Trabajo digno para una sociedad decente

1º.- A MODO DE PREAMBULO: APRECIACIONES OPUESTAS, AMBIGÜEDADES Y SUEÑOS FALLIDOS

1.- Percepciones y apreciaciones opuestas del trabajo: De dos tipos:

a).- Respecto al trabajo como actividad humana:

– Ya en torno a los siglos VIII o VII a. C., Hesíodo, el poeta griego más antiguo, afirmaba en “Los trabajos y los días” que era preciso trabajar para ser honrado.

– En cambio tres o cuatro siglos más tarde, entre los siglos V o IV a. C., Platón sostenía que el trabajo manual es tan degradante que nadie, por poco honorable que fuere, aceptaría entregar su hija a un artesano, ni desposarse con la hija de este.

– Hoy, por el contrario, a más de veinte siglos de distancia, el catedrático emérito de la parisina Universidad de la Sorbona Nicolás Grimaldi cree que estamos llamados a preguntarnos si el trabajo no es una función de la vida, si ésta no es originaria y esencialmente laboriosa.

b).- Respecto a la problemática actual en torno al trabajo:

– De un lado, hay quienes están convencidos de saber qué pasa, por qué está pasando, cuáles son sus efectos desastrosos, por dónde no hay salidas a la situación actual y por qué vías habría que ir a encontrarla. Pongamos por ejemplo, entre nosotros, un Vicens Navarro, Juan Torres, Alberto Garzón, Imanol Zubero…, y, aunque más lejanos y en ondas diversas, un Stiglitz, Krugman, Schweickart, etc.

– De otro lado, a pesar de la múltiple floración teórica y práctica (quizás como nunca antes) de propuestas y experiencias nuevas en casi todas las áreas de la vida en sociedad, no faltan quienes siguen pensando y afirmando que no hay salidas, que no hay alternativas. Y plantean además dicha ausencia como lo más grave del momento presente.

2.- Ambigüedades y ambivalencias: Apuntaré tres que nos sugieren la cara y la cruz, el anverso y el reverso del trabajo:

a).- Libertad y alienación:

– El trabajo libera. Niega la inercia que tiende a que todo ‘se mantenga’ tal-cual en el tiempo. En este contexto, el trabajo es principio de cambio, lo que hace que algo ocurra. Comporta, por eso, cierta dosis de proyecto o utopía, cierta militancia del futuro en el presente: la obstinación de un futuro que tiende sin cesar a amanecer en el presente (Grimaldi). En este sentido puede hablarse y se ha hablado de la honorabilidad del trabajo.

– Pero, simultáneamente, al tiempo que nos libera, el trabajo, a menudo, sólo lo hace sujetándonos, encadenándonos, alienándonos. Y, en este sentido, es envilecedor.

b).- Transcendencia y constreñimiento de lo real:

– Unidas las potencialidades de lo real (lo que aún no es, pero puede o está llamado a ser) y la creatividad y las capacidades humanas en desarrollo, la persona exige y trata de no dejarse determinar ni deformar por lo existente, por la materialidad de las cosas. Y esta capacidad de transcender lo dado mediante la mediación del trabajo sustenta y refuerza el valor y la dignidad de la persona.

– Pero no podemos escapar de la realidad, de sus límites y de su potencial limitante de cualquier albedrío que se pretendiera absoluto y sin freno. Por otro lado, como seres de necesidades, ‘dependemos’ de la naturaleza y el entorno (de los que, por cierto, somos parte). Y ese necesario contar con lo realidad, como esta necesaria dependencia de la misma nos llevan a un cuerpo a cuerpo constante, que nos constriñe, con la naturaleza y el medio envolventes.

c).- Vivir sin vivir:

– Si, por una parte, el trabajo se nos presenta como una función originaria y esencial de la vida, y, por eso mismo, es, entre otras cosas un medio de vida (esto es, necesitamos del trabajo para vivir),

– por otro lado, el trabajo ha sido experimentado realmente demasiado a menudo por múltiples razones como una negación de la vida; no sólo como un desvivirse, sino como un verdadero ‘sin-vivir’.

