Deconstruyamos la UE para construir una nueva Europa

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David Bollero – El Público -15Ago 2016

 Ayer tuve el privilegio de moderar una mesa redonda del Foro Social en el marco del festival Rototom Sunsplash de Benicàssim. El lema de este año del ciclo de charlas es Libertad y dignidad, muy adecuado para los tiempos que corren por tratarse de dos bienes muy publicitados y, sin embargo, más bien escasos.

La mesa redonda, bajo el título de Qué Europa, qué alternativas, abordó la situación actual de Europa y cuál es el nuevo escenario hacia el que deberíamos encaminar nuestros pasos. Para ello, conté a mi lado con dos activistas por encima de su faceta de políticos: por un lado, Katerina Sergidou, cofundadora de Syriza y actual dirigente de Unidad Popular, la facción crítica que se escindió del partido griego después de que Tsipras, como ella misma indicó, traicionara al pueblo griego plegándose al dictado de la Troika.

Sergidou compartió una radiografía del caso griego bien distinta de la que los poderes fácticos y sus instrumentos mediáticos nos han hecho llegar. Con frases tan duras como “para nosotros el euro más que una moneda es un régimen”, la activista griega contó como la situación económica del país heleno no se ceñía exactamente a lo descrito por el Ecofin y compañía. Por citar un ejemplo, el país disponía de recursos propios para atender sus facturas durante dos años, pero “Tsipras optó por anteponer a los acreedores a los ciudadanos”.

De la noche a la mañana, el ‘oxi’ del referéndum se convirtió en un ‘no’ y, de ese modo, “se robó el voto a los griegos”. El caso griego, que Sergidou admitió que supuso “una derrota”, vino a demostrar que cambiar el sistema desde dentro es imposible. El sistema de la Unión Europea está tan corrompido que al final sus mecanismos consiguen que quien ejecute su austericidio sea quien en un principio luchaba contra él.

En el otro flanco y compartiendo buena parte del hilo argumental de su compañera griega, tenía al eurodiputado por Podemos, Miguel Urbán, que dio en el clavo al distinguir entre Europa y Unión Europea. En ese sentido, ambos son de la opinión, de que, como subrayó Urbán, “ya no es posible reformar la UE, sólo es posible la ruptura”.

Y qué razón tiene. Una UE en la que hemos presenciado cómo sus dirigentes corren más rápido a apagar el fuego del Brexit que ha terminar con el cementerio de refugiados en el Mediterráneo no es posible reformarla. Hay que deconstruir la UE para poder construir una nueva Europa.

Tanto Sergidou como Urbán apuestan por la solidaridad internacional, esa que se ausentó cuando Grecia luchaba por tener una verdadera democracia, cuando los griegos fueron los únicos europeos con agallas para apoyar a un dirigente que miraba a los ojos al miedo de Bruselas y Berlín y lo desafió.

De haberse dado ese internacionalismo tan necesario, habríamos podido acabar contra este golpe de estado neoliberal del que hemos sido víctimas en Europa.“Nos equivocamos cuando pensamos que aquella era una lucha de Grecia contra la austeridad de la UE, era una lucha de todos los pueblos de Europa”, afirmó ayer Urbán.

Sin embargo, este internacionalismo no se puede dar mientras la izquierda no comparezca en Europa. No es posible destruir la actual UE, ni tan siquiera luchar contra su chantaje, mientras la izquierda no recupere su espacio. Hay que rendirse a la evidencia y dejar de patalear: la extrema derecha y, como indicó Urbán, el “centro extremo” han ganado el debate ideológico y político. Ellos han conseguido ocupar espacios que le corresponden a la izquierda y no se puede culpar siempre al votante, desinformado o no.

El mensaje esperanzador de ambos es que hay que movilizarse, hay que aprender de los errores y no caer de nuevo en el aislamiento. Refundemos el internacionalismo del siglo XXI y creemos una confederación de los pueblos del sur de Europa que demuestren que es posible gobernar de otro modo.

En España, diversos Ayuntamientos que desalojaron a la derecha de su salón de Plenos ya han demostrado que es posible gobernar sin arrebatar la soberanía al pueblo. A la vuelta del verano, sin ir más lejos, se constituirá una coordinadora de municipios rebeldes del sur de Europa. Ese es el camino, esa es la actitud para, definitivamente, borrar del mapa a la Unión Europea, esa que legaliza la violación sistemática de Derechos Humanos, y alumbremos una nueva Europa, mucho más democrática y transparente.

 

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Ya no hay disculpas… ni tiempo

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Se ha dicho que Reino Unido era el obstáculo para avanzar en la construcción europea; ya no existe. Ahora es urgente culminar la integración económica, mediante la creación de un Tesoro europeo, y caminar hacia una Unión Política

NICOLÁS SARTORIUS – 9 AGO 2016 EL PAÍS

 

 

Uno. El triunfo del Brexit, en el referendo británico, nos coloca a los ciudadanos europeos ante una disyuntiva decisiva. O avanzamos hacia una unión más profunda —económica, social y política— capaz de afrontar los serios problemas que tenemos o el peligro de retroceder, e incluso diluir el proyecto inclusivo europeo, es cierto e inminente. La confluencia de grave crisis económica con mareas migratorias/refugiados, ambas mal resueltas, junto al proceso de globalización y la falta de un proyecto de como dirigirlo, y construir la Unión, ha conducido a la explosión de nacionalismos y “patriotismos” de diferente pelaje que, de no ponerles freno, pueden arrasar con todo. Nacionalismos exacerbados estuvieron el origen de la Primera y Segunda Guerra Mundial, así como en el de las múltiples guerras balcánicas. Los créditos de guerra o las decisiones más insolidarias siempre se aprueban al son de cánticos patrióticos y tremolar de banderas, al tiempo que se incita a la animadversión o al odio hacia el extranjero.

No nos equivoquemos, el fenómeno no es solo británico. En Francia, el Frente Nacional —mayoritario en las encuestas— exige un referendo para salir de la UE que, de ganar, sería el final de ésta. Procesos parecidos aparecen en Holanda, Dinamarca, Austria y, en otra dirección no menos destructiva, en gobiernos de ultra derecha en Polonia y Hungría. Y no conviene olvidar el fenómeno más peligroso de todos ellos, el ascenso de Donald Trump al liderazgo del partido republicano americano. El riesgo radica no tanto en lo que sostiene este personaje atrabiliario, que probablemente perderá las elecciones, sino en que millones de norteamericanos apoyen sus posturas racistas, de supremacía blanca, que nos recuerdan épocas trágicas de un pasado no tan lejano. La “primavera de las patrias” suele terminar en el helado invierno de los cementerios.

Dos. Ya sabemos que las relaciones entre Reino Unido y Europa nunca fueron fáciles. Se quedó al margen del Tratado de París que creó la Comunidad del Carbón y del Acero; tampoco suscribió el Tratado de Roma del 57 que estableció la CEE. Mas tarde, en Estocolmo, los ingleses crearon la EFTA, con Austria, Suiza, Dinamarca, Noruega, Suecia, Portugal y luego Islandia, Irlanda y Finlandia. Una zona de libre comercio, que es lo que siempre han querido, en competencia con la CEE, concebida para una mayor integración económica y política. Por insistencia norteamericana solicitaron el ingreso en ésta última en 1963 y 1967, topándose en ambas ocasiones con el veto de De Gaulle que consideraba a GB un “submarino” de los americanos en Europa. No fue hasta 1973 cuando ingresó en la CEE, junto a Dinamarca e Irlanda. Luego se irían sumando los demás hasta 28. Pero siempre con un pié dentro y otro fuera, pues ni adoptó la moneda única del Tratado de Maastrich, ni suscribió el acerbo Schengen y si bien aceptó el Tratado de Lisboa lo hizo con multitud de reservas en protocolos y declaraciones.

Que tomen nota los que venden referendos “no vinculantes” como si eso existiera en política

En una palabra, Rino Unido nunca se ha sentido plenamente integrada en el proyecto europeo y ha supuesto un freno continuo al desarrollo del mismo. Llegó tarde y a rastras, con la intención de que mediante sucesivas ampliaciones —fue la líder de la extensión al Este, cuyos emigrantes ahora rechaza— se fuera diluyendo en un mero mercado, espantada ante la idea de una unión política. Unión que ha visto siempre como un asunto franco-alemán, presa de las ensoñaciones de un Imperio que ya no existe y de unas “relaciones especiales” con unos EE.UU que ya tiene otros intereses “ especiales”.

Tres. No obstante, siempre he sostenido que no es nada bueno que Reino Unido abandone la Unión. Es un factor de equilibrio y contrapeso al exceso de hegemonía alemana; es imprescindible para una política de Seguridad europea; es la segunda economía más importante de la Unión; ejerce notable influencia en otros países de Europa y del mundo, aporta valores culturales y democráticos no despreciables y por lo menos la mitad de sus ciudadanos desea seguir en la UE. Por eso, pienso, con muchos otros, que lo más realista es ir a una Europa de varias velocidades como ya planteó Delors hace tiempo, pues el Reino Unido nunca aceptará una unión política y no todos los países pueden avanzar al mismo ritmo.

Ahora bien, los británicos han votado irse y esa decisión, de momento, parece irreversible. No es vinculante jurídicamente pero si lo es políticamente. Que tomen nota los que intentan vendernos referendos “no vinculantes” como si eso existiera en política. La desconexión debe hacerse cuanto antes sin dilaciones indebidas, ni trucos ni trampas. No se puede pretender no estar en la Unión y disfrutar de las ventajas de ésta —libre mercado etc— y soslayar las cargas —libertad de circulación de personas, contribución al presupuesto etc. Todo el mundo debe saber que si te vas es con todas las consecuencias, incluida la posibilidad en este caso de que Escocia y/o Irlanda del Norte escojan el camino de la independencia, lo que supondría, de consumarse, lo que ha titulado un diario inglés: From Great Britain to small England (De la Gran Bretaña a la pequeña Inglaterra). La nueva líder del partido Conservador, su anti europeo ministro de Asuntos Exteriores y otros nombramientos del mismo cariz no dejan mucho margen para la sorpresa. Aunque en política todo es reversible, intentarán negociar las mejores condiciones al mínimo coste.

No se puede pretender no estar en la Unión, disfrutar de sus ventajas y soslayar las cargas

En el bien entendido que si Escocia desea pertenecer a la UE, primero tiene que ser independiente; luego ser reconocido como Estado en la ONU, más tarde pedir el ingreso y que no haya vetos.

Cuatro. Siempre se ha dicho que el obstáculo para avanzar en la construcción europea era la oposición de Reino Unido. Pues bien, ya no existe ese obstáculo así que veremos si era cierto lo que se decía. Sólo profundizando en la Unión evitaremos nuevas huidas y, a la postre, podremos establecer mejores relaciones con la propia Reino Unido y quien sabe si algún día decida volver a la gran familia europea. Ahora es urgente culminar la unión económica mediante la unión bancaria y fiscal, con un Presupuesto y un gobierno económico del euro, mediante la creación de Tesoro europeo que pueda emitir eurobonos; avances en la Europa de la seguridad y la defensa y caminemos sin vacilaciones hacia una Unión Política por medio de un proceso constituyente en alguna de sus formas. Y tengamos claro que no puede haber unión económica y social sin unión política, si queremos evitar que quede dañada la naturaleza democrática de la Unión.

Una última sugerencia: enzarzados como estamos en las tribulaciones del corral patrio evitemos el riesgo de perder la perspectiva. No hay salud a nuestras dolencias si no avanzamos en una UE cada vez más estrecha. De Europa no pueden seguir viniendo, en especial, recortes de déficit y amenazas de multas.

 

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El repliegue

Posted by on Ago 14, 2016 in Miradas

El repliegue

Está sobre la mesa la propuesta de un amigo para que participe en un debate sobre la actual situación de repliegue hacia los nacionalismos que se registra en Europa, del que el Brexit es la manifestación más notoria, organizado por una asociación cultural de una localidad vecina a mi pueblo. No sé si la propuesta se materializará finalmente, pero ha tenido la virtud de poner en alerta las antenas y desde hace unos días me veo escrutando instintivamente noticias en busca de las causas de esta regresión de la sociedad hacia el útero materno. He aquí tres ejemplos del repliegue:

Uno, por intereses económicos. Hace un mes, durante las fiestas patronales de mi ciudad, los comerciantes locales se quejaron de la proliferación de manteros a las puertas de sus establecimientos. La ciudad tiene, por primera vez en décadas, un consistorio de izquierdas y el concejal de turno se lanzó a defender a los manteros en nombre de la solidaridad y los términos en que lo hizo, en los que no obvió acusaciones a los comerciantes de explotar a sus empleados, encrespó aún más al gremio protestante. El pequeño comercio ha sido devastado en mi ciudad, como en tantas otras, durante la década pasada por razones conocidas que no repetiremos aquí, y probablemente no erraba el concejal al señalar los bajos salarios de sus empleados y las prácticas de evasión fiscal de las empresas porque así es como funciona nuestra economía y también puede apostarse a que los manteros no significaban una competencia real, aunque fuera desleal, a sus negocios. Pero todo eso, que constituiría materia para un debate, no importa. Lo seguro es que el consistorio se ha ganado la enemiga de los comerciantes y bastará que en las próximas elecciones se presente una sigla que señale a los inmigrantes como responsables de la situación para que una parte significativa del voto que ha sido de izquierda se pase al campo contrario.

Dos, por razones políticas. Francia ha sido durante décadas un ejemplo conspicuo del trasvase casi automático del voto comunista y socialista al lepenismo a medida que avanzaba la globalización de la economía y la crisis social consiguiente. El país está ahora alterado con los atentados yihadistas y estos días veraniegos sufre una polémica, con resolución judicial incluida, sobre el uso, o mejor dicho, la prohibición del uso de lo que se llama el burkini en playas y piscinas. El burkini es un bañador femenino que cubre por completo el cuerpo y que los tribunales franceses consideran un ataque al laicismo de la nación. Esta prenda es disfuncional y arcaica (y personalmente irritante, lo reconozco) pero no se entiende cómo su uso en la playa podría atacar al laicismo del país de una forma y en una medida no imputable al tanga, a las bermudas o la desnudo completo, a menos que estas prendas se consideren propiamente nacionales y el aparatoso bañador islámico, extranjero. Así, la sentencia judicial retuerce el derecho para acomodarlo a un sentimiento generalizado de la sociedad, exacerbado, hay que decirlo, por los criminales ataques que la sociedad  francesa ha sufrido procedente de la misma ideología que promociona el dichoso burkini.

Tres, por la efusión de los sentimientos. Esta nación de naciones o como queramos llamar a nuestro país alberga en su seno sentimientos que no se pueden ignorar en ningún proyecto colectivo. Por razones históricas y sociopolíticas que no corresponde analizar aquí, sectores de la población de ciertas regiones viven interiormente, si vale decirlo así, en una nación que no es España. Estos sentimientos están siempre presentes pero proliferan de modo natural cuando el sistema deja de satisfacer intereses y expectativas de la población y rebrota el nacionalismo por dos razones evidentes: una, porque lo único que queda cuando todo se ha venido abajo es el orgullo patrio, y dos, porque si el conjunto no funciona, quizás funcione la parte. Estos días asistimos a la formación de la izquierda emergente en Galicia de cara a las elecciones autonómicas, y la sigla general (Podemos) ha tenido que subsumirse en la sigla parcial (En marea) so pena de no llegar a un acuerdo. Esta solución lleva a un encogimiento de hombros de los que no somos gallegos, y sería igual, si aconteciera, entre los que no somos catalanes, vascos, navarros, leoneses, andaluces o alcarreños, porque, después de fraccionar la tarta, gallegos, vascos, catalanes, etcétera, tendrán que recomponerla con alguna fórmula federal, confederal o como se llame, si no quieren caer en la irrelevancia, pero no importa, ya veremos cuando llegue el caso; de momento, lo importante es que se han satisfecho los sentimientos de los gallegos galleguistas. Y eso que hablamos de fuerzas políticas jóvenes y sedicentes progresistas, y, desde luego, bienintencionadas.

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La izquierda necesita aprender de la Teoría Monetaria Moderna

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A pesar de su antipático y nada atractivo nombre, la Teoría Monetaria Moderna (TMM) representa una forma de entender cómo funciona el dinero que viene de perlas a todos aquellos que quieren poner la economía al servicio de la mayoría social, ya que rellena una de las principales fallas que ha tenido siempre la izquierda en materia económica. Desgraciadamente la inmensa mayoría de los pensadores progresistas –incluyendo especialmente a los economistas– han absorbido hasta la médula las falsas creencias liberales en relación a la naturaleza y funcionamiento del dinero, y esto hoy supone un enorme lastre a la hora de vislumbrar un modelo económico alternativo al actual. No son pocas veces en las que la izquierda repite los falsos mantras liberales creyendo que son verdades absolutas: “el déficit público es malo y hay que reducirlo –aunque sea más lento de lo que propone la derecha-“, “el Estado necesita recaudar mucho más dinero para disfrutar de un adecuado Estado del Bienestar”, “crear dinero provoca siempre inflación”, etc. Interiorizar estas falsas creencias neoliberales y pensar y hablar en su mismo idioma implica entrar en un callejón sin salida para la izquierda, ya que al hacerlo quedan obstruidas casi todas las alternativas económicas progresistas. La Teoría Monetaria Moderna es la cura que necesitamos para romper los esquemas que nos han impuesto y poder idear y desarrollar un proyecto económico más justo.

¿A qué se debe que la izquierda ande tan perdida en este tema? A que no es verdaderamente consciente del radical cambio que el sistema monetario mundial experimentó en 1971. La inmensa mayoría de analistas comete el profundo error de seguir utilizando los mismos esquemas mentales que se utilizaban para comprender el sistema monetario antiguo, sin darse cuenta de que en la actualidad esas herramientas analíticas han quedado absolutamente obsoletas porque la realidad es otra. Es como si, para conocer el éxito de un grupo musical, nos fijásemos únicamente en las ventas de discos y no tuviésemos en cuenta la celebración de conciertos o la audiencia lograda a través de internet con programas como Youtube o Spotify. Estaríamos utilizando herramientas que eran muy útiles en el pasado pero que son absolutamente estériles en el presente simplemente porque la realidad ha cambiado. Lo mismo le ocurre desgraciadamente a la izquierda con el asunto del dinero.

Antes de 1971 los gobiernos de los diferentes Estados se solían comprometer a respaldar toda creación de dinero con otro tipo de activos (aunque a menudo violaban este compromiso, especialmente en épocas de guerra). Entre 1944 y 1971, bajo el Sistema de Bretton Woods, esos activos debían ser el oro y/o la moneda líder, el dólar. En consecuencia, la creación de dinero por parte de los bancos centrales estaba limitada a la cantidad de oro y dólares que tuviese la economía en cuestión. Atendiendo a ese compromiso, los Estados no podían crear todo el dinero que quisiesen porque no tenían oro y/o dólares ilimitados.

Sin embargo, con el desmantelamiento del sistema de Bretton Woods en 1971 el compromiso desapareció, y el dinero dejó de necesitar un respaldo en otros activos para poder crearse. Desde entonces, los Estados pueden crear su propio dinero sin ningún tipo de obstáculo técnico, sin ningún tipo de límite. Ésta es la primera constatación que suele desconocer o ignorar la gente, especialmente los que vivieron antes de 1971 ya que conocieron otra realidad y muchos no se percataron del (radical) cambio.

Esta nueva realidad tiene muchas implicaciones importantes, también muy desconocidas por el ciudadano medio. En primer lugar, permite que cualquier Estado pueda realizar un gasto sin necesidad de respaldarlo con un ingreso por impuestos, puesto que bastaría con crear la cantidad de dinero correspondiente al gasto deseado. Esto libera al Estado de la necesidad de cuadrar los gastos con los ingresos (sin tener que endeudarse). Sin embargo, la TMM reconoce y valora la necesidad de que existan impuestos, pero no porque sean necesarios para respaldar los gastos, sino por cuatro motivos diferentes: 1) dotar de confianza a la moneda en cuestión: la ciudadanía tiene que obtener ingresos en esa moneda para pagar impuestos, lo que provoca que la moneda siempre sirva para algo y que otros agentes la acepten como medio de pago, 2) detraer dinero de la economía, ya que tras el pago de impuestos familias y empresas tendrán menos cantidad de dinero en sus manos, 3) redistribuir la renta y la riqueza, y 4) incentivar y penalizar determinadas prácticas.

Los déficits públicos son entendidos así de otra forma a la que estamos acostumbrados: es el resultado de crear más dinero e inyectarlo en la economía (a través de gasto público) que el dinero que se retrae de la misma (a través de los impuestos). Por lo tanto, el déficit público no es más que la herramienta que tiene el Estado para inyectar más dinero en la economía. Y no hay ninguna necesidad imperiosa de tener que endeudarse para poder cubrir ese déficit. ¿Qué sentido tiene pedir prestado un dinero que puedes crear tú? De hecho, si pides prestado en la moneda que creas, el prestamista te está prestando un dinero que has creado tú en algún momento. Todo el dinero que existe expresado en tu moneda lo has creado tú, no hay otra posibilidad. Para que un Estado pueda recaudar, primero ha tenido que gastar, (que es lo contrario de lo que se piensa).

Pero los Estados que crean la moneda que utilizan, como Estados Unidos, Japón, o Australia, por ejemplo, también tienen deuda pública. ¿Por qué? Porque es una forma –entre otras– de controlar el tipo de interés de referencia. No hay ninguna necesidad de que un Estado con plena soberanía monetaria se endeude, pero suelen hacerlo para que los bancos no presionen a la baja el tipo de interés mediante el préstamo de las reservas bancarias. Cuando hay déficit público, se inyecta más dinero en la economía y por lo tanto más reservas bancarias en las cuentas de los bancos, y las entidades bancarias suelen prestar estas reservas para obtener rentabilidad a partir de ellas. Para que no lo hagan, el Estado ofrece bonos públicos con rentabilidad; así los bancos los compran en vez de prestar las reservas. Este proceso incrementa la deuda pública, pero no tiene nada que ver con la necesidad de obtener ingresos por parte del Estado soberano. Otra posibilidad para evitar la caída del tipo de interés es que el Estado ofrezca directamente rentabilidad por mantener las reservas bancarias, evitando así que tengan que prestarlas para hacer negocio.

En cualquier caso, gracias a la Teoría Monetaria Moderna entendemos que un Estado con soberanía monetaria (emite su propia moneda, no tiene deuda en moneda extranjera, y tiene tipo de cambio flexible) es plenamente libre de crear tanto dinero como quiera. Ahora bien, que pueda hacerlo no quiere decir que deba hacerlo. La cantidad de dinero creado a través de gasto público debe ser la adecuada que permita que todas las empresas vendan al precio actual los bienes y servicios que pueden producir. Ni más ni menos. Crear menos dinero de este nivel produce desempleo y desinflación (es lo que le ocurre a la economía española y a la Eurozona), y crear más de este nivel produce inflación. Por eso, gracias a la TMM entendemos que en la Eurozona lo que necesitamos es que incremente el déficit público, no que disminuya como erróneamente y/o perversamente aseguran los gobernantes europeos.

Y que nadie se asuste con la inflación o con los procesos hiperinflacionarios: la inflación sólo aparecerá cuando haya más dinero del nivel mencionado (plena utilización de la capacidad productiva), y en el territorio español y en la zona euro estamos bastante lejos de ese nivel, como lo demuestra el alto paro, las enormes cantidades de productos en almacenes, y la inflación nula o negativa. Que tampoco se asuste con los niveles de déficit o de deuda pública sobre el PIB. El déficit público lo único que hace es rellenar la brecha que deja el gasto privado en épocas de recesión, por eso en esos momentos el déficit público se dispara, y por eso en épocas de bonaza económica se reduce o incluso convierte en superávit. A un Estado con soberanía monetaria le da absolutamente igual que el déficit público esté en un 0%, en un 5% o en un 15% del PIB, o que la deuda pública esté en un 10% o en un 300% (Japón es el mejor ejemplo de esto último). Todo ello no está reflejando más que la cantidad de gasto público que ha rellenado la ausencia de gasto privado.

En fin, es de sobra conocido que cualquier proyecto de transformación social desde los principios de izquierda se suele topar con el mantra de “es muy bonito, pero no hay dinero para hacerlo”, o la variante siguiente: “aunque hay dinero, está en los paraísos fiscales y no se puede recaudar”. Desgraciadamente lo que suele ocurrir es que nos creemos estas respuestas y nos rendimos a la resignación. Pero con la ayuda de las tan estudiadas tesis de la TMM podremos sortear con solvencia estos obstáculos y poder idear y trabajar por la construcción de un nuevo modelo económico alternativo al actual que ponga la economía al servicio de las personas y no al revés.

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Brexit, otro lío europeo

Albert Recio AndreuAlbert Recio Andreu

I

Ocurrió lo impensable. Ni la euforia de las bolsas en los días anteriores al referéndum (seguramente teledirigida por la City y el Banco de Inglaterra) pudo evitar que al final Reino Unido votase salir de la UE. Es esta una historia muy británica y muy europea. Reino Unido hace muchos años que es una sociedad quebrada. Con un centro financiero híper-desarrollado, que genera grandes rentas y permite mantener a una enorme masa de clases medias con buen nivel de vida. Y con una gran parte del país que ha vivido el deterioro inacabable de una vieja estructura industrial y que se siente despreciado, en términos de clase, por las élites dominantes. Una quiebra que tiene mucho que ver con el declive de un antiguo imperio, con la creciente parálisis del capitalismo industrial británico y, especialmente, con el triunfo del neoliberalismo y sus treinta años largos de hegemonía (la tercera vía fue apenas un ligero retoque de la herencia thatcheriana). Hacía tiempo que esta tensión avisaba con traducirse en una ruptura institucional. El referéndum escocés fue el primer aviso.

Lo curioso del caso es que en esta ocasión no puede hablarse de una clara ruptura con el orden imperante. De hecho, una parte de las élites dominantes siempre ha visto con recelos el modelo europeo. Temerosos de la hegemonía franco-alemana y celosos por mantener privilegios especiales, como el que representa la City como gran centro de la especulación financiera internacional. O la reluctancia en aplicar las laxas normas laborales europeas porque para las élites británicas resultan, aún, demasiado intervencionistas. Por esto Reino Unido siempre ha mantenido un estatus particular en la UE, mantiene su propia moneda y ha jugado siempre un papel fundamental a la hora de aguar los proyectos más progresistas emanados del Parlamento Europeo.

El Brexit es al mismo tiempo una ruptura y una continuidad. Han votado salir de la UE muchas de las gentes que llevan años de padecimientos, de marginación, de desprecio. Pero el Brexit lo han promovido sectores de las élites dominantes. Y en todo el proceso ha jugado un papel central el tema de la inmigración, la explotación de la xenofobia como un mecanismo de control social. Una xenofobia que no sólo se traduce en represión contra la gente que viene, sino también en reluctancia a contribuir a una modesta redistribución de la renta dentro de la UE. En este sentido, el Brexit es muy europeo, porque también en otros muchos países los desastres de las políticas neoliberales están generando un descontento que sectores de las élites consiguen desviar hacia la xenofobia, el nacionalismo conservador y la oposición a cualquier medida de redistribución interterritorial. Y por ello el Brexit, que tiene raíces en la historia británica, amenaza con convertirse en un detonador de movimientos parecidos en otros países y representa un refuerzo a la emergencia de la derecha reaccionaria que ya es visible en muchos países europeos.

Tienen razón los que plantean que la política comunitaria es en parte responsable del desastre. Pero es sólo parte de la verdad. Reino Unido no está integrado en la Zona Euro, no ha sido objeto de planes de salvación. Como explicamos en un libro colectivo (S.Lehndorf (coord.) El triunfo de las ideas fracasadas, FUHEM-Catarata), Reino Unido aplicó políticas de austeridad sin verse forzada externamente, básicamente por el interés del Partido Conservador (sus políticas han orientado muchas de las reformas del Partido Popular). Y que la respuesta a estas políticas se haga más en clave ultranacionalista que en clave de exigencia de reformas no puede explicarse mecánicamente por las políticas neoliberales que emanan de Bruselas, sino que responde a elementos que están muy enraizados en la propia historia europea. Quizá el fenómeno de la xenofobia sea común a muchos pueblos, pero la historia europea fue una historia de imperialismo que utilizó el sentido de superioridad frente a “los salvajes”. Y esto, que nunca ha desaparecido, explica además el racismo, más o menos solapado, visible en la mayor parte de sociedades europeas cosmopolitas.

La globalización ha reforzado estas pulsiones porque, por una parte, ha desmantelado gran parte de los mecanismos de protección que en algún momento alcanzaron las clases obreras de los países centrales y, de otra, ha mostrado la insostenibilidad de estas protecciones en un mundo donde predominan desigualdades gigantescas. En un mundo tan desigual y con tantas facilidades técnicas para mover mercancías, capitales y personas, la globalización favorece flujos descontrolados, y los que los padecen tratan de protegerse apelando a aquellos mecanismos que en otros tiempos han funcionado o que simplemente han creído que funcionan. Apelar al control de la inmigración para evitar el deterioro de las condiciones de trabajo o de los servicios públicos es una respuesta más simplista que orientar un cambio en la política económica para el que mucha gente se siente impotente. La ausencia de una política que plantee una opción cooperativa, no competitiva, inclusiva al desarrollo mundial y la persistencia de la izquierda a una visión meramente nacionalista de la política han ayudado a generar un clima en el que la ruptura con unas políticas indeseables se hace por “el lado malo de la historia”. Pues sean cuales sean las consecuencias económicas del Brexit, lo que parece claro es que a corto plazo las políticas migratorias xenófobas, la restricción de derechos y las concesiones reaccionarias para evitar que la UE se siga desangrando van a estar al orden del día.

II

Es más difícil de prever cuál va a ser el impacto que el Brexit va a tener para la economía mundial. Es innegable que el proyecto europeo queda “tocado”, y si el referéndum inglés se repite en otros lugares el peligro de colapso es real. Y no cabe duda de que la quiebra de la Unión Europea podría afectar a la actividad económica en la medida en que el denso marco institucional que regula la actividad económica continental quedará bloqueado. Es una posibilidad, pero posiblemente sea sorteable con apaños y concesiones que afectarán más a los derechos sociales, en sentido amplio, que a las regulaciones mercantiles. Si las regulaciones económicas se mantienen, el Brexit podría tener un efecto limitado. Al fin y al cabo, el comercio y las finanzas internacionales están tan liberalizadas que podrían permitir a Reino Unido mantener una relación fluida con la Unión Europea (como la mantienen Suiza o Noruega). Depende de cómo se negocie la salida y de cuáles sean las exigencias de los bandos. Si Reino Unido acepta mantener un estatus de asociado al estilo de los países citados, el cambio puede no ser traumático. Si, en cambio, exige niveles de autonomía más radicales, las cosas se pueden complicar, porque de la parte comunitaria pueden plantearse exigencias o incluirse demandas que afecten a intereses británicos sustanciales, como el sistema financiero. No es por tanto una cuestión discernible fácilmente.

A corto plazo, sin duda, la opción de la salida puede influir en la mayor volatilidad de los mercados financieros, cuyo errático comportamiento es habitual. Y cuyo nerviosismo puede realimentar los problemas del sector bancario. Y puede tener también impacto en las transacciones económicas provocadas por la depreciación de la libra. Reino Unido no es actualmente un gran productor (de hecho, es un país que mantiene un sostenido déficit comercial), y la depreciación de la libra difícilmente lo convertirá en un agresivo competidor. Más bien, el impacto puede venir por el lado de la demanda. El encarecimiento de las importaciones, difíciles de sustituir en el mercado interno, pueden provocar una caída de las importaciones de bienes y servicios que agravarían la deprimida situación de la economía europea. En clave española, esto se traduce fundamentalmente en dos cuestiones: en qué medida los vaivenes financieros afectarán a los grupos bancarios españoles implantados en Reino Unido (y que de tener problemas serían considerados bancos españoles), y cómo influirá en el turismo británico y en otros sectores de exportación (como el agroalimentario o el de la venta de inmuebles a ciudadanos británicos). En una situación europea y española tan aguantada con pinzas, el Brexit es, en este sentido, otra amenaza desestabilizadora, aunque los modelos a largo plazo prevean que el impacto final sea pequeño. Pero ya sabemos que los modelos teóricos a largo plazo ignoran los sufrimientos cotidianos que generan las transiciones caóticas a corto plazo.

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La desaparición de los derechos sociales en la UE

entrevista

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Uno de los principios básicos que Jacques Delors había enunciado para crear un sentido de pertenencia a la UE era crear una comunidad europea, identificando la pertenencia a tal comunidad con el ejercicio de derechos sociales aplicados a toda ella. Incluso el concepto de establecer un pasaporte europeo tenía como objetivo el de ir avanzando en esta línea en el desarrollo de tal comunidad. Hoy, sin embargo, la Unión Europea está yendo en dirección contraria, es decir, se está diluyendo y destruyendo esta percepción de pertenencia. Uno de los primeros pasos en esta dirección ha sido la aceptación por parte de las autoridades europeas correspondientes de la demanda del gobierno conservador británico, liderado por el Sr. Cameron, como condición para permanecer en la Unión Europea, de que los ciudadanos de la Unión Europea que emigren y trabajen en el Reino Unido no tengan los mismos derechos sociales, como el seguro de desempleo, hasta después de una larga estancia en el país. Se establece así la categoría de trabajador extranjero, dentro de la UE, con distintos derechos a los que tienen los trabajadores locales.

Esta medida ya ha dado pie a otra propuesta, incluso más dura, por parte –nada menos- que del gobierno Merkel, en Alemania, el país que, por cierto, se ha beneficiado más de la supuesta libre circulación de trabajadores dentro de la UE. Nada menos que la Ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, la socialdemócrata Andrea Nahles (que fue, en su día, la dirigente de las juventudes del Partido Socialdemócrata, y gran esperanza de las izquierdas de tal partido), ha propuesto que los trabajadores extranjeros procedentes de otros países de la UE tengan que haber vivido en Alemania durante cinco años antes de recibir los derechos sociales relacionados con el trabajo. Y, con cierto cinismo, ha dicho que “yo apoyo completamente la libertad de movimientos, pero no la libertad de acceso a los derechos sociales, lo cual es distinto”. De esta manera se establecen tres tipos de trabajadores. Uno, los trabajadores locales. Otro los extranjeros procedentes de la UE. Y un tercero que incluye los refugiados, inmigrantes de países que no son de la UE. Ni que decir tiene que esta división reforzará el mundo empresarial, pues la falta de unidad de derechos imposibilita la unidad de acción de los instrumentos en defensa de la clase trabajadora, tales como los sindicatos, que se sienten debilitados con estas divisiones, aprovechadas cínica y constantemente por el mundo empresarial. El ataque frontal al mundo del trabajo Pero esta disolución de los derechos sociales ha alcanzado su máxima expresión en la nefasta (y no hay otra manera de definirlo) decisión de la Tribunal de Justicia de la UE, tomada en el periodo 2007-2008, que indica que la libertad económica de los empresarios en Europa tiene prioridad sobre los derechos sindicales a los convenios colectivos. Es sorprendente (y es un indicador de la enorme debilidad de los sindicatos) que no haya habido movilizaciones generales frente a tal decisión (ver Esther Lynch, “If Europe Takes Trade Union Rights For Granted… We Risk Losing Them”, Social Europe Journal, 09.05.16). Ni que decir tiene que tal decisión de dicho tribunal viola la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada en 1948, que indica que “toda persona tiene el derecho a formar y/o formar parte de un sindicato para la protección de sus intereses”. Ahora bien, la Europa que era el sueño de las fuerzas progresistas se está transformando en una pesadilla.

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Las líneas rojas ambientales del TTIP

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Alberto Fraguas Herrero
Miembro de ATTAC

El comercio quizás ayudó a la construcción de nuestra sociedad, pero también puede contribuir a desarticularla si no hay barreras que lo ordenen.

Los tratados de libre comercio como el TTIP trastocan los principios en los que se asienta la sociedad del bienestar, diluyendo en poco tiempo todos los derechos conseguidos tras años de lucha por la justicia y  la igualdad. Sencillamente proponen un modelo de blanda dictadura económica disfrazada de parlamentarismo y negociación, para ocultar una apropiación indebida de recursos comunes ignorando a la ciudadanía en el más estricto sentido del término.

Podría decirse que se instaura un nuevo despotismo ilustrado 3.0 (todo para el pueblo pero sin el pueblo) en el que los límites concertados por los Estados son traspasados por unos beneficios medidos en supuesto empleo realmente no demostrado. Para ello apenas hay límites, ni siquiera los que inciden en la seguridad de ese pueblo al que pretende servir, seguridad calibrada en años de definir las barreras ambientales del crecimiento y legislar en consecuencia; de establecer unas líneas rojas de los impactos ecológicos en nuestro entorno natural que, a menudo, también afectan a la salud pública.

Particularmente en Europa, pero especialmente en España, las políticas ambientales en los años 70 y 80 eran básicamente de tipo correctivo; se conocían algunos efectos derivados de la acción humana que se subsanaban en parte, dejando pasar otros entendiendo que el ecosistema los asumiría.

Desastres de la industria química como el de Bhopal, incidentes nucleares (Long Island, Chernobyl), impactos del Cambio Climático, contaminación atmosférica (lluvias ácidas, agujero de la capa de ozono, …),  gestión de residuos en todo el mundo (hoy noticia con el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña) y un excesivamente largo etcétera hicieron  urgente revisar esta política y extremar las cautelas en un enfoque preventivo que garantice la salud de nuestros ecosistemas y de la ciudadanía. Este principio de precaución no se tiene en cuenta en los EEUU donde esta vigente la “gestión de riesgos”, según  se desarrollan las actividades industriales sin evaluar previamente sus consecuencias.

Aplicar en Europa esta visión estadounidense sería retroceder 30 años en políticas ambientales aumentando la degradación ambiental y también social, pues ambas van de la mano.

Es obvio que en los tratados comerciales prima el beneficio empresarial con el señuelo de la generación de empleo. La cuestión es qué precio estamos dispuestos a pagar. Si los estándares ambientales regulados en las Directivas Europeas se convierten en papel mojado ¿para qué tantos años de políticas preventivas? ¿Para qué la regulación en sí?

Solo un modelo económico como el neoliberal puede anular la capacidad de respuesta de la ciudadanía y solo puede hacerlo a oscuras o con pretendida transparencia controlada, pues lo que ponen en venta son bienes naturales, incluso bienes comunes y por tanto de todos, para beneficio privado.

Algunos ejemplos analizados de los documentos, ya públicos de las negociaciones del TTIP gracias a Greenpeace, mostrarían una nueva agresión de las élites económicas contra la ecología. Las acciones de adaptación y mitigación del Cambio Climático,por ejemplo, no aparecen siquiera mencionadas a pesar de los acuerdos de la Cumbre de París, ya de por sí insuficientes. Una omisión que muestra que para el TTIP hacer frente el cambio climático no es prioritario.

El reglamento de la Unión Europea REACH de sustancias químicas prioriza preventivamente la protección de la salud pública y la seguridad ambiental. El fabricante debe demostrar la bondad del producto antes de su salida al mercado. En EEUU aplican la evaluación de riesgos según la cual nada es peligroso hasta que se produce un problema, pues de otro modo se “distorsiona el mercado”.

Los productos modificados genéticamente (el TTIP los denomina “productos de la tecnológica agrícola moderna”) muy regulados en la UE, aunque no tanto en España, tendrán vía libre hacia Europa aún sin conocer las implicaciones epidemiológicas que puedan darse.

Y, en gestión de Servicios Públicos especialmente el agua, se propone favorecer la entrada de capital privado no solo en el suministro sino incluso en la propia construcción de infraestructuras que pasaría a manos particulares  buscadoras de beneficios y pondrían en peligro el cumplimiento del Derecho Humano al acceso y saneamiento del agua.

Plantea también el TTIP unos tribunales de arbitraje ante litigios de tipo privado de manera generalizada, soslayando los estrictos procesos de regulación ambiental conseguidos. Es decir, foros privados decidirán si se conculcan los derechos ambientales de los ciudadanos o no. Peligroso giro histórico.

Estos son solo algunos ejemplos de lo que está en riesgo. La opacidad del TTIP aún siendo grave (esa ocultación es un indicador preocupante) no es lo peor. Lo peor es lo que propone.

El TTIP afectaría de manera irreversible al medio ambiente, a nuestra Tierra común, la Tierra que tenemos que proteger en interés de a humanidad, pero sobre todo el TTIP sería un ataque directo a nuestra seguridad y propia dignidad como ciudadanos.

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Aglomeraciones urbanas y emergencia de Movimientos Sociales en África

DSC_5808-webPresenta la charla Pedro Aranguren dando a paso de Ramón Arozarena, que desarrollo las siguientes ideas:

En noviembre del año pasado, el consorcio ÁFRICA IMPRESCINDIBLE presentó en la Ciudadela de Pamplona (en la Sala de Armas) una espléndida exposición de fotografías realizadas por la senegalesa ÉLISE FITTE-DUVAL, sobre la ciudad de DAKAR, capital de Senegal. Me comprometí a elaborar un guión para posibles visitas guiadas del alumnado de Colegios (que luego no pude realizar por problemas de salud). Tres temas eran abordados fundamentalmente en la exposición:

1) El crecimiento anárquico de la ciudad de Dakar

2) La degradación del medio-ambiente en la ciudad.

3) El surgimiento de movimientos ciudadanos reivindicativos.

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Estas cuestiones no suelen aparecer habitualmente cuando hablamos de África. La imagen que tenemos de África se relaciona más con los temas de la pobreza, los conflictos, el subdesarrollo. Por eso, me propuse profundizar, ir más allá de lo que la exposición mostraba. De ahí surgió el contenido de esta charla: el crecimiento de las ciudades subsaharianas es un hecho generalizado, como veremos. Para no alargar mi exposición he suprimido la cuestión del deterioro del medio ambiente, para detenerme en un fenómeno, típicamente urbano-ciudadano, reflejo de un nuevo mundo (o, al menos, alejado del cliché tradicional que tenemos sobre las sociedades africanas) que está desarrollándose sobre todo en los espacios urbanos.

Esta charla se divide pues, en dos bloques:

1) Megacuidades africanas

2) Movimientos sociales urbanos.

 AGLOMERACIONES URBANAS Y EMERGENCIA DE MOVIMIENTOS SOCIALES EN ÁFRICA

I.- Urbanización de África subsahariana – Éxodo rural

 

Introducción: El continente africano es el menos urbanizado, pero está en un proceso muy rápido de urbanización

1.- Algunos datos:

– en 1970, las ciudades africanas albergaban 170 millones de habitantes
– En 2010: a 400 millones
– En 2030: más del 50% de africanos vivirá en las ciudades
– Lagos tenía en 1950 unos 300.000 habitantes; en 2015: 15 millones
– Abidjan ha duplicado su población en 7 años; Londres lo hizo en 30.
– Crecimiento desmesurado y rápido sobre todos en países costeros y en centros mineros.

  1. Causas

Pobreza rural; agricultura tradicional frágil, no competitiva frente a la liberalización impuesta por OMC; desertización del entorno; degradación de tierras sobre explotadas.

Falta de servicios: educación sanidad.

– Falta de perspectivas de futuro para los/las jóvenes.

– Conflictos, guerras, desplazamientos de poblaciones: la ciudad, lugar más seguro.

Acaparamiento de tierras por parte de Estados extranjeros y/o multinacionales. Expulsión de campesinos

– Mitificación/idealización de la ciudad: espacio de modernidad, de emancipación personal, de libertad, emprendimiento y ruptura de estructuras sociales y culturales tradicionales y opresoras; lugar de oportunidades de empleo y acceso a servicios….

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  1. Consecuencias

a) Para el mundo rural:

  • Feminización y envejecimiento de la población rural. Población estancada
  • Aumento de la poligamia; descenso de la natalidad, las mujeres rurales siguen teniendo muchos hijos, pero son menos jóvenes en edad fecunda.
  • Pérdida de mano de obra joven, sobre todo masculina, aunque no exclusivamente.
  • El campo no es capaz de abastecer a las poblaciones urbanas (aumento de las importaciones de alimentos)

b) Para el mundo urbano

  • Poblaciones hacinadas en suburbios en constante crecimiento. Fuerte natalidad urbana, debido a población joven.
  • Ausencia de equipamientos como agua, transporte, infraestructuras, saneamientos, electricidad, gas etc.
  • Insalubridad, deterioro del medio ambiente
  • Ausencia de tejido industrial y/o servicios capaz de absorber la población desplazada del campo: paro generalizado, pequeñas ocupaciones, huertos urbanos, economía informal, trapicheo, delincuencia.
  • Cambios culturales
  • Cambios en la alimentación; hacia una alimentación semi-industrial de dudosa calidad nutritiva e higiénica.
  • Cambios en la composición étnica de la población. Nuevos modos de vida. Encuentro/choque con los diferentes. Deterioro de las redes tradicionales de solidaridad; rupturas familiares/clánicas.
  • Crecimiento anárquico: factor de inestabilidad, de inseguridad; generador de bolsas de pobreza y exclusión social; tensiones entre desplazados; grupos de riesgo: mujeres solas, niños abandonados, enfermos…
 

Una pregunta pertinente: «¿La urbanización en África subsahariana es fuente de desarrollo o de pobreza?». La respuesta la dan los africanos (sobre todo jóvenes) que siguen considerando la ciudad como fuente de oportunidades y posibilidades de futuro

 

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II.- Movimientos sociales – Los “Indignados africanos”

Emergencia en África de organizaciones ciudadanas de protesta, reivindicación, denuncia.

Y’EN A MARRE: ¡Estamos hartos! ¡Ya está bien!, en Senegal

LE BALAI CITOYEN: La escoba ciudadana, en Burkina Faso

LUCHA (Lutte pour le changement): Lucha por el cambio y FILIMBI: pitido/pitada, en RD Congo

Como se verá, estas organizaciones tratan de revitalizar la sociedad civil frente al abuso del poder.

1) Y’EN A MARRE (Senