Qué Europa

LAS INSTITUCIONES Y LA IDEA DE EUROPA: DEL TRATADO DE LONDRES AL BREXIT.

Miguel Izu. Escuela Social de Barañáin, 19 de octubre de 2016

  1. Los precedentes de la idea de unidad europea.

-Victor Hugo y los Estados Unidos de Europa (1849)
-La Primera Internacional y la guerra franco-prusiana (1870)
-Movimiento Paneuropeo de Coudenhove-Kalergi (1923)
-Discurso de Churchill en Zurich (1946)
-La Unión de Federalistas Europeos (1946), el Movimiento Europeo (1947) y el Congreso de La Haya (1948)
-La Declaración Schuman (1950)

  1. El Consejo de Europa (1949-2016)

-El Tratado de Londres (1949)
-El Convenio y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (1950)

  1. Las Comunidades Europeas

-La Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1950-2002)
-La fallida Comunidad Europea de Defensa (1952)
-La Comunidad Económica Europea (1957-1986)
-La Comunidad Europea de la Energía Atómica (1957-2016)

  1. La Comunidad Europea (1986-2007)

-Tratado de Bruselas (1967): unificación de instituciones
-Acta Única Europea (1986): el mercado único

  1. La Unión Europea (1992-2016)

-Tratado de Maastricht (1992): los tres pilares de la UE
-Las Comunidades Europeas
-La cooperación en seguridad y defensa
-La cooperación en justicia e interior
-Tratado de Niza y Carta de Derechos Fundamentales (2000)
-La fallida Constitución para Europa (2004)
-Tratado de Lisboa (2007): simplificación institucional

  1. El euro y la Eurozona (1992-2016)

-Serpiente Monetaria Europea (1972)
-Sistema Monetario Europeo (1979)
-Unión Económica y Monetaria (1992)
-Banco Central Europeo (1999)
-El euro (2002)

  1. Las ampliaciones: la Europa de los seis a la de los veintiocho.
  1. Los fundamentos ideológicos de la construcción europea, del paradigma social al paradigma neoliberal

-Paz, progreso, desarrollo económico
-Competitividad y globalización

TEXTOS

Discurso de Victor Hugo en el Congreso de Amigos de la Paz (1849)

¡Un día vendrá en el que las armas se os caigan de los brazos, a vosotros también! Un día vendrá en el que la guerra parecerá también absurda y será también imposible entre París y Londres, entre San Petersburgo y Berlín, entre Viena y Turín, como es imposible y parece absurda hoy entre Ruan y Amiens, entre Boston y Filadelfia. Un día vendrá en el que vosotras, Francia, Rusia, Italia, Inglaterra, Alemania, todas vosotras, naciones del continente, sin perder vuestras cualidades distintivas y vuestra gloria individual, os fundiréis estrechamente en una unidad superior y constituiréis la fraternidad europea, exactamente como Normandía, Bretaña, Borgoña, Lorena, Alsacia, todas nuestras provincias, se funden en Francia. Un día vendrá en el que no habrá más campos de batalla que los mercados que se abran al comercio y los espíritus que se abran a las ideas. Un día vendrá en el que las balas y las bombas serán reemplazadas por los votos, por el sufragio universal de los pueblos, por el venerable arbitraje de un gran senado soberano que será en Europa lo que el parlamento en Inglaterra, lo que la dieta en Alemania, ¡lo que la Asamblea Legislativa en Francia! Un día vendrá en el que se mostrará un cañón en los museos como ahora se muestra un instrumento de tortura, ¡asombrándonos de que eso haya existido! Un día vendrá en el que veremos estos dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Europa, situados en frente uno de otro, tendiéndose la mano sobre los mares, intercambiando sus productos, su comercio, su industria, sus artes, sus genios, limpiando el planeta, colonizando los desiertos, mejorando la creación bajo la mirada del Creador, y combinando juntos, para lograr el bienestar de todos, estas dos fuerzas infinitas, la fraternidad de los hombres y el poder de Dios.

