Por un Mundo “OTRO”: ¿Anhelo razonable y posible o sueño irrealizable?

Las Escuelas Sociales pretendíamos que la programación de este curso se orientara principalmente hacia una reflexión sobre algunos de los cambios en curso o que son objeto del actual debate social . Decimos “cambios”, en plural, porque no ignoramos la amplitud y complejidad de la crisis, ni su incidencia en ámbitos tan diversos y específicos como el económico, el político, el ético, el social… Ni ignoramos tampoco la exigencia de cambios que, en consecuencia, el remontar la crisis va a demandar en cada uno de dichos ámbitos.

Presuponíamos también a dichos cambios cierta dosis de “radicalidad”, más allá de meros retoques superficiales y formales. Esto es, nos estamos refiriendo a aspectos de calado y profundidad. Contábamos igualmente con la “imaginación”, imprescindible para cualquier cambio que no sea mero producto del azar o de la inexorabilidad de las leyes físicas, químicas o matemáticas. Y, pensando en los cambios, no ignorábamos en absoluto su imprescindible “realismo”, su vinculación con la realidad, y las potencialidades y limitaciones de ella: irrenunciable criterio para ponderar la necesidad o conveniencia de aquellos cambios, su razonabilidad y su posibilidad. Pues, tratándose de cambios, habrá que dilucidar, entre otras cosas, si nos hallamos ante realismos o cegueras culpables y escapistas, ante radicalismos o populismos
ante pragmatismos razonables y honestos o culpables e inmovilistas renuncias a horizontes más humanos, convivenciales y sostenibles.

Siendo lo anterior más o menos claro y compartido, no hemos logrado no obstante este curso un enunciado común ni sobre el título general del programa, ni tampoco sobre el primer tema de su desarrollo. Lo que, de suyo, no comporta, a mi juicio, ningún retroceso. Todo lo contrario, me parece normal y hasta una señal de maduración y crecimiento. Somos más conscientes de la diversidad del tema y de la diversidad de sus planos y aristas. Al mismo tiempo, somos también más conscientes de lo bueno que sería poder converger en un estilo más dialógico que dialéctico, más cooperativo e integrador que competitivo y excluyente.

Confío en que la carga de ambigüedad que conscientemente he puesto en el título de esta charla – espero que no en el desarrollo de su contenido -, pueda contribuir a la realización de esa convergencia mínima recién apuntada.

1º.- ANTE LA CRISIS ACTUAL, LAS TRES PROPUESTAS BÁSICAS DE SALIDA

1.- Un presupuesto innegable

a) Aunque nuestra atención esté centrada principalmente en la economía, existe hoy un consenso generalizado acerca de la gravedad de la crisis, de su profundidad y extensión, y de su impacto o incidencia, entre otros, en tres de los ejes más esenciales, decisivos y representativos de la vida humana y social: el económico, el político y el cultural (antropológico, cosmológico, ético, espiritual, ideológico…).

b) Pero hoy no deseamos fijarnos tanto en la negatividad de la crisis, sus causas y sus efectos. Esta mirada, desde luego, no puede ser ignorada y debe estar necesariamente presente. Pero queremos que nuestro interés se centre, más bien, en una mirada positiva, en una mirada hacia adelante: esa, justamente, que, porque se toma muy en serio el presente, presta atención al futuro que, de múltiples maneras, está ya latiendo en él pugnando por vencer la crisis y sus pesadillas.

c) Por lo mismo, comparto – ¿cómo no hacerlo, siempre que lo que sigue no se convierta en arma excluyente y arrojadiza? – dos de las opiniones públicamente manifestadas por el conocido socialista Diego López Garrido: la 1ª/ que ”la mayor prioridad hoy para los ciudadanos y las ciudadanas es la salida de la crisis económica y social”; y la 2ª/ que “Cualquier Gobierno será juzgado por el modo de enfrentarse a la crisis, que está degradando, con una profundidad inédita, la vida y el trabajo de los hombres y las mujeres”.

d) En el empeño de búsqueda positiva de salidas, toda respuesta deberá poner particular énfasis, obviamente, en aquellos tres ejes arriba enunciados que vertebran de manera muy especial la vida y la convivencia: la economía, la política, los valores. Los tres se reclaman recíprocamente. Y los tres deberán estar presentes, sea cual fuere el acento, prioridad lógica o jerárquica, u orden que quiera establecerse entre ellos. Por eso hubo un momento en que se barajó como un posible título del curso el siguiente: “Otra economía, otra política, otros valores”.

e) Que en este recordado título posible, destaquen los adjetivos “otro” “otra”, no conlleva necesariamente que el contenido de los sustantivos a los que aquellos se refieren sea obligatoriamente progresivo y liberador. Puede ser – y de hecho lo es en términos muy dominantes para nuestra desgracia – claramente regresivo y opresor.

2.- Las tres salidas: consideraciones iniciales al respecto

a) La salida (¿?) neoliberal.

* En realidad, nos hallamos ante una salida sólo aparente. Leonardo Boff se refiere a ella como “La Gran Transformación en la Economía y en la Ecología”. Para explicitar a qué se refiere, Boff destaca dos de los aspectos que, entre otros, caracterizan de manera límite los problemas desencadenados por el capitalismo vigente: El 1º/ se refiere al paso de una sociedad “de” mercado a otra de “sólo” mercado y de mercado “total”. Con cuanto todo ello implica. Y el 2º/ tiene que ver con el paso de la Tierra como medio vital del que somos parte, dependemos y al que hemos de cuidar, a la Tierra como simple baúl de recursos a explotar – lo que inevitablemente conduce a la grave, peligrosa y conocida injusticia ecológica actual -.

* Las prácticas neoliberales vienen produciendo un agudo deterioro social, político, económico y moral. En realidad se trata de una “deconstrucción”, que no es más que un afrancesado eufemismo para aludir y nombrar a una cruda demolición: demolición de nuestro “Estado social” y del más ampliamente denominado “Estado de bienestar”. Por eso se ha hablado, jugando con las palabras y con fuerte carga de decepción e ironía, del paso de un “estado de bienestar” a un “estado de malestar”. Jean Ziegler , tomando en consideración el impacto mundial de las políticas actuales, y con su estilo habitual libre y desenfadado, no duda en hablar de “Destrucción Masiva”.

* Nos hallamos ante lo que algunos no han dudado en denominar “revolución conservadora”, esto es, una revolución al revés; ante un cambio ultraliberal que intenta negar cualquier otra posibilidad de cambio, que incluso retrocede más atrás del liberalismo clásico más ortodoxo. Al menos éste, consciente de los excesos, y las insuficiencias y limitaciones del mercado, reconocía la necesidad de algunas cautelas morales, sociales y políticas. La apuesta neoliberal, en cambio, no sólo está haciendo efectiva una regresión al pasado que creíamos imposible, sino que, además, con sus medidas de “ajuste” y “austeridad”, ha hecho recaer el peso de la crisis sobre los hombros de las clases medias y populares de la sociedad. Lo que ha venido a incrementar escandalosamente la desigualdad, que, a su vez, ha agudizado aún más la crisis. Como sabemos ya a estas alturas, ni son pocos ni insignificantes los científicos (cfr. Schweickart, Krugman, Stiglitz…) que consideran antieconómica tanto la mencionada desigualdad, como las directivas de ajuste y austeridad que la agravan.

* El neoliberalismo ha puesto en práctica y desarrollado de manera hegemónica un tipo de capitalismo dinerario, especulativo y parasitario. Si lo que en última instancia el capitalismo pretende es ganar dinero, con el financiero especulativo o capitalismo de casino, ese objetivo se alcanza directamente sin ningún tipo de mediación productiva: dinero genera dinero, esa es la fórmula . Poco o nada importa la vida real de las personas, lo justo o injusto. Todo se mide cuantitativamente (PIB, pongamos por caso) en cifras dinerarias macroeconómicas. Bajo ese supuesto puede darse el caso – más bien ya se está dando – en que, en virtud de aquellas mencionadas cifras, se anuncie a bombo y platillo que “la economía mejora”, siendo así que, muy al ras del cotidiano suelo o del día a día de las personas, “la justicia empeora”. No hace tanto tiempo que Cáritas lo denunciaba en situación parecida a la presente y con las mismas palabras que acabo de entrecomillar. Pero lo triste del caso es, además, que, como una y otra vez vienen insistiendo no ya sólo los críticos a las políticas neoliberales restrictivas (Krugman, Stiglitz) sino los mismos organismos transnacionales que las han promovido (BCE, FMI…), estamos inmersos en una situación deflacionaria, sumando a inflación estancamiento.

