operaciones de inversión. La abolición de la ley Glass-Steagall, a la que peyorativamente se la denominaba como “el último vestigio de los años 30”, permitió que los bancos comerciales pudieran tomar más riesgos y endeudarse mucho más, ya que eran al mismo tiempo bancos comerciales y de inversión.

2.- Claves para entender la reforma de las pensiones

En este proceso de creciente financiarización, donde todo se puede representar por un título (la titulización), es donde se enmarca todo el proceso de reformas con relación a las pensiones públicas y su (in)sostenibilidad. No hay dictamen, propuesta normativa o recomendación de comités de expertos que no hagan referencias expresas a la conveniencia de que los ciudadanos suscriban planes de pensiones privados. Para ello, el argumento más aireado es el del alargamiento de la esperanza de vida, algo evidente y además, deseable. Esta situación provocará un colapso en el sistema de la Seguridad Social, que utilizará cantidades crecientes del PIB (en torno al 15% del PIB en 2050) en atender los compromisos por pensiones. La receta unánime pasa por
1. retrasar la edad de jubilación y,
2. una vez alcanzada ésta, rebajar el importe de la misma.

Para ello, se recurre a diversas estrategias como la de aumentar la base de años para el cálculo de la pensión y la introducción del factor de sostenibilidad, que no es otra cosa que un nuevo elemento para la reducción de la pensión de jubilación.

Tras estas reformas, resulta evidente que las pensiones del futuro serán sensiblemente inferiores a las presentes (aunque no de forma nominal, sí en términos reales). El campo para la comercialización de planes privados de pensiones está abonado y con ello, el capital(ismo) da una nueva vuelta de tuerca en el afán por incrementar su base de negocio, detrayendo recursos del sistema público de pensiones a favor de los planes privados. Este trasvase se acrecienta todavía más con el mantenimiento de una fiscalidad (desgravaciones) a la hora de aportar recursos a planes de pensiones privados. Negocio para las entidades financieras.

¿DONDE ESTÁ EL PROBLEMA?

Como apostilla el profesor Navarro ¿dónde está el problema? ¿Acaso es un problema vivir más años? La principal crítica que se puede hacer a la filosofía de la reforma es que sólo incide en los gastos, y apenas habla de incrementar los ingresos, vía transferencias presupuestarias. Se prefiere pagar los interese de la deuda (reforma del art. 135 de la Constitución) que garantizar lo que dice el art. 50 del mismo texto.

En segundo lugar, los partidarios de estas reformas tampoco hablan del incremento de la productividad. Si bien es cierto que la esperanza de vida una vez alcanzados los 65 años se ha doblado desde 1900 pasando de 10 a 20 años (todo un logro), no es menos cierto que el PIB en ese periodo se ha multiplicado por 25. Por lo tanto, se trata más bien de un asunto de redistribución de la riqueza generada en el país por su ciudadanía.

Sin duda para posibilitar todo esto, es preciso una reforma fiscal que obtenga recursos financieros de personas físicas y empresas, de acuerdo a su capacidad de pago. Y todo parece indicar que, mientras se rebajan las pensiones, se otorgan tratos de favor a empresas multinacionales (el caso de CEMEX es paradigmático) al tiempo que se destituye a los inspectores de la agencia tributaria críticos con la deriva gubernamental.

Además, la acusada pérdida de poder adquisitivo experimentada por las rentas del trabajo en los últimos años es un factor de riesgo ya que rebaja las cotizaciones sociales y, con ello, los recursos del sistema. La congelación salarial penaliza doblemente al trabajador. En primer lugar en su vida activa y, en segundo lugar, con una menor pensión de jubilación.

Por último, creo que habría que reflexionar acerca de la creciente brecha social que nos augura todo el conjunto de reformas sobre las pensiones. No todos los trabajadores van a poder suscribir planes de pensión privados, menos todavía en un momento de creciente precariedad laboral con salarios a la baja. De manera que solo los más afortunados, los que hayan disfrutado de mayores rentas habrán podido desviar parte de sus ingresos a la contratación de seguros privados, con lo que, sinduda, caminaremos irremisiblemente hacia una sociedad más dual. Y una sociedad dual es la antesala de la sociedad del riesgo, de la inseguridad y de todos los problemas (marginalidad, delincuencia, mayor control policial, etc) que acarrea. Ahorraremos en pensiones, pero nos lo gastaremos en seguridad y vigilancia.

Pablo Archel
Diciembre de 2013.

Descargar en pdf: Claves para la reflexión enero 2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s