Manifiesto de la sección francesa de la Internacional y las sociedades obreras al pueblo alemán y a la democracia socialista de la nación alemana (1870)

A ambos lados del río en disputa, Alemania y Francia, tendámonos las manos, olvidemos los crímenes de guerra que los déspotas nos han hecho cometer unos contra otros. Proclamemos la libertad, la igualdad, la fraternidad de los pueblos. A través de nuestra alianza, fundemos los Estados Unidos de Europa. ¡Viva la República universal!

“Pan-Europa”, Richard N. Coudenhove-Kalergi (1923)

Hay dos problemas candentes que pesan sobre nuestro continente: la cuestión social y la cuestión europea; la lucha entre las clases y la lucha entre los Estados de Europa.

La cuestión social es el tema número de uno de la discusión pública: da origen y divide a partidos políticos y aparece miles de veces ante la opinión pública de todos los países.

Por el contrario, la cuestión europea, que no tiene menor importancia, ni siquiera se menciona. Muchos ni siquiera han oído hablar de ella. Es un problema relegado al ámbito de la literatura y de la utopía, nadie se lo toma en serio.

Y, sin embargo, de su solución depende el futuro de la nuestra cultura y el de nuestros hijos.

La cuestión europea se plantea en estos términos. ¿Puede Europa, con su división política y económica, garantizar su paz y su independencia frente a las potencias mundiales extraeuropeas emergentes o está forzada a organizarse en una federación de Estados para salvar su existencia?

Trotski, ¿Están maduras las condiciones para la consigna de los “Estados Unidos de Europa”?, artículo en Pravda (1923)

Junto con la consigna de “gobierno obrero y campesino” es el momento, en mi opinión, de avanzar con el de los “Estados Unidos de Europa”. Sólo mediante la vinculación de estas dos consignas tendremos una respuesta precisa, a la vez general y gradual, a los problemas más candentes de Europa.

(…) Para las masas trabajadoras de Europa, cada vez es más evidente que la burguesía es incapaz de restaurar la vida económica de Europa. La consigna de “gobierno obrero y campesino” satisface las aspiraciones de los trabajadores que desean cada vez más resolver la cuestión por sí mismos. Es preciso que señalen el camino de salvación de un modo más preciso, es decir, explicando que sólo la cooperación económica más estrecha entre los pueblos de Europa evitará la decadencia económica de nuestro continente y la sumisión al poderoso capitalismo americano.

Discurso de Winston Churchill en la Universidad de Zurich (1946)

Debo ahora resumir las propuestas que tienen ante ustedes. Nuestro constante propósito debe ser fortificar la fuerza de la ONU. Bajo, y en el seno de este concepto del mundo, debemos volver a crear la familia europea con una estructura regional llamada, quizás, los Estados Unidos de Europa. El primer paso es formar un Consejo de Europa. Si al principio todos los Estados de Europa no están dispuestos o capacitados para integrarse en la Unión, debemos proceder, no obstante, a unir y combinar a aquellos que quieren y pueden. La salvación de la gente normal de cada raza y de cada país, del peligro de la guerra o esclavitud, tiene que establecerse sobre sólidos fundamentos y deben estar protegidos por la voluntad de todos los hombres y mujeres de morir, antes que someterse a la tiranía. En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntas la cabeza. La Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética –y entonces todo sería perfecto- deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo: ¡Levantemos Europa!

Preámbulo del Tratado de Londres sobre estatuto del Consejo de Europa (1949)

Los Gobiernos de (…) Convencidos de que la consolidación de la paz, basada en la justicia y la cooperación internacional, es de interés vital para la preservación de la sociedad humana y de la civilización;

Reafirmando su adhesión a los valores espirituales y morales que son patrimonio común de sus pueblos y la verdadera fuente de la libertad individual, la libertad política y el imperio del Derecho, principios sobre los cuales se funda toda auténtica democracia;

Persuadidos de que para salvaguardar y hacer que se realice progresivamente este ideal y en interés del progreso social y económico, se impone una unión más estrecha entre todos los países europeos animados de los mismos sentimientos;

Considerando que, para responder a esa necesidad y a las aspiraciones manifiestas de sus pueblos, a partir de este momento se requiere crear una organización que agrupe a los Estados europeos en una asociación más íntima.

