Charla Abril 2017

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Resumen charla La violencia contra las mujeres en nuestra sociedad actual

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Presenta este tema de marzo, Mari Mar González, por parte de la Escuela Social de Barañáin, dando algunos datos sobre fallecimientos y maltrato contra las mujeres en lo que va de año. A continuación, nos introduce a la ponente, Ruth Iturbide, Licenciada en Derecho, Diplomada en Trabajo Social, Técnica en Igualdad de oportunidades, Doctora en Trabajo Social y Profesora del Departamento de Trabajo Social de la UPNA. Ha impartido numerosas sesiones, talleres, cursos, ponencias en Congresos y Jornadas y ha publicado en diferentes medios digitales y en la propia UPNA.

Comienza la ponente afirmando que la violencia sobre las mujeres se produce en un contexto que es necesario abordar previamente. Ese contexto es una estructura social de género, una estructura de poder androcentrista con una jerarquía en la que el varón tiene supremacía sobre la mujer.

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En esta estructura la identidad de género de la mujer implica ser para los demás, lo que lleva asociada la idea de los cuidados, que es donde se centra la actividad que se ha atribuido a las mujeres (enfermeras, maestras, cuidado de los enfermos, de los dependientes…). Sin embargo es preciso decir que muchas veces se ha confundido ese cuidado con los servicios (limpiar, ordenar… no es cuidado, es servicio).

La identidad de género masculino sin embargo está dirigida a ser para ellos mismos, deben ser los que más ganen, los que superen a los demás.

Con estas dos identidades se produce una estructura sexista en la que a la mujer se le atribuye menor importancia, lo que se puede ver en el menor salario o en el lenguaje sexista.

En este momento se puede alegar que ahora ya nos es así, que los tiempos han cambiado y que se ha producido una incorporación de la mujer a todo tipo de trabajos. Sin embargo en esta “nueva división del trabajo” los hombres se han incorporado a algunas cosas asociadas a la mujer, pero no de la manera que lo ha hecho la mujer a la estructura productiva. Sobre todos hay tareas de cuidado y de logística que todavía se mantienen en manos de las mujeres. Un hombre puede ir a la compra, pero lleva la lista preparada por la mujer, o lleva al hijo al parque, pero ella ha sido la que ha preparado todo lo necesario.

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Para que se produzca un cambio real en las identidades de género debe cambiarse en androcentrismo, no debemos centrarnos en la producción sino en estar bien (los cuidados).

Nuestra estructura de género se basa en unos estereotipos que llevan a que ocupemos unos roles de género. Los estereotipos son los prejuicios y los roles la puesta en práctica de esos prejuicios. Por ejemplo, se da por hecho que la mujer tiene una disposición natural para cuidar y los hombres tienen que ser fuertes. Y la división sexual del trabajo lleva también aparejada una división emocional. Las emociones de la mujeres se deben de producir alrededor del llanto no de la rabia. Justo al revés ocurre con el varón, no debe llorar, sino que debe manifestar rabia, lo que lleva a la violencia y al dominio. En esta sociedad, los hombres tienen que ser dominadores y si no, son menos hombres. Todo esto transversaliza la violencia de género. Por ello, a mayor igualdad menor violencia y a menor igualdad mayor violencia.

La violencia sobre las mujeres por tanto, tiene contexto, y la sociedad potencia ese contexto por medio de sus medios de comunicación, sus películas, sus series de televisión, etc.

La violencia sobre las mujeres también sufre un proceso, ninguna mujer estaría con un hombre que la maltratase la primera semana de conocerse. Los hombres están en la ley del dominio y las mujeres en la de ser queridas y por tanto quieren para ser queridas, lo que resulta muy atrapante en la relación. Además la sumisión y la violencia se erotizan. Por ello, la violencia sobre las mujeres lleva un proceso que poco a poco va aumentando la dominación y el control, todo ello explicado como hecho por amor.

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Conviene también repasar algunos conceptos básicos.

Violencia de género: violencia que tiene que ver con la estructura de género.

Violencia doméstica: un término que debería desecharse porque se refiere sólo a un lugar donde puede producirse esa violencia.

Violencia sexista: la que tiene que ver con la dominación de uno de los sexos sobre el otro.

Terrorismo sexista: termino utilizado porque había más mujeres muertas que víctimas de ETA, y eran mucho menos visibles.

Feminicidio: término muy político en el que se asume responsabilidad por parte del estado en lo que les ocurre a las mujeres.

A continuación Ruth, analizó las diferencias entre la legislación estatal y la navarra en relación con la violencia contra la mujeres. En la ley estatal del 2004, se recoge la violencia contra las mujeres solo en al ámbito de las relaciones de pareja, mientras que en la ley foral de 2015 se tiene en cuenta toda violencia sobre las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. En esta también se hace referencia a muchas situación de violencia y diferentes tipologías: violencia física, psicológica, económica y patrimonial, simbólica (medios de comunicación), institucional, laboral y social.

El siguiente punto que abordó la ponente fue el del círculo de la violencia:

La intervención con la mujer es completamente distinta según la fase en la que se encuentre.

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Para terminar, se refirió a algunos mitos relacionados con la violencia contra las mujeres.

– “El problema de la violencia contra las mujeres es ajeno”. Cada uno debe pensar en que situaciones propias entran dentro de la violencia sexista, de la estructura de género.

– No es un problema de un arrebato, ni de consumos, ni de salud mental.

– Hay que hacer visibles todo tipo de violencias.

– No hay perfiles de hombres agresivos. Hay todo tipo de personas. Tampoco hay perfiles de mujeres víctimas.

– “Es por la falta de habilidades de los hombres”, no es así porque solo ocurre contra la mujer, no en otros contextos en los que también se encuentran los hombres.

– Es responsabilidad de todos los varones.

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Debemos trabajar con todas las formas de violencia y favorecer la autonomía social.

 

 

 

 

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Charla Marzo 2017

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Ciudadanía Emocional. José María Romera

Charla ofrecida el día 9 de febrero dentro del curso 2016 2017 de la Escuela Social de Barañáin. Fue presentado el ponente, José María Romera, profesor, escritor y colaborador de Diario de Navarra y El Correo, por Ramón Arozarena. Ofrecemos a continuación integramente la transcripción de la charla.

dsc_0266-webBuenas tardes

La verdad es que no sé muy bien en calidad de qué comparezco aquí. Soy, como se dice ahora, un profesional multitarea. Por un lado, vengo ejerciendo la enseñanza desde hace cuatro décadas. Por otro, escribo en la prensa con regularidad, a razón de no menos de cuatro artículos semanales de diverso tipo. Y por otro he incurrido durante cierta etapa de mi vida en la política, un veneno que aún sigo consumiendo aunque ahora lo haga más desde una posición de observador. Profesor, periodista y político, por tanto: tres pes sometidas a toda sospecha en esta época, pero que sobrellevo con resignación y lo más dignamente que mis capacidades me permiten.

Es desde esa triple perspectiva desde donde pretendo trasmitirles mis palabras, sin ninguna pretensión académica ni sistematizadora. Les ruego que las tomen como lo que son: un manojo de impresiones y sugerencias sustentadas en la observación curiosa, en la lecturas atentas y en el tránsito prolongado por determinados ámbitos de la vida y de la actividad profesional que me han permitido situarme en ese punto medio entre el conocimiento y la perplejidad que algunos llaman hoy con el neologismo «experticia»: la experiencia considerada no como acumulación de trienios, sino como una forma de saber, o al menos de aspirar a saber.

Así que apelo a su comprensión y les invito a compartir conmigo estas impresiones abiertas, sin ninguna vocación de tesis cerrada, sobre las que si les parece podremos conversar al acabar mi intervención.

Las emociones. Pros y contras

He titulado esta conferencia ‘Ciudadanía emocional’. Quiere decir que me referiré al ejercicio de la ciudadanía, de la participación en la vida social y en la conversación pública, pero haciendo hincapié en las emociones como vía para esa participación. Les anticipo que al hablar de «emociones» me permitiré hacerlo en sentido amplio y, si se quiere, grosero, entendiendo por tales no solo las emociones en el significado estricto del término sino de sentimientos, pasiones, afectos, es decir, todo lo que habitualmente situamos al otro lado de lo racional y lógico.

