Por dónde se produce el colapso

Ferran P. Vilar

https://ustednoselocree.com/2015/01/05/hasta-que-punto-es-inminente-el-colapso-de-la-civilizacion-actual-9-3/

Es decir, el capital orientado a obtener energía se va agotando. Y como de la energía no se puede prescindir ni puede ser sustituida por otra cosa, el capital acaba siendo detraído de otras funciones bien sean de inversión en cualquier otro sector productivo (bienes de equipo, alimentación, mantenimiento, etc.) o bien de servicios (sanidad, educación, dependencia, atención a la tercera edad), para ser asignado a la obtención de energía. Llega un momento, de aparición muy rápida, súbita, en que no queda capital para casi nada que no sea para obtener energía – y la mayor parte de esa energía no se emplea para otra cosa que para obtener sólo un poco más de energía, pero cada vez menos. Esto equivale, en terminología económica, a un escenario de rendimientos decrecientes, por lo que aplicará su ley. De modo que la disponibilidad neta de energía para el (resto del) sistema económico va a ser decreciente (si no lo es ya), y así lo va a ser entonces la actividad económica, inexorablemente (e inevitablemente). Visualice usted la económica ley de rendimientos decrecientes si por algún motivo no le interesa la geología o le incomoda la segunda ley de la termodinámica.

Turner examina si el colapso es evitable por la vía de los combustibles fósiles no convencionales (shale, tight, etc.). No, precisamente porque sus necesidades de capital-energía son enormes lo que, en sus términos, significa una tasa de retorno energética TRE muy baja – en el caso de los biocombustibles es probable que sea inferior a 1. Para que eso fuera posible, en el mejor de los casos se requerirían tasas de incremento de la producción no convencional de un mínimo del 10% anual de forma sostenida durante décadas (512), cosa manifiestamente imposible. No hay tantos en el almacén; sabemos que su cénit es muy cercano.

Evolución prevista de la demanda y la producción de uranio. Se observa el pico alrededor de 2025, pero algunos consideran optimista esta previsión (Fuente: AIE, 2014, citado en ref. 516)

En este punto es clave el retardo del sistema que hemos encontrado como mensaje central de LLDC: aunque fuera posible físicamente – que no lo es – tampoco se llegaría a tiempo, por muchos esfuerzos y sacrificios denodados que estuviéramos dispuestos a soportar. Así, en el caso nuclear tampoco encontramos respuesta (casi diría que afortunadamente), pues no se obtendría energía neta hasta más de 30 años después de su puesta en funcionamiento (513, 514), si es que por entonces no hiciera demasiado calor y resultara ya imposible refrigerar los reactores una parte del año (515) como ya ha ocurrido algunas veces. Todo ello sin contar con el cénit del uranio, que la moderada AIE[4] prevé ya para 2025, como puede verse en el gráfico adjunto (516), pero que otros independientes sitúan en la década presente (517) e incluso en 2015 (518).

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