b) La salida socialdemócrata

* Es una especie de fundido entre socialización y democracia. Pone contenido y sentido social a esta segunda, y, en función de ellos, otorga al Estado un importante papel moderador y regulador, y de intervención directa. Aleja así a la democracia del individualismo y formalismo tan propios de la concepción burguesa de la misma. Y, en cuanto a la primera o la socialización, remarca el valor y la dignidad de la persona, de la ciudadanía y sus derechos, de la democracia en suma. Por eso, teniendo en cuenta las duras y frustrantes experiencias históricas tanto del capitalismo como del socialismo, se ha dicho que la socialdemocracia ha pretendido combinar y mostrar el rostro más amable del uno y del otro. Hoy, la apuesta por el Estado social y por el Estado de bienestar tiene una fuerte carga de denuncia del neoliberalismo y de sus políticas austericidas, que intentan desmontar los logros para las mayorías de la mencionada fórmula socialdemócrata. Y también de la razonada convicción de que invertir en el bienestar humano general no sólo puede incentivar el crecimiento, sino que es, además, una buena inversión y, al parecer muchos de nosotros, la única sostenible .

* La salida socialdemócrata intenta combinar el mercado, sus intereses privados y su competitividad con unos mínimos de equidad o de justicia y solidaridad, que comportan entender también la democracia como reconocimiento del otro y como responsabilidad respecto al otro. Un aspecto de la democracia, éste, que, sorprendentemente, lo ha captado y expresado muy bien el poeta sirio – candidato al Nóbel – Alí Ahmed Said Ésber (Adonis): …”hablo de democracia […] como reconocimiento del otro. Y de reconocimiento no como tolerancia […]. El ser humano exige la igualdad.” . Lo que implica, sin duda, una mejor redefinición y estructuración de los derechos, deberes y cargas.

* De ahí precisamente la importancia que adquiere, en esta propuesta de salida, la fiscalidad, el modelo impositivo. Si afirmamos una serie de derechos básicos de ciudadanía, proclamamos la igualdad de oportunidades y queremos abrir al máximo el acceso al bienestar, hemos de abrirnos solidaria y responsablemente a hacer proporcionalmente nuestras las cargas que todo ello conlleva. Ahí se verá si lo que prima es el bien particular individual o el común de la mayoría social . Enrique Abad, responsable de Oxfam-Intermón en Navarra, va más allá abundando en la importancia del modelo y sistema fiscales para un proyecto de sociedad más humana y justa “Cómo se recaude, de quién y cómo se invierta el dinero público conformará el modelo de sociedad” .

c) La salida altermundista

* No sólo afirma que otro mundo es posible, sino que sostiene la posibilidad de un mundo “otro”, esto es, edificado sobre presupuestos y cimientos nuevos: distintos a los del capitalismo y socialismo históricos y reales, y también a los del capitalismo de rostro humano y a los del social-liberalismo en que, a menudo, ha venido a desembocar a la postre – al menos en Occidente – la socialdemocracia. Somos ya muchos y muchasquienes, a estas alturas, consideramos que ese mundo “otro” del que hablamos no sólo es posible, sino “indispensable y urgente” .

* La pretensión alternativa del altermundismo – contenida ya etimológicamente en esta misma palabra: “alter” – se ha expresado , en sus términos más generales, de diversos modos: “Del poder y la codicia a la compasión y el bien común”, dirán, por ejemplo, Manfred Max-Neef y Philip B. Smith . L. Boff se referirá al salto de una sociedad de sólo mercado y éste total, y de injusticia ecológica, a una biocentralidad en la que se establezca una nueva relación entre la Tierra y la Humanidad . Y aboga también por un gran paso del individualismo y la competitividad a la solidaridad y la cooperación, del crecimiento a la sostenibilidad. Otros popondrán el salto de un sistema socioeconómico orientado y medido en términos de mero crecimiento económico a otro que se proponga como objetivo un desarrollo humano integral. Para el profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid Antonio Antón lo que está en juego es el dilema entre una salida de la crisis regresiva e inaquitativa o, por el contrario, progresiva y justa en términos democráticos y humanos; si nos dirigimos hacia una sociedad sometida a los dictados de una economía liberal financiarizada, que es la que dirije la orquesta y marca el paso, o, de una vez, ponemos la economía al servicio de la sociedad.

* Hay un aspecto común, entre otros, a las propuestas altermundistas: su visión de la economía, aun en su más estricta concepción científica, indesligable de una visión global de la antropología, la cosmología, la ética, la sociología. Paul Krugman es, quizás, uno de los economistas que con mayor acidez ha cuestionado la ingenua pretensión de convertir la economía en una especie de ciencia positiva exacta al estilo de la física. Y ha denunciado el descaro y la impunidad de quienes, amparándose en tan errónea pretensión y en los informes de los pseudoexpertos a su servicio, han generado gran sufrimiento y conducido al desastre a países enteros .

*Hay dos tipos de vías de salida abiertas. Aunque la distinción no sea adecuada, sino imperfecta más bien, las podemos dividir en aquellas más doctrinales o teóricas, que provienen principalmente del mundo académico, y aquellas otras más prácticas y militantes – lo que no comporta en ellas mengua de racionalidad -, en tanto vinculadas a una gran multiplicidad de organizaciones, movimientos y corrientes sociales de objetivos y modos de operar tan diversos como diversa es la multidimensionalidad y configuración convivencial de lo humano. Entre las vías doctrinales, a su vez, unas parecen presentar intentos con aliento y alcance más globales (“Hacia un nuevo modelo económico social, sostenible y estacionario” , “Democracia Económica” “Derecho a decidir. Propuestas para el socialismo del siglo XXI” , “Contra la Crisis, Otra Economía y otro modo de vivir” …); otras en cambio muestran propuestas más limitadas y parciales (como “Hay Alternativas” , “Aldea Global, Justicia parcial” , “Sus Crisis, Nuestras Soluciones” …). Acerca de las vías que he denominado como más prácticas y militantes debería bastar con echar una mirada a nuestro alrededor. Al menos si, como dicen Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual, entre otros, somos capaces de “Cambiar las gafas para mirar el mundo” . A una mirada así, empeñada en reconocer, apoyar y promover utopías parciales, responde probablemente la obra “Movimientos Sociales y Alternativas de Sociedad” de Imanol Zubero. Y si queremos asomarnos un poco más allá de nuestro propio entorno, puede servirnos el panorama que recoge Rafael Díaz Salazar en “Justicia Global” . Su subtítulo es precisamente “Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre”.

3.- Algunas cuestiones y preguntas polémicas, pero insoslayables

a) una tipificación tradicional de las vías de salida enunciadas

* La primera es tenida como clara y totalmente “intrasistémica”. También la segunda lo es para muchos y muchas, además de constituir, para estos, un intento imposible de conciliación de opuestos. No obstante, esa segunda salida ha tenido una valoración y tipificación de “reformista” moderada. A menudo los partidarios de ella parecen estar convencidos de la posibilidad de ir hacia el cambio a través de cambios graduales. La tercera vía, por último, es la “altersistémica”, rupturista o radicalmente transformadora.

* Descarto la primera vía, ante todo, a instancias e imperativo de la realidad misma que, también hoy, viene constituyendo el mejor desmentido a los cantos de sirena del neoliberalismo. La descarto por un sentido elemental mínimo de decencia , democracia y justicia.

b) Cómo no saltarnos la realidad objetiva y las disposiciones subjetivas

* Efectivamente, descartada la primera vía, al buscar respuesta a las demandas del presente, hemos de contar, además del proyecto, con las posibilidades y límites de lo real, con las fuerzas indispensables y las disposiciones necesarias. Y hay que contar – lo expresaba muy nítidamente, en lógica formal, el Secretario de Organización del PSN – con “Un cambio que sea viable y real. No un cambio basado en quimeras, imposibles promesas o sueños milenaristas” . La gran pregunta es quién define y decide todo esto y en base a qué.

* En línea parecida, otro socialista, Diego López Garrido, comienza por reconocer que “Cualquier Gobierno será juzgado por el modo de enfrentarse a la crisis, que está degradando, con una profundidad inaudita, la vida y el trabajo de los hombres y las mujeres”. Pero advierte acto seguido que, al abordar el mencionado enfrentamiento a la crisis, debe evitarse polarizar la sociedad, así como todo radicalismo estéril y el peligroso populismo. No nos dice, sin embargo, en qué consisten y cómo evitar estos últimos; y se olvida, además, del marketing y la mentira de la política profesional y oficial que toca poder o trata de alcanzarlo. Un marketing que arrancaba esta confesión de quien es, en estos momentos, el Presidente de la Comisión Europea, Juncker: “Sabemos exactamente lo que debemos hacer; lo que no sabemos es como salir reelegidos si lo hacemos” –está pensando, por supuesto, en los votos conservadores – . O estas otras confesiones del profesor de Economía Félix Ovejero : …”todos, si quieren ganar, se arriman al populismo” y “no se ganan elecciones recordando verdades amargas y retos fatigosos”. Y pasa también por alto olímpicamente López Garrido, al mencionar su preocupación por la polarización de la sociedad, la denuncia sobre la “gran bifurcación”operada por el neoliberalismo: unos pocos ricos, muy ricos, en alianza con los cuadros técnicos y gestores, de una parte y, de otra, las clases medias empobrecidas y las clases populares de obreros y desempleados. Entre ambos polos se abre un abismo cada vez mayor .

c) Lo que se ventila, en definitiva, es el modelo de sociedad

*Lo expresa muy bien el sociólogo Antonio Antón: “En definitiva, lo que se ventila es la concreción del modelo social europeo, entre una salida de la crisis regresiva o justa y equitativa, entre el desmantelamiento del Estado de bienestar o las garantías para una ciudadanía social plena en una Europa más democrática, igualitaria y solidaria”. Este apunte al núcleo de la cuestión, a la elección del modelo, con todas sus diversas vertientes (económicas, sociales, políticas y culturales), lo expresa también nítidamente el profesor de Filosofía Política en París Jacques Rancière : “La democracia no es ni esa forma de gobierno que permite a la oligarquía reinar en nombre del pueblo, ni esa forma de sociedad regida por el poder de la mercancía. Es la acción que sin cesar arranca a los gobiernos oligárquicos el monopolio de la vida pública, y a la riqueza, la omnipotencia sobre las vidas. Es la potencia que debe batirse, hoy más que nunca, contra la confusión de estos poderes en una sola y misma ley de dominación”.

* ¿Es ilusoria o posible y realista la pretensión de batir en retirada a las oligarquías económicas y políticas, y de instaurar una ciudadanía social plena en una Europa democrática? A simple vista parece que habría que inclinarse por el lado de la ilusión y la imposibilidad. Pero creo que deberíamos mantener que ni el futuro está predeterminado, ni es predecible sin más. ¿Acaso preveían los expertos hasta qué punto se iba a imponer el proyecto neoconservador de salvaje desmontaje socioeconómico y político? El futuro va a depender, en gran medida, del desarrollo de la pugna política.

* Porque de esto se trata en última instancia, de política. Y esto es lo que hemos venido a plantear hoy aquí. Los modelos socioeconómicos son modelos políticos englobantes. Y esto es así por la misma naturaleza de la economía como ciencia humana y social, y por los presupuestos que le son inherentes. Por eso se estudia la Economía Política y por eso se debate de Política económica. Esto es lo que pretendíamos poner sobre la mesa hoy: la importancia y la centralidad de la política, cómo la entendemos, cuáles son sus mediaciones.

2º.- ALGUNAS CONSIDERACIONES NECESARIAS SOBRE LA POLITICA , SUS MEDIACIONES Y SUS POSIBILIDADES

1. Buscando futuro, una no prevista (y contrapuesta) coincidencia con el pasado

a) La clave está en la política

*He venido sosteniendo ya hace varias décadas, aquí casi en solitario, la influencia que ha tenido en el devenir posterior de nuestras sociedades aquel Informe Sobre la Democracia – Samuel Huntington fue uno de sus autores – emitido por el Conservadurismo y la Comisión Trilateral en los años 70 con motivo de la importante crisis por la que se atravesaba. Dicho Informe reflejaba un diagnóstico de situación y unas orientaciones para la superación de la crisis absolutamente políticos y que, a mi modo de ver, han ejercido gran influencia hasta nuestros días. Se decía entonces que las raíces de la crisis no estaban en la economía sino en la política; que unas democracias de participación ampliada no posibilitaban en lo más mínimo el normal desarrollo del sistema – capitalista, por supuesto -. La salida estaba cantada: democracias concentradas, restringidas, autoritarias. Es lo que necesitaba, obviamente, el capitalismo más liberal para campar a sus anchas.

*Y hete aquí que hoy, nada menos que el Nóbel de Economía y profesor de la Universidad de Columbia Joseph E. Stiglitz , contrastando la salida de la crisis de los años 30 y post-bélica con la deriva hasta hoy del periodo post-thatcheriano y post-reaganiano, afirma que nuestros quebraderos de cabeza presentes no son fruto de unas supuestas leyes inexorables de la economía. Sostiene que la gran pregunta que debemos hacernos no es sobre la economía sino sobre la política y que los cambios a introducir en las reglas de juego corresponden también a la política.

b) Qué política

* Se trata de decidir qué tipo de democracia queremos y si aspiramos a una economía que privilegie a los ricos o que sirva y tenga en cuenta a la inmensa mayoría de la gente. En referencia a tal elección, en medio de la gran niebla ideológica y política que la envuelve, Noam Chomsky dirá que “Pocas veces en la historia ha habido un momento en el que esta elección acarrease consecuencias humanas tan dramáticas” .

* Pero todo esto nos ha servido, al menos, para aprender dos cosas. 1ª/ Que, para ser social, un Estado tiene que ser democrático y, para ser democrático, tiene que ser social. Y 2ª/ que la razón sobre la que ello descansa es la inexorable conexión entre la organización del poder y el modo de definir y proclamar los derechos. Para que se entienda. Es claro, por ejemplo, que habría una contradicción insalvable entre una organización del poder del siglo XIX y una proclamación de derechos según el siglo XXI; y “que el poder concentrado (político, económico) no puede sino resistir la puesta en práctica de los derechos nuevos” .

2.- Recordando algunos criterios de aproximación a la política y sus mediaciones

a) Algunos principios básicos

* Hemos de distinguir, ante todo, entre meros gestores y políticos. Afirma Innerarity que, para manejar un presente chato y sin horizontes, bastan buenos gestores; pero que, para transformarlo, hay que responder a las esperanzas colectivas y tener en cuenta el futuro que ya el presente alberga: y que es precisamente para eso para lo que hacen falta los políticos y, también, una reconstrucción de la política . Rescato varias ideas: que la política ha de ser transformadora del presente y que, para ello, ha de recoger las aspiraciones colectivas y mirar hacia adelante.

* Pero ello comporta fundamentos y proyectos, o lo que denominamos la mediación ético-utópica de la política y de su práxis. Estas precisan de una antropología, esto es, de una concepción de lo humano y sus relaciones. Precisan de una cosmología, es decir, de una visión del Planeta, de la cadena global de la vida, del lugar y papel de las personas en ella, del universo. Precisan de una ética, a saber, de las visiones anteriores traducidas en valores y pautas normativas para la vida. Y precisan de lo que se ha denominado “utopía” o proyecto histórico. La utopía no consiste en la suma de aspiraciones ideales desatadas, ni es el simple sueño de un mañana feliz, aunque sí puede y debe ser un modo de poner luz en la noche y de ayudarnos a avanzar en medio de las sombras.

b) Compromiso con el presente: entre la realidad y el deseo, los límites y las posibilidades

* La utopía es realista, va apegada a la realidad, al presente. Ya hemos recordado a Agustín, para quien, con propiedad, sólo el presente tenía verdadera consistencia en su mente: el presente del pasado, el presente del presente y el presente del futuro.

* Un presente que entraña innegables condicionamientos de toda índole: psíquicos, físicos, individuales, sociales, de acceso al conocimiento, materiales, espirituales, de poder… Estos, y otros más, configuran los límites del presente. Pero éste contiene también sus propias potencialidades y posibilidades, que a menudo suelen coincidir con las grietas que aparecen en sus muros, en apariencia sólidos e inexpugnables. Precisamente porque toda realidad humana, por serlo, es siempre e inevitablemente mezcla de potencialidades y limitaciones, no aspiramos a mundos perfectos. Nuestra esperanza se centra, más bien, en futuros imperfectos siempre perfectibles. No estamos, pues, en esta historia nuestra, por ideales absolutos . Pretenderlos y – peor aún – concebir la ilusión de haberlos alcanzado, ha solido ser fuente de inmenso sufrimiento.