Y partiré de un hecho a mi parecer indiscutible, característico de estos últimos años, como es:

La reaparición de las emociones en el espacio público: el prestigio renovado de las emociones

El discurso político nos conmina a actuar guiados por las emociones y los afectos, de cualquier signo que sean: amor, odio, simpatía, antipatía, agresividad, entusiasmo, miedo, empatía, asco, disgusto, ira, alegría, en fin… la relación sería inacabable.

Se diría que el corazón ha usurpado el lugar de la cabeza y nos obliga a anteponerlo cada vez que pretendemos interpretar el mundo y mucho más cuando tratamos de formarnos una opinión sobre su curso. Todo es emoción… Hay que ser cautos, no obstante, y no sacar la conclusión precipitada de que el sujeto de hoy es más emocional que en tiempos pasados. Tal vez no. Pero o que sí parece cierto es que se han roto los diques de contención que mantenían oculta o disimulada esa emoción.

Para no dar lugar a dudas, les anticiparé que mi postura ante el fenómeno que voy a tratar de describir es una postura crítica. Pero no cerrada. Así que de entrada les diré también que admito la importancia de las emociones en la vida pública, y les traigo unas palabras de la filósofa Martha Nussbaum en ‘Emociones políticas’ con las que estoy en total acuerdo:

«Todos los principios políticos, tanto los buenos como los malos, precisan para su materialización y su supervivencia de un apoyo emocional que le procure estabilidad a lo largo del tiempo, y todas las sociedades decentes tienen que protegerse frente a la división y la jerarquización cultivando sentimientos apropiados de simpatía y amor».

Las emociones, en efecto, no solo se están poniendo de actualidad sino que gozan de un renovado prestigio. Por un lado sabemos cada vez más de su naturaleza y su funcionamiento gracias a los avances de las neurociencias, que nos sorprenden cada día con nuevos hallazgos sobre aspectos cognitivos y de nuestra personalidad. Ya saben: se dice que estamos en la era de la resonancia magnética, herramienta que amenaza acabar con la propia filosofía.

Otras ramas del conocimiento se están ocupando de ellas y ofreciéndonos nuevos enfoques en el estudio del ser humano. Por ejemplo, en lo que podríamos llamar el estudio de la toma de decisiones del que tenemos una magnífica muestra en la ya indispensable obra de Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía en 2002, ‘Pensar rápido, pensar despacio’ (2012, que debería leerse en todas las escuelas, colegios y universidades).

Ya desde de los trabajos de Daniel Goleman y otros gurúes de la «inteligencia emocional» en los años 90 se había venido produciendo en los últimos años una sana reivindicación de la afectividad como ingrediente primordial de nuestras vidas y como vía de enriquecimiento personal.

Por otra parte, las humanidades y las ciencias sociales están experimentando asimismo en la última década lo que se ha dado en llamar un «giro afectivo», que supone una expansión de su ámbito de estudio: la atención se dirige ahora hacia los sentimientos, los recuerdos, la vida cotidiana, la esfera de lo material (Arias Maldonado).

Como dice Aurelio Arteta, El ambiente contemporáneo está dominado así por lo que se ha llamado el «culto a la emoción», que se explicaría como una simplista rebeldía contra el pasado predominio de la razón no menos simplista. Tras haber sido objeto de sospecha mayoritaria en la historia de la filosofía y, por supuesto, para la doctrina y la práctica cristianas, las pasiones han pasado de ser reprimidas a ser reivindicadas.

Pero el propio Arteta advierte ya del lado peligroso de esta tendencia: Emocionarse es ahora siempre bueno, mientras que razonar puede ser perverso. En este movimiento pendular que hoy entroniza los sentimientos, pero al precio de su tajante escisión y hasta oposición respecto del pensamiento, los que salimos perdiendo somos los sujetos morales. (Aurelio Arteta, «Déjate llevar por tus sentimientos» en Si todos lo dicen, 19-22)

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Charla Febrero 2017

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Resumen Charla Europa ¿tierra de asilo o de rechazo?

dsc_0239-webInicia la sesión Manolo Burguete, presentando a Imanol Zubero, Doctor en Sociología y Profesor Titular de la Universidad del Pais Vasco, además de gran activista en la lucha social y en la lucha por la convivencia y la paz. Introduce la sesión Manolo haciendo referencia a los temores que están llevando a Europa a abrazar afirmaciones como que no cabemos todos, que Europa para los auténticos europeos, y otras cuestiones relacionadas con la intolerancia.

dsc_0241-webComienza Imanol diciendo que nos preguntamos qué es Europa o qué va a ser en relación con los procesos globales de movimientos de personas, que en estos últimos años se expresan sobre todo en las figuras de los refugiados que huyen de la guerra de Siria, aunque hace mucho tiempo hay personas que por distintas causas buscan una situación mejor de la que tienen en su lugar de origen.

dsc_0243-webEn los siglos XVIII y XIX los europeos poblaban el mundo, mientras que ahora es el mundo el que puebla Europa. En aquel momento huían de problemas locales en busca de soluciones globales. Huían de guerras de religión o de guerras civiles (casos de Suiza o España). Hoy pretendemos que aquellos que sufren problemas globales (guerra de Siria, hambruna de África), consecuencia de la globalización, se busquen soluciones locales.

dsc_0245-webEuropa es una sociedad cada vez más vieja y reducida en población, que está rodeada de las sociedades más jóvenes del mundo. Es como un llamamiento a que la gente venga a ocupar espacio. Según los análisis demográficos para 2050 en Europa, la población entre 15 y 64 años (población más joven) disminuirá en 48 millones, mientras que los mayores de 65 aumentarán en 58 millones. Cada vez vamos a ser menos gente y más mayor. Mientras tanto en el Sur y en el cercano Oriente hay cada vez más gente y muy jóvenes, por lo menos hasta que se reequilibren los procesos demográficos.

dsc_0247-webDurante años se ha favorecido la llegada de personas inmigrantes para el cuidado de nuestros hijos, nuestro mayores, para trabajar en tiendas… hemos utilizado argumentos económicos para “regular” esa inmigración, y esos argumentos son muy frágiles. Es la pretensión de una “inmigración escogida”, que venga en función de nuestros intereses. Pero pedíamos mano de obra y nos llegaron personas. Se tenía una idea de la inmigración como de trabajador invitado, trabajador durante un tiempo y que luego vuelve a su lugar de origen. Pero ahora ya no funciona así, vienen para quedarse porque vienen de lugares horribles y además cada vez es más fácil ir y volver o comunicarse con sus familias en sus países de origen. Por otro lado, la mejor inmigración es la que se quiere quedar porque es la que mejor se integra y se adapta a la sociedad de acogida.

dsc_0248-webLos procesos migratorios son cada vez más complejos por eso la gestión, el manejo de la inmigración es más difícil. Muchas veces se demuestra ineficaz, como estamos viendo que ha ocurrido con los refugiados de Siria con los que la solución que se ha buscado es la externalización de la ayuda al refugiado mediante el acuerdo con Turquía. Todos los días estamos viendo las consecuencias que está teniendo. Lo estamos haciendo todo desde nuestros intereses, no desde sus necesidades.

dsc_0250-webSe está produciendo un efecto de recorte de nuestra imaginación moral, hay riesgo de recortar nuestra capacidad para ponernos en lugar de los otros. Y da la impresión de que antes había más energía cívica, más movilización con cuestiones como la guerra servo-croata o la de Irak. Hoy en día el miedo está sacando lo peor de nosotros haciendo que la extrema derecha y los populismos arraiguen e incluso se lleven el voto de los trabajadores, incluso consiguiendo que se endurezcan las políticas de inmigración y consiguiendo que partidos como el Laborista se replanteen sus propuestas. Pero es preciso analizar estas situaciones y contextualizarlas. No basta con negarlas o rechazarlas, tienen una base en que cuando las personas no pueden emanciparse tienden a aumentar su arraigo. Todo esto queda muy bien ilustrado en la viñeta del Roto que decía: No os dejéis arrebatar vuestros puestos de mendigo. Esto crea un reto para la izquierda, tenemos que ser capaces de generar discursos de clase que puedan ser compartidos por las personas inmigrantes y las que no lo son. Las izquierdas posmodernas han perdido el contacto con la realidad material de la gente. El objetivo debe ser conectar los miedos de los autóctonos con los de los que emigran.