3.- Sueños fallidos:

a).- De trabajar para vivir:

Veníamos del Estado Social, del Estado de Bienestar, de la Socialdemocracia; de las sucesivas revoluciones industriales con la eclosión de las ciencias y la técnica, y con el consiguiente incremento de la productividad; y del período más largo de bonanza económica (al menos hasta los años 70) tras las dos guerras mundiales. En este contexto, de lo que se trataba era de trabajar ‘para vivir’: un vivir vinculado a un bienestar material presente y una seguridad de futuro.

b).- A un imaginario vivir sin trabajar:

Los ya mencionados avances científico-técnicos, así como el incremento siempre creciente de la productividad contribuían sin duda objetivamente no sólo a humanizar la actividad humana laboral, sino a la liberación de tiempo de trabajo para la vida en general. De negación de vida, el trabajo había pasado a ser el medio y la oportunidad de recuperarla. Hay quienes comienzan a hablar (sin duda con excesivo optimismo y cierta precipitación) del pasaje de la civilización del trabajo a la ‘civilización del ocio’. En suma, aparece en el horizonte la posibilidad y el sueño de vivir sin trabajar, en el sentido al menos de que el trabajo deje de constituir la centralidad de la vida. Pero con lo que hoy nos encotramos al despertar del sueño es con que lo que ha venido no ha sido la civilización del ocio, sino un paro galopante, y ‘la cultura del descarte’ y del kleenex.

c).- Y el doloroso aterrizaje en un vivir “para” trabajar:

Que, como ya se ha indicado, es un ‘sin-vivir’, la negación misma de la vida en toda su riqueza y multidimensionalidad. El trabajador pasa a ser una mercancía más, una mera pieza instrumental y utilitaria, un coste de producción. En esa misma medida, no sólo se ve privado de su valor y dignidad personales, sino que se le desposee de su propiedad primordial, inalienable y que, en cuanto a sus mínimos indispensables, no puede ser objeto de mérito: la vida.

2º.- APUNTES SOBRE LA REALIDAD Y SITUACIÓN ACTUALES DEL TRABAJO:

Me detendré en tres aspectos:

1.- Espigando algunos datos y constataciones:

a).- Unas pocas cifras significativas:

– En el país en su conjunto: Según los datos de la EPA del tercer trimestre de 2015 el paro estaba situado en el 21,18%. A destacar unos cuantos datos: * que el descenso del paro (en buena medida por el descenso de población activa y por un trabajo de temporada en servicios) no se ha correspondido con un aumento del empleo, que ha sido menor; ** que ha descendido el trabajo a tiempo completo y se ha incrementado el número de trabajadores a tiempo parcial; *** y que el 60% del total de parados es de larga duración, habiéndose incrementado su número en 300.000 y alcanzando la cifra de 2.942.000.

– En Navarra: El paro alcanzaba, según estudios recientes, al 13,5% de la población activa. Y habría que acentuar unas cuantas notas relevantes: * La temporalidad y precariedad laborales; ** los efectos de la reforma laboral, que, en sus más de tres años de vigencia, se ha cebado especialmente en las empresas de menos de 50 trabajadores empeorando las condiciones de sus trabajadores con incremento de jornadas, reducciones salariales por debajo de los convenios sectoriales, creación de nuevas categorías profesionales y elaboración de nuevos contratos…; *** un tercio de los trabajadores son mileuristas con las limitaciones existenciales que ello comporta; **** unas 100.000 personas están en riesgo de exclusión social y 30.000 malviven en situación de pobreza severa.

– Una suma inquietante: La suma de paro, precariedad y pobreza constituyen una mezcla peligrosa. Generan desigualdad y desequilibrio, rompen la cohesión y abren una profunda brecha social. Y, cuando esto ocurre, declina la democracia y emergen autoritarismos y populismos.

b).- Se ha dado una triple claudicación por parte de las instituciones:

– En la defensa del derecho ‘al’ trabajo (cfr. art. 35,& 1, Constitución).

– En la defensa de los derechos ‘en’ el trabajo, y de los derechos sociales en base a una desregulación creciente y a un paulatino recorte de derechos bajo pretexto de la crisis, sus exigencias y el deber de obediencia a unas directrices emanadas del marco globalizado transnacional y supraestatal al que estamos adscritos como miembros de la UE. (Con arreglo a todo ello ¿dónde queda y cómo queda el Cap. III de la Constitución acerca “De los principios rectores de la política social y económica” y de las obligaciones protectoras por parte de los poderes públicos?

– En la defensa del bien general o común, y de la protección social universal.

c).- Recogiendo unas rápidas valoraciones de urgencia:

– El profesor y Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz plntea la necesidad de “reescribir las reglas del capitalismo y del mercado en el sentido opuesto al que lo hicieron Reagan y Thatcher, quienes en los 80 las escribieron a su vez en beneficio del 1%”.

– Leonardo Boff va más allá y afirma que “Vivimos tiempos de barbarie explícita”. Para él no otra cosa significan que el 1% de la población rica controle cerca del 90% de toda la riqueza mundial y que, en 2014, sólo 85 opulentos tuvieran un capital equivalente a la suma del dinero poseído por la mitad más pobre del planeta, es decir, por 3.500 millones de habitantes.

– Ya en 1931 Pío XI ,(Quadragésimo anno), decía algo perfectamente aplicable al presente : “la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz”. Poco antes el Papa se había referido a la acumulación de recursos y de poder, a las limitaciones y la falsedad de la libre competencia de la que sólo sobreviven los más poderosos,”lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia”.

– El Papa Francisco proclama un NO rotundo a la que denomina “economía de la exclusión y la inequidad” y afirma taxativamente a continuación: “Esa economía mata” (. 53, EG). No se trata de una consideración piadosa que brota de un buenismo irrealista. Hace pocas semanas Paul Krugman, también él catedrático y Nobel de Economía llamaba la atención sobre el hecho de empresarios dispuestos a aceptar que gente muriese con tal de obtener beneficios. Seguro que sabía de qué estaba hablando y que el tema no era ficción cinematográfica.

2.- Trabajo es una expresión conceptualmente problemática:

a).- Es una expresión polisémica:

– ¿Qué entendemos por trabajo? ¿Todo dinamismo o proceso de transformación, naturaleza entera incluída? ¿Tosa y sólo la actividad humana? Hoy no hay al respecto una postura unánime.

– ¿Son lo mismo, equivalentes e injtercambiables ‘ocupación’, ‘trabajo’ y ‘empleo’? ¿Configuran realidades distintas? No es lo mismo una ocupación de ocio que prestarle un servicio desde el voluntariado o atenderla en virtud de un contrato mercantil.

– ¿Es el trabajo meramente un medio de vida? ¿Es, más bien, una necesidad vital: para ejercitar y desarrollar las propias capacidades, para hacer frente a las necesidades, para la realización de los anhelos de una vida y convivencia mejores, para la integración social y la asunción corresponsable de los deberes de contribución al bien general (sobre todo de los más débiles), en suma para hacer más habitable este mundo? ¿No es la vida originaria y esencialmente laboriosa?

b).- Dos definiciones de trabajo que me gustan:

– Trabajo es toda actividad socialmente útil.
– Trabajo es toda actividad que se precisa para hacer d este mundo un lugar habitable.

c).- ¿Qué es lo que, en última instancia, dignifica y da valor y sentido al trabajo?

Estoy con quienes sostienen que es:
/ la condición humana de quien realiza dicha actividad,
/ poniéndola al servicio de un proyecto humanizador integral
/ e incorporando al mismo los dinamismos y procesos de transformación en el mundo natural (hoy, por ejemplo, la ecología nos señala dinamismos y ritmos de recuperación y regeneración de la naturaleza, así como límites a su explotación que son de obligada atención).

3º.- UNA CUESTION MUY DE FONDO.

1.- Una engañosa apelación a la razón:

Al exponer este tema en la Escuela Social de Tudela, hubo un asistente que me expresó su decepción porque había esperado una exposición que tuviera – en sus palabras – “un mayor contenido económico”.

A mi modo de ver – y el de respetables autores como Stiglitz – el problema reside en qué entendemos por economía. Porque hay planteamientos, adornados con el aura de una supuesta racionalidad económica, que nada tienen de ciencia por más que estampáramos en ellos el sello de Harvard o de Oxford. Apestan a avaricia, rapiña y explotación travestidos de posibilista buena voluntad. Pongamos el caso extremo de los contratos de cero horas en el Reino Unido. Se trata de esclavitud pura y dura: ninguna garantía ni de horario ni de sueldo, pero disponibilidad total respecto al contratante. ¿Acaso es Economía que el 1% de la población acapare el 90% de la riqueza mundial? Con razón, en 2013, afirmaba el Papa Francisco en su visita a Lampedusa: “… hemos perdido el rumbo; ya no estamos atentos al mundo en el que vivimos; no nos importa […] En nuestro mundo, hoy, nadie se siente responsable”.

Se ha intentado reducir la economía a una ciencia como la matemática o la física. Pero “la economía no funciona del mismo modo que la física”, afirma rotundamente Stiglitz. Forma parte de las denominadas “ciencias humanas y sociales”. Lo que nos fuerza a tomar en consideración algunas cosas. Por ejemplo: que hemos de plantearnos qué proyecto de vida y de sociedad queremos construir para, desde ahí, configurar cuánto y qué tipo de trabajo necesitamos; o que debamos considerar que la vida tiene valor, pero no tiene precio y que, en consecuencia, unos mínimos de subsistencia probablemente no pueden ser objeto de mérito. No nos sorprende, por tanto, que, en un artículo de este mismo mes, Stiglitz concluya denunciando, en la línea de lo que venimos diciendo, a quienes han “dado la espalda a la ciencia en un momento en el que esa actitud pone en peligro nada menos que el futuro de la civilización”. Y termina con rotundidad: “Esa es la verdad y hay que afrontarla sin rodeos”.

El mes pasado, en un diario local, Gabriel Mª Otalora abogaba por una visión más universal e integral de la economía como ciencia. Par él, ésta debía integrar eficiencia, equidad social y preservación medioambiental, al tiempo que debía saber limitar un crecimiento insostenible y pensar más en el desarrollo de los seres humanos.

2.- La razón científica que necesitamos:

Debe ser, por supuesto, rigurosa y crítica, y postular un saber de la misma naturaleza. Rigor analítico contrastado, por tanto. Y, previamente, honestidad con la realidad.
Pero dicha razón debe superar el reductivismo economicista. Y debe hacerlo en un doble sentido:

– Debe reconocer, por un lado, que, tras la crisis económica, nos hallamos ante una honda y grave crisis antropológica y cosmológica; y, en consecuencia, también axiológica y ética. Porque éstas, a la postre, derivan de nuestras visiones antropológicas y cosmológicas, puestas en clave de valores, fines y pautas normativas.

– E igualmente debe reconocer, por otro lado, la necesidad, en contra del cientificismo moderno, de un saber que sea simultáneamente ‘sensible’ y ‘comprometido’. Sensible respecto al dislocamiento y sufrimiento de un mundo y una sociedad maltratados, y esto, además, encarado desde el reverso de la historia presente. Y comprometido con la responsabilidad de poner coto a tanto desmán y arrimar el hombro a la transformación del presente.

3.- Un problema de fundamentos, es decir, cultural y político:

Desde hace mucho tiempo vengo sosteniendo que la crisis actual es, en su sustrato más hondo, una crisis de fundamentos. Los postulados de la modernidad y de la posmodernidad, además de entrar en contradicción con la realidad cotidiana actual, ya no sirven para fundar y legitimar satisfactoriamente el sistema imperante. Son incapaces de generar consenso y cemento social aglutinante. Necesitamos edificar desde fundamentos nuevos. Y éste es un gran reto ideológico-cultural y político.

Comparto por eso el criterio del novelista (“El último día de Terranova”) Manuel Rivas cuando afirma: “Los problemas importantes y de verdad son los culturales, el resto son problemillas”. Esto lo dice tras denunciar una “economía canalla” que “siempre castiga al más débil”. Y estoy con Stiglitz cuando el mes pasado, valorando la situación económica actual, la veía como un problema político y de ideologías. Y remarcaba que nos hallamos ante unos líderes que se aferran a unas ideas desacreditadas.

4º.- QUÉ ENTENDEMOS POR TRABAJO DIGNO Y SOCIEDAD DECENTE.

No se trata de moralina barata.

1.- Trabajo digno:

Hablamos de “trabajo digno” porque una de las más hondas heridas y de los más graves sufrimientos que provocan el abuso y la precariedad en el trabajo, la carencia del mismo y el verse descartable es el “sentirse sin dignidad” . No es de extrañar que organizaciones, colectivos y movimientos diversos, agrupados como “La Plataforma Alternativa”, (muy crítica con las políticas impulsadas por el FMI y por el BM, en particular en lo que atañe a las políticas laborales), en la denominada “Declaración de Lima” de Oct. de 2015, abogaran explícita y decididamente por la promoción de un “trabajo digno y decente”. Más recientemente, en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en la Carta de Santa Cruz (Bolivia), se encabeza el nº 3 con este rotundo propósito: “Defender el trabajo digno”. Se entiende, pues, por trabajo digno aquél que toma en consideración y respeta el valor y la dignidad integrales de los sujetos que lo realizan.

2.- Sociedad decente:

Y al abogar por una “sociedad decente”, nos referimos a “aquella en que las instituciones no humillan a las personas”, en que la organización social gira en torno a la dignidad, la integridad de las dimensiones y relaciones de las personas, así como a la búsqueda en sostenibilidad del bien general de las mismas; y no en torno a un economicismo desnudo.

5º.- TRES RETOS A SUPERAR Y TRES LIMITES A PONDERAR

1.- Tres retos a afrontar:

a).- El reductivismo:

Me estoy refiriendo a la reducción del trabajo a empleo, a actividad asalariada, a simple mercancía; a una concepción exclusivamente utilitarista, instrumental y productivista del mismo; a no tomar en consideración la producción de toda una serie de bienes no sujetos al mercado, como los reproductivos y del cuidado, o actividades que promueven valores posteconómicos o bienes denominados intangibles…

b).- El antropocentrismo exacerbado:

Hace de la persona el centro absoluto de todo y convierte la Naturaleza en puro ‘objeto’ de dominio y explotación. En estos momentos destruímos anualmente casi un 50% más de lo que la Tierra puede reponer. Esta necesita año y medio para poder reemplazar lo que se le quita en un año. De universalizarse nuestro modelo, necesitaríamos tres planetas como el que habitamos. Con lo que el modelo se ha vuelto ya peligrosamente insostenible. Estamos matando la biodiversidad, no respetamos los ciclos regenerativos y lo que ponemos en peligro es la vida misma en su cadena global.

Hemos olvidado la relación de todos y de todo con todos y con todo.

c).- El androcentrismo:

Introduce desigualdad y división por razón de sexo y de género (atribución cultural de roles). Al hacerlo, no toma en consideración, no valora ni ‘a-precia’ no sólo las actividades reproductivas, sino tampoco otras tareas que culturalmente se han asociado a la mujer. Por otra parte, el androcentrismo hace que, como se reconocía recientemente, a igual actividad las mujeres perciben de media, según datos oficiales de este mismo mes de Diciembre, un 23% menos que los varones.

2.- Tres límites a ponderar.

a).- El tecnológico:

Superadas las revoluciones del carbón y del hierro, del petróleo y la electricidad, hoy nos encontramos ante una gran y acelerada revolución industrial basada en el conocimiento y las nuevas tecnologías (información y comunicación, biotecnología, nanotecnología…). No se trata sólo de la automatización, que por cada nuevo empleo se calcula que destruye 4; es la rapidez de los cambios la que convierte en inadaptadas y obsoletas a personas y cosas descartándolas y demandándoles una flexibilidad y adaptación constantes. El mundo laboral se torna así, de suyo, más exigente y competitivo.

Las nuevas tecnologías favorecen la descentralización y deslocalización de las empresas.

Y tiene lugar una notable inversión de valores: vender y consumir es más importante que producir. Y esto determina el qué y cómo se produce.

b).- El ecológico:

Es de sobra conocida la insostenibilidad del actual sistema capitalista. Lo acabamos de apuntar un poco más arriba: el agotamiento de recursos, la huella ecológica, la incapacidad de regeneración, el calentamiento global por la misión de gases de efecto invernadero… nos abocan hacia una frontera infranqueable que no debemos traspasar. Y nos impelen a operar cambios sustanciales en nuestros modelos de vida y de organización social (en nuestras relaciones sociales).

Claro que hay quienes, como Leonardo Boff, perciben en la oscuridad de esta noche el despunte de una luz: “El capitalismo – dice L. Boff – será derrotado por la Tierra”.

c).- El económico:

Este límite que llamo ‘económico’ vendría dado por la globalización neoliberal de hegemonía financiero-especulativa. Respecto a aquella decía Zygmunt Bauman en un artículo del mes pasado en El País: “no podemos hacer nada para controlar las asombrosas fuerzas de la globalización escurridizas y lejanas”. Bien es verdad que añadía – y habrá que decirlo también en honor a la verdad – : “al menos podemos desviar el enfado que nos producen y descargarlo […] sobre sus consecuencias, que están cerca y a nuestro alcance”.

Pero mencionaba un límite económico, que consiste en que el ser humano necesita del trabajo para vivir, pero el capital no necesita del trabajo humano para crecer. Le basta con especular. Aunque, ciertamente, siempre hay alguien que paga las consecuencias.

6º.- ¿HAY SALIDAS? UNA RESPUESTA AFIRMATIVA EN EL MARCO DE UN HORIZONTE SIEMPRE IMPERFECTO

1.- Algunas consideraciones previas:

a).- No ignoramos la dificultad.

La internacionalización de la economía, el proceso de globalización, la interdependencia… tornan muy difícil – por no decir imposible – cualquier intento de salida en solitario. Por otro lado, hoy por hoy, parece impensable que pueda darse un ataque global al capitalismo global.

b).- Pero algo se puede hacer y este algo es importante:

– Lo es si entendemos “la alternativa” no como un sueño ideal de futuro, sino como un modo de encarar el presente que va abriendo posibilidades y condiciones para un futuro mejor. Y también si la entendemos como suma y acumulación, inclusivas y resituadas, de tantas y tantas iniciativas parciales prácticas y teóricas.

– Y esa posibilidad requiere promover una serie de condiciones generales mínimas:

/ más democracia y un humanismo renovado;
/ que la política embride a la economía, para que ésta sirva a las personas;
/ más regulación;
/ otra concepción del trabajo humano (necesidad vital, en el marco de otros estilos de vida);
/ cambio en los modelos productivos (vg.: ‘economía circular’, que rompe el modelo lineal de extraer, producir, consumir y tirar…);
/ cambios en la organización, objetivos y políticas empresariales (economía social, aprovechamiento de capacidades, utilidad social, políticas e interelaciones territoriales…);
/ apoyo institucional y mecanismos de diálogo y concertación sociales fuertes e inclusivos (representación de todos los actores socioeconómicos);
– Algunas pistas y criterios un poco más concretos:
/ Reformar la UE como primer paso: “La UE tiene la máquina para conseguir la recuperación de España” (Stiglitz));
/ que no haya empleo no quiere decir que no haya trabajo o que éste, en su despliegue en ámbitos distintos, no pueda convertirse en nicho potencial de empleos tanto para la iniciativa pública, como para la social y cooperativa, como la privada;
/ apoyo a la economía social (qué, entre nosotros, representa ya un 11% del PIB);
/ reforma fiscal progresiva y explorar las posibilidades de una banca pública;
/ condiciones de empleo dignas (subida del salario mínimo para empezar);
/ desvincular los derechos sociales del empleo y vincularlos a la vida (que no puede ser objeto de mérito: renta mínima universal garantizada o salario social…);
/ reparto del empleo y del trabajo (trabajar menos y trabajar todos y todas; asunción de la propia e indeclinable contribución a la nueva sociedad en construcción…).

Barañáin, 16, Diciembre, 2015
Guillermo Múgica