Han decidido, en consecuencia, constituir un Consejo de Europa (…)

Declaración Schuman (1950)

Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania.

Con este fin, el Gobierno francés propone actuar de inmediato sobre un punto limitado, pero decisivo.

El Gobierno francés propone que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común, en una organización abierta a los demás países de Europa.

La puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas.

La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible.

Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (1957)

 1957: La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y la progresiva aproximación de las políticas económicas de los Estados miembros, un desarrollo armonioso de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, una expansión continua y equilibrada, una estabilidad creciente, una elevación acelerada del nivel de vida y relaciones más estrechas entre los Estados que la integran.

1992: La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 3 A, un desarrollo armonioso y equilibrado de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un crecimiento sostenible y no inflacionista que respete el medio ambiente, un alto grado de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de empleo y de protección social, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.

1997: La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 3 A, un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, la igualdad entre el hombre y la mujer, un crecimiento sostenible y no inflacionista, un alto grado de competitividad y de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de protección y de mejora de la calidad del medio ambiente, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.

Tratado de la Unión Europea (1992)

1992    La Unión tendrá los siguientes objetivos:

-promover un progreso económico y social equilibrado y sostenible, principalmente mediante la creación de un espacio sin fronteras interiores, el fortalecimiento de la cohesión económica y social y el establecimiento de una unión económica y monetaria que implicará, en su momento, una moneda única, conforme a las disposiciones del presente Tratado,

-afirmar su identidad en el ámbito internacional, en particular mediante la realización de una política exterior y de seguridad común que incluirá, en el futuro, la definición de una política de defensa común que podría conducir, en su momento, a una defensa común,

-reforzar la protección de los derechos e intereses de los nacionales de sus Estados miembros, mediante la creación de una ciudadanía de la Unión,

-desarrollar una cooperación estrecha en el ámbito de la justicia y de los asuntos de interior,

-mantener íntegramente el acervo comunitario y desarrollarlo con el fin de examinar, con arreglo al procedimiento previsto en el apartado 2 del artículo N, la medida en que las políticas y formas de cooperación establecidas en el presente Tratado deben ser revisadas, para asegurar la eficacia de los mecanismos e instituciones comunitarios.

2007            Artículo 2. La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.

Artículo 3. 1. La Unión tiene como finalidad promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos.

  1. La Unión ofrecerá a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad y justicia sin fronteras interiores, en el que esté garantizada la libre circulación de personas conjuntamente con medidas adecuadas en materia de control de las fronteras exteriores, asilo, inmigración y de prevención y lucha contra la delincuencia.
  2. La Unión establecerá un mercado interior. Obrará en pro del desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente. Asimismo, promoverá el progreso científico y técnico.

La Unión combatirá la exclusión social y la discriminación y fomentará la justicia y la protección sociales, la igualdad entre mujeres y hombres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de los derechos del niño.

La Unión fomentará la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros.

La Unión respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo.

  1. La Unión establecerá una unión económica y monetaria cuya moneda es el euro.
  2. En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses y contribuirá a la protección de sus ciudadanos. Contribuirá a la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, la solidaridad y el respeto mutuo entre los pueblos, el comercio libre y justo, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos, especialmente los derechos del niño, así como al estricto respeto y al desarrollo del Derecho internacional, en particular el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
  3. La Unión perseguirá sus objetivos por los medios apropiados, de acuerdo con las competencias que se le atribuyen en los Tratados.

Bernard Cassen, El Estado de Bienestar europeo y la Globalización (2004)

En Europa, son los neoliberales, de derecha o de izquierda, quienes están enterrando el modelo social construido tras la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, la Constitución europea, sobre la que ustedes en España se van a pronunciar el 20 de febrero de 2005, no aporta estrictamente ninguna garantía. Por el contrario, me parece que se trata de un instrumento de regresión social dado que sacraliza y santifica la ideología y el modelo económico del neoliberalismo.