Tenemos que asumir que Europa está condenada a abrirse, Europa es básicamente un proyecto con una geografía indefinida, imprecisa. ¿Turquía es Europa? En el futuro casi seguro que lo será. Si se forma la República Saharaui ¿será Europa, por todas su conexiones? Europa empezó en el Danubio y ha estado a punto de destruirse en varias ocasiones. El futuro vendrá por construirlo o destruirlo, en torno al Mediterráneo, como en su día fue el Danubio. Para ello hay que darle una sacudida a la identidad europea. La sociedad europea es abierta y Europa debe ser un proyecto cultural, político, humano que o se abre o va ser una tierra de rechazo.

Europa ya es una sociedad diversa, cada vez más diversa, más mestizada. Debemos quitarnos los miedos y reconocer también que hay gente que lo tiene porque está sufriendo situaciones de escasez. Necesitamos crear seguridad vital, económica y social para la gente porque si no, van a ser víctimas de los movimientos populistas y xenófobos que les prometen esa seguridad aunque luego no se la den.

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Charla Enero 2017: Europa: ¿Tierra de asilo o de rechazo?

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Charla El futuro de Europa

dsc_0028-webIntroduce la sesión Iñaki de Esteban situándola como la tercera charla de este curso 2016-2017, enmarcándola en los objetivos de este primer cuatrimestre centrado en la idea de Europa.

dsc_0029-webPresenta al ponente de hoy, que se trata de Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director de su Instituto de Gobernanza Democrática, ha sido profesor invitado en diversas universidades europeas y americanas, premio Principe de Viana de la Cultura en 2013, autor de numerosas publicaciones y colaborador habitual de El Correo, El Diario Vasco y El País.

dsc_0032-webComienza Daniel declarándose europeísta convencido a pesar de los pesares y que, aunque el balance es para pegarse un tiro, cree que hay que mantener la esperanza y la exigencia a nuestros políticos.

Según Jacques Delors, Europa es un OPNI, un Objejo Político No Identificado, un lio en el que nos hemos metido un montón de millones de personas, un montón de estados, de regiones, de ciudades sin una hoja de ruta, sabiendo de lo que estábamos huyendo, por cierto que en esa huida se han conseguido grandes logros, pero sin tener claro el destino final y probablemente sin necesitarlo porque el tiempo nos iría aclarando el modo o el grado de integración. Lo que había era conciencia de que ciertos bienes públicos no se podían conseguir de manera aislada.

Un primer déficit tiene que ver con la ininteligibilidad (imposibilidad de ser comprendido o interpretado), y la novedad que supone Europa contribuye a esa confusión. No sabemos qué es Europa.

dsc_0039-webOtra dificultad añadida viene de las malas prácticas. Si cada cosa que sale bien se considera mérito de aquí, y lo que sale mal, problema de Bruselas, al cabo del tiempo pensaremos que es negativo el tema de Europa. Sin embargo hay cosas excelentes que se consiguen gracias a Europa, pero que no percibe el ciudadano. Por ejemplo, en Francia se abolió la pena de muerte por exigencia del Tratado de Roma.

Tenemos que conseguir entender Europa.

Tras una guerra terrible Alemania y Francia inician la unión de una manera muy tecnocrática, sin decirle a la gente lo que estaban haciendo, con una concepción del orden social como una gran planificación y considerando que los temas genéricos no afectaban al común de los mortales. Hoy en día la mentalidad ha cambiado.

dsc_0040-webSintetizando, un conjunto de países deciden emprender una empresa común porque han entendido que los estados aisladamente eran incapaces de dar a la gente ciertos bienes comunes, fundamentalmente la paz puesto que venían de una terrible experiencia de guerra. Mancomunar el carbón y el acero (primer germen de la Unión Europea), hizo que las armas dependieran de todos y no se pudiera decidir en un sólo país.

La idea de dar una forma gubernamental ha funcionado razonablemente bien, pero hay que dar una forma política a la interdependencia, democratizarla. Hay que mancomunar soberanías y establecer relaciones de reciprocidad, todos debemos dar y recibir.

El avance de la extrema derecha en diversos países de Europa tiene que ver con la integración furtiva, Europa ha ido avanzando de manera furtiva, que no se notaba. En un primer momento, al venir de donde veníamos (guerra, nazismo…) estaba justificado, pero ahora ya no lo está. Ahora hay que tomar decisiones políticas y no esperar que podemos seguir avanzando sin que la gente se entere.

dsc_0043-webEl tema del Brexit aunque va a resultar un asunto penoso para los Británicos y para nosotros, tiene algo positivo, ha establecido que la pertenencia a la Unión Europea es algo voluntario, que es la mejor manera de estar libremente en un sitio.

Hay dos cosas que podría aportar Europa, dos grandes desafíos, entender bien nuestra función en el mundo y entender que tenemos que construir una Europa social.

Europa en un experimento de cómo podría ser una política mundial, una política de la humanidad. Europa es el único lugar del mundo donde más de veinte países soberanos ponen recursos en común y renuncian a parte de su soberanía. Y tiene los valores de poner en común, escuchar y el principio ejemplar de que la mayor parte de la decisiones deben ser compartidas por otros.

Ha habido tres grandes promesas europeas que han funcionado muy bien: la paz, la prosperidad económica y la democracia. Durante mucho tiempo estas tres cosas han hecho que la idea de Europa se fortaleciera, sin embargo hoy en día han perdido su fuerza para animar a los jóvenes a ser europeístas. La paz, es algo tan asimilado que ha dejado de ser una razón para creer en Europa, se da por hecho. La crisis ha quitado valor a la idea de la prosperidad económica y ya no hay la necesidad de fortalecer la democracia que había cuando España, Grecia, Portugal salían de dictaduras.

dsc_0046-webPor eso, lo que ahora nos queda es la promesa social, aunque resulte un asunto muy complicado. Quizás la manera de hacerlo no sea por medio de los estados, que son muy retardatarios. Quizás deba hacerse desde otros foros: ciudades, redes informales, regiones…

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Charla Diciembre 2016: El Futuro de Europa

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Por una democracia compleja

Nuestros sistemas políticos son impotentes ante quienes ofrecen una simplificación tranquilizadora. Hay que promover una cultura en la que los planteamientos matizados no sean castigados sistemáticamente con la desatención o el desprecio

filosofia-uxue_barkos-geroa_bai-mariano_rajoy_brey-pablo_iglesias-pedro_sanchez-albert_rivera-daniel_innerarity-reportajes_110750508_2711918_1706x1280Las democracias son regímenes de escasa previsibilidad. Que pueda suceder lo inverosímil es algo posibilitado por la lógica de un sistema abierto aunque lo paguemos con una vulnerabilidad en ocasiones inquietante. Cuando los estadounidenses eligieron como presidente a George Bush algunos lo saludaron como la posibilidad de que una persona normal llegara hasta allí (alguien que había tenido dificultades con el alcohol y se atragantaba comiendo galletas) y ahora podemos asegurar que la democracia es un sistema tan abierto que puede llegar a ser presidente incluso alguien muy por debajo de lo normal.

Más allá de esta indeterminación de nuestros sistemas políticos, ¿qué está pasando para que los populistas (si quienes han declarado este término como políticamente incorrecto me permiten utilizarlo) parezcan disfrutar de tantas ventajas competitivas?

Mi hipótesis es que nuestros sistemas políticos no están siendo capaces de gestionar la creciente complejidad del mundo y son impotentes ante quienes ofrecen una simplificación tranquilizadora, aunque sea al precio de una grosera falsificación de la realidad y no representen más que un alivio pasajero. Quien hable hoy de límites, responsabilidad, intereses compartidos, tiene todas las de perder frente a quien establezca unas demarcaciones rotundas entre nosotros y ellos, o entre las élites y el pueblo, de manera que la responsabilidad y la inocencia se localicen de un modo tranquilizador. Poco importa que muchos candidatos propongan soluciones ineficaces para problemas mal identificados, con tal de que ambas cosas —problemas y soluciones— tengan la nitidez de un muro o sean tan gratificantes como saberse parte de un nosotros incuestionable.

Las recientes elecciones en Estados Unidos han sido la apoteosis de algo que se venía observando desde hace algún tiempo en muchas democracias del mundo: más que elegir, se deselige; hay mucho más rechazo que proyecto. Estos comportamientos del “soberano negativo” manifiestan una profunda desesperación: no se vota para solucionar sino para expresar un malestar. Y, en lógica correspondencia, son elegidos quienes prefieren encabezar las protestas contra los problemas que ponerse a trabajar por arreglarlos. Por eso la competencia o incompetencia de los candidatos es un argumento tan débil. Lo decisivo es representar el malestar mejor que otros.

Iglesias, Mélenchon o Grillo no parecen inquietos por compartir la lógica de sus siniestros oponentes

Por supuesto que no basta con estar indignados para tener razón, ni los llamados “perdedores de la globalización” (o quienes así se llaman sin serlo o sin serlo en exclusiva) tienen una mayor clarividencia acerca de lo que nos conviene; la cólera, tantas veces justificada, no nos exime de hacer análisis correctos y proponer soluciones eficaces. La extrema derecha no es la que está en mejores condiciones de hacer frente a los desarreglos de la globalización sino la que ha ofrecido el relato más verosímil para una buena parte de los enfurecidos. Otra parte ha ido a buscar esa explicación simple en el extremo opuesto, en políticos como Iglesias, Grillo o Mélenchon, a quienes el hecho de compartir la misma lógica que sus siniestros oponentes no parece inquietarles demasiado. No tienen la misma ideología, por supuesto, pero sí la misma lógica simplificadora.

Se equivoca quien juzga este incremento de los extremismos a partir del precedente de los movimientos antidemocráticos que dieron lugar a los totalitarismos del siglo pasado. A diferencia de aquellos, estos utilizan un lenguaje democrático. Lo que ocurre es que tienen una idea simplista de la democracia y absolutizan una de sus dimensiones. Por eso no haremos frente a esta amenaza mientras no ganemos una batalla conceptual que haga inteligible y atractiva la idea de una democracia compleja. La democracia es un conjunto de valores y procedimientos que hay que saber orquestar y equilibrar (participación ciudadana, elecciones libres, juicio de los expertos, soberanía nacional, protección de las minorías, primacía del derecho, deliberación, representación…). Los nuevos populismos tienen una retórica democrática porque toman uno solo de ellos y lo absolutizan, desconsiderando todos los demás. Se degrada la democracia cuando se absolutiza el momento plebiscitario o cuando entendemos la democracia como soberanía nacional impermeable a cualquier obligación más allá de nuestras fronteras. Si los populismos resultan tan aceptables para sectores cada vez más amplios de la población no es porque haya cada vez más fascistas entre nosotros, sino porque hay más gente que se deja convencer de que la democracia es solo eso. Por esta razón, a tales amenazas en nombre de la democracia, a su mutilación simplista, solo se les hace frente con otro concepto de democracia, más completo, más complejo.

Lo primero que nos enseña un concepto complejo de democracia es que la democracia es un proceso. Una democracia de calidad es más compleja que la aclamación plebiscitaria; en ella debe haber espacio para el rechazo y la protesta, por supuesto, pero también para la transformación y la construcción; el tiempo dedicado a la deliberación es mayor que el que empleamos en decidir. No se toman las mejores decisiones cuando se decide sin buena información (como el Brexit) o con un debate presidido por la falta de respeto hacia la realidad (como Trump). Tampoco hay una alta intensidad democrática cuando la ciudadanía tiene una actitud que es más propia del consumidor pasivo, al que se arenga y satisface en sus deseos más inmediatos y al que no se le sitúa en un horizonte de responsabilidad.

Se equivoca quien juzga los nuevos extremismos a partir de los totalitarismos del siglo pasado

La implicación de las sociedades en el gobierno debe ser más sofisticada que como tiene lugar en las lógicas plebiscitarias o en la agregación de preferencias a través de la red; ha de ser entendida como una intervención continua en su propio autogobierno a través de una pluralidad de procedimientos, unos más directos y otros más representativos, donde sea posible rechazar pero también proponer, con espacios para el antagonismo pero también para el acuerdo, que permitan la expresión de las emociones tanto como el ejercicio de la racionalidad.

Hemos de trabajar en favor de una cultura política más compleja y matizada. Uno de nuestros principales problemas tiene su origen en el hecho de que cuando las sociedades se polarizan en torno a contraposiciones simples no dan lugar a procesos democráticos de calidad. ¿Cómo promover una cultura política en la que los planteamientos matizados y complejos no sean castigados sistemáticamente con la desatención e incluso el desprecio? ¿Cómo evitar que sea tan rentable electoralmente la simpleza y el mero rechazo? ¿Por qué son tan poco reconocidos valores políticos como el rigor o la responsabilidad? Solo una democracia compleja es una democracia completa.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y profesor invitado en la Universidad de Georgetown. Su último libro es La política en tiempos de indignación.

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