* ¿De qué nos sirve entonces la utopía?, surge la pregunta. Y la respuesta es que tiene aspectos prácticos tan evidentes que refuerzan su necesidad en el pensamiento y la acción políticos. Negativamente la utopía nos indica por dónde éstos no deben ir. Y, en positivo, nos sirve de brújula. No puede predecir ni predeterminar el futuro, pero sí puede ayudarnos a avanzar hacia un futuro más humano o a crear condiciones que lo vayan haciendo posible. Y es que la utopía aporta a la política los fundamentos humanos y las líneas- fuerza o motrices que la misma necesita. La política demanda razón, pero también convicción; técnica, pero también amor y pasión . Ante un proyecto histórico universalizable de mayor equidad y bienestar material puede brotar la objeción de si tal proyecto no conllevaría una pérdida de incentivos que, a la postre, podría representar un lastre para el desarrollo. Pero la objeción tiene fácil respuesta, incluso más allá del típico recurso a los estímulos espirituales. La utopía también aporta estímulos materiales y socioeconómicos: mayor cohesión social y, con ella, seguridad y paz; mayor desarrollo de las capacidades humanas y, con ellas y consiguientemente, desarrollo también de nuevas oportunidades, incluídas las económicas. Recientemente Paul Krugman ha dejado escrito: “A estas alturas no hay motivos para creer que confortar a los acomodados y afligir a los afligidos sea bueno para el crecimiento, pero sí hay buenas razones para pensar lo contrario”. Señala cómo la redistribución de los ingresos se “relaciona significativamente con un crecimiento más elevado y duradero”Y añade: “ Es decir, no hay indicios de que enriquecer más a los ricos enriquezca al país en su conjunto, pero hay pruebas fehacientes de los beneficios que tiene mitigar la pobreza de los pobres” .

c) A partir de lo expuesto, tres descripciones de la política

* Se trata de constatar la presencia o ausencia de la utopía en la concepción y práctica de la política.

* Destaco tres aproximaciones: 1ª/ Hay quien entiende la política como el arte de lo posible. La utopía no tiene papel ni cabida. 2ª/ Hay quien la entiende como el arte de hacer posible lo necesario. Se asume la utopía. Pero ¿quién determina y cómo se determina lo necesario, y cómo se hace posible sin violentar la realidad ni someterla a unos esquemas ideales preconcebidos? 3ª/ Y hay, por eso, quienes, muy modestamente, afrontan la política como un modo tal de ir encararando pacíficamente el presente que va abriendo, ya en él, un futuro nuevo. Podría ser el caso de multitud de iniciativas, distintas, parciales y cualitativamente nuevas.

3.- ¿Ante un futuro distinto, deseable y posible

a) ¿Hasta dónde puede llegar la acción transformadora?

* El manifiesto “Ultima Llamada”, firmado inicialmente por más de 250 personas de ganado prestigio, suscitó un importante debate en su momento. Uno de los interrogantes a propósito del mismo es “si es realizable cambio civilizatorio que implica el manifiesto” o si, por el contrario, no tiene un carácter tal vez demasiado apocalíptico”. Es significativa la crítica que le hace Jaume Grau . En su opinión, “Pedir cambios radicales, aunque estos puedan parecer necesarios, es de ilusos, porque refleja un profundo desconocimiento de la naturaleza humana”. Hace referencia previamiente a lo multidimensional de cualquier proyecto de cualquier proyecto con pretensión de globalidad. Y concluye con dos afirmaciones: 1ª/ Que, salvo la fuerza o una catástrofe de dimensiones globales, ambas a excluir, “no hay muchas vías para que se afiance un cambio radical a escala planetaria”. Y 2ª/ que lo único que podemos hacer es “Evitar catástrofes más limitadas”. Y se refiere, por ejemplo, al tratado de libre comercio o Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones, que se viene negociando en secreto entre Europa y EEUU. Su apuesta es por políticas realistas que ataquen puntos concretos claros.

* Resulta muy significativa también la respuesta de Pablo Iglesias (Podemos) a Pepa Bueno en entre vista en la SER . Viene a decir que, si se quiere hacer política, hasta el más radical tiene que pactar con la realidad y que, ahora, sólo se puede aspirar a una política socialdemócrata. Llegados a este punto, nos asaltan preguntas importantes sobre el modo de entender esta última. A mi juicio, aborda muy bien esta cuestión Joan Subirats Humet analizando la evolución del Estado de Bienestar. Básicamente nos recuerda tres cosas: 1ª/ Que el modelo “de delegación” que canalizó la reivindicación histórica de lo público está en crisis. 2ª/ Que hemos de “entender lo público como la capacidad colectiva de afrontar problemas comunes” y 3ª/ que hemos de repensar “el pacto social”, porque producir políticas públicas es más que proveer servicios y conlleva la capacidad de participación en las instituciones y control sobre ellas.

b) Las posibilidades de cambio en un cambio de época

* Se viene indicando hace ya bastante tiempo que no sólo vivimos una época de cambios, sino un cambio de época . Lo que inevitablemente comporta cambios epistemológicos, metodológico-científicos, valorativos, económicos, sociales, de estilos de vida, políticos, etcétera. Se trata, en una palabra, de lo que viene denominándose “cambio de paradigma”, entendido como cambio de la mirada, de la actitud, de la estructura mental, como el modo de estructurar y articular nuestra propia autocomprensión, la del universo que nos rodea y del que somos parte, y la de nuestro lugar y papel en él.

* Subirats , en una lograda y sugestiva imagen, compara el cambio de época con “un túnel a cuya salida no vamos a encontrar lo mismo que dejamos al entrar”. Lo que nos habla de novedades a este otro lado del túnel, que bien pueden significar en ocasiones potencialidades y posibilidades, viento a favor en suma. Mencionemos algunas, aunque ya hayan aparecido a veces en esta exposición:

– un nuevo humanismo, más social, ecológico, sensible a las cuestiones de género;
– recreación de la política: de mera gestión del presente a asunción de su proyección futura y de las esperanzas colectivas;
– otro modo de entender lo público: de delegación en el Estado a corresponsabilidad en los problemas comunes;
– la estrecha relación entre el modo de organizar el poder y la definición y proclamación de los derechos;
– del mero crecimiento al desarrollo humano;
– el sentido de ciudadanía como inspiración convivencial y fuente de configuración de sujetos sociales;
– solidaridad y cooperación como nuevos derechos internacionales, y los derechos humanos como derecho internacional;
– necesidad de renovación, ampliación y actualización del viejo pacto social;
– interdependencia y multilateralidad, etcétera, etcétera.

4.- Para concluir: dos miradas y dos actitudes contrapuestas

a) Las dos miradas

* Toda crisis, todo proceso de cambio, que no son algo puntual, comportan de algún modo nacimiento y muerte, algo que declina y algo que emerge. Con frecuencia la noche se resiste y el nuevo día parece que no acaba de encontrar su camino. Mariátegui captó bella y maravillosamente este contraste en “El Alma Matinal” . Alza su mirada a los países del Norte, especialmente hacia Europa, y los ve como configurando una civilización del ocaso. Todo declina: las creencias, las ideologías, las utopías, los valores. Hasta literariamente el tema del ocaso parece imponerse. Esta cultura del ocaso se dedica a negar, como si las cosas llegaran o hubieran llegado a su fin. Hoy día Occidente parece seguir tocando la misma música, aunque la letra sea distinta. Ahora todo es “post”: postmoderno, postindustrial, postreligioso… y hasta postcrisis. Lo que no es más que un modo nada encubierto de seguir mirando hacia atrás.

* Así como la primera mirada es la del ocaso, la segunda es una mirada matinal, del alba. Mira la realidad tratando de percibir en ella los dolores de parto, para ayudar al alumbramiento de realidades nuevas cooncebidas en el vientre de la realidad. Quizá por esto puede que algunos no entendamos muy bien determinadas confrontaciones entre realismo y utopía.

b) Las dos actitudes

* A las dos miradas corresponden dos talantes o actitudes: trasnochadores y madrugadores. Hay un espacio en que ambos se encuentran y cruzan. Pero, en tanto para unos el hoy sigue siendo un ayer prolongado e inacabado, para otros u otras en cambio el hoy representa ya un nuevo día que está llamando al trabajo.

* Así como la mirada trasnochadora y del ocaso suele ser actitudinalmente pesimista, la mirada matinal, por el contrario, se deja acompañar de un talante que, pareciendo contradictorio, no lo es en realidad. Se trata de la combinación entre pesimismo de la realidad y optimismo – más que simplemente del ideal – de la acción .

Guillermo Múgica

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