Ayer en el avión leí un periódico financiero francés que se llama La Tribune. El título de la primera página era “Jueves negro para el empleo en Alemania”, y el artículo anunciaba una serie de despidos y de catástrofes. Nos encontramos frente a un fenómeno nuevo, no previsto por las teorías económicas: el del crecimiento sin empleo. Existe crecimiento en Estados Unidos, en Francia, pero éste no va acompañado de creación de empleo. El nivel de empleo no se corresponde con el crecimiento. Se constata que los beneficios de las grandes empresas aumentan de manera espectacular cuando el gobierno y la patronal lanzan un ataque frontal contra las conquistas sociales y, en el caso de Francia, contra la ley de las 35 horas de trabajo semanales.

En este sentido, varias empresas francesas, los empleados, se han visto obligados a trabajar más, por el mismo salario, si deseaban conservar su empleo. La empresa BOSCH, situada cerca de Lyon, y que cuenta con más de 800 empleados, ha pasado a 36 horas semanales sin aumento de salario. Los trabajadores no podían rechazar la oferta, ya que los directivos habían amenazado con llevarse la empresa a Europa del Este.

Las deslocalizaciones no sólo influyen sobre una parte limitada de la producción de bienes y servicios (algunos tantos por cien) sino que constituyen una espada de Damocles constantemente suspendida por la patronal sobre la cabeza de los empleados. La ampliación de la Unión Europea de 15 a 25 miembros, sin un esfuerzo de solidaridad comparable con el desarrollado por Alemania del Oeste en beneficio de Alemania del Este tras la caída del Muro, no es más que una ampliación del mercado de las grandes empresas del Oeste. La Constitución europea no prevé ni permite la armonización social y fiscal. Facilita, incluso diría que organiza, el dumping fiscal y el social.

Evidentemente, este fenómeno no se limita a las fronteras de la Unión europea: se extiende al conjunto del planeta, y tiende a destruir sistemáticamente los sistemas sociales más avanzados con el pretexto de la competencia y la competitividad. El “modelo social europeo” va a ser la primera víctima.

La construcción europea, tal y como se ha desarrollado desde hace medio siglo, ha sido “vendida” a la opinión pública sobre la idea de que se transferían, a nivel supraestatal, competencias de regulación de la economía y de lo social por la política, ejercidas más allá del nivel nacional. Esta era la teoría. En la práctica, no se han encontrado estas capacidades de regulación política a nivel supraestatal. Éstas se han abandonado en beneficio del mercado siendo confiadas a instituciones no responsables y desprovistas de la legitimidad democrática que únicamente el sufragio universal puede conferir: la Comisión europea, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas y el Banco Central Europeo.

Progresivamente se ha llegado a una situación de desconexión total entre la economía y las finanzas por una parte y la política por otra. Ciertamente, y por fortuna, cada ciudadano tiene libertad para decir lo que desea, y votar lo que quiere. Pero, sobre cuestiones esenciales, la papeleta de voto tiene cada vez menos importancia, ya que las reglas de juego no están fijadas por el político, sino que han sido transferidas a nivel europeo a instituciones fuera del alcance de los ciudadanos y del control democrático.

Deseo leer una declaración del presidente de la patronal alemana publicada en La Tribune, en el número del que he hablado hace un momento: “Para mí, el papel de los políticos es aplicar condiciones favorables a un buen entorno económico, reduciendo fundamentalmente la presión fiscal y social. El comercio, por el contrario, es nuestro negocio”. Es decir, según él, el Estado está para rebajar los impuestos, para disminuir el nivel de las conquistas sociales, mediante las cuales las empresas podrán seguir prosperando. Estamos a punto de realizar un gran salto hacia atrás entrando en un sistema que hace volar en pedazos las obligaciones legales, fiscales, ecológicas, etc.

Un concepto de David Ricardo, de hace más de dos siglos, está a punto de recuperar nuevamente la juventud: la ley de bronce de los salarios. La tesis de Ricardo es que los salarios convergerán hacia el mínimo que asegura la supervivencia de los trabajadores: no deben morir, por lo que hay que alimentarlos. No demasiado, pero bastante como para que puedan trabajar. Con la mundialización del mercado de trabajo, y sobre todo con la entrada en escena de China e India, en lo sucesivo no existirán límites a la bajada de los salarios. El fenómeno se desarrolla también en el seno de la Unión Europea de los 25, debido a las fuertes disparidades en términos de salarios y de protección social entre, por ejemplo, Alemania y Francia por un lado y Estonia y Eslovaquia por otro.

Actualmente, se deslocaliza o amenaza con deslocalizarse en Eslovaquia. Hasta que Eslovaquia sea demasiado cara, no solamente para actividades de fuerte intensidad de mano de obra sino para producciones altamente cualificadas. Entonces se deslocalizará en China meridional y, cuando sea demasiado cara, se irá hacia el interior del país donde las reservas de mano de obra son ilimitadas.

De esta manera se observa que otra de las teorías ricardiana, la de libre cambio, deja de funcionar: ya no hay ventajas comparativas, climáticas u otras, que lleven a los países a especializarse. Se puede hacer de todo, en el mundo, por todos. En un gran número de especialidades se encuentran ingenieros tan cualificados en India o Vietnam como en España o Francia. La única diferencia es su nivel de remuneración que se sitúa en una relación de 1 a 10 o a 20, o más. Incluso las actividades de los especuladores profesionales de la Bolsa, las de los traders, están deslocalizándose, lo que es, en cierto sentido, una venganza de la historia. Mira por donde, en la actualidad estamos a nivel mundial.

Desde este momento, nos encontramos en una situación de inseguridad generalizada, que el neoliberalismo produce y mantiene. ¿Puede la Constitución europea, que debe ser ratificada por los Veinticinco, mantener a raya esta espiral? Mi respuesta es rotundamente no.

Recordemos algunos hitos de la historia. En los años 50, la vía elegida por los Padres de Europa, y que se encuentra recogida en el Tratado de Roma de 1957, fue la de la integración económica que, para recuperar la fórmula de Jean Monnet, crea “solidaridades de hecho”, engranajes. La herramienta de esta integración es la competencia, pero esta herramienta se ha transformado en filosofía general, válida en cualquier circunstancia.

El Acta Única y el Tratado de Maastricht de 1992 tendentes a eliminar todos los obstáculos del mercado único han acelerado un proceso de homogeneización de las políticas económicas y sociales de los miembros de la Unión. En este sentido, teóricamente eran posibles dos vías: una armonización de las normas, progresiva, por arriba y una armonización de estas normas por el mercado, es decir por abajo. Mayoritariamente se ha elegido la segunda vía.

Esta desviación se ha visto facilitada por el modo de decisión comunitaria: el monopolio de la propuesta de actas legislativas reconocido en la Comisión por los Tratados y la decisión por el Consejo, es decir por gobiernos que actúan sin control parlamentario nacional digno de este nombre. Al filo de los Tratados siguientes, el Parlamento Europeo ha ganado ciertos poderes de codecisión, pero no tiene ningún poder de iniciativa.

De hecho, este dispositivo ha funcionado perfectamente al servicio de la generalización de las políticas liberales, pues él se apoyaba sobre una convergencia ideológica entre el ejecutivo de Bruselas y los gobiernos. Desde comienzos de los años 80, los gobiernos europeos -que se autodenominan de derechas o izquierdas- se han adherido a esta opción, si bien han logrado un hábil juego de manos: han asumido sus elecciones políticas ante sus opiniones públicas, han logrado que se adopten, a pesar de su impopularidad, invocando “Europa”, las “tensiones europeas”, etc., olvidándose de decir que estas elecciones eran las suyas y que “Europa” ¡eran ellos!.

En los propios principios de la Constitución que se nos pide ratifiquemos, y que se recuerdan un poco en todo el texto, pero fundamentalmente en su tercera parte, las normas superiores de las que surgen todas las demás son las de la “competencia libre y no falsa” y el libre intercambio.

Vicenç Navarro, Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit (2016)

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.

El rechazo de las clases populares a la UE

Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando

Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renta familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renta media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido

Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).

La supuesta excepcionalidad de España

Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.

Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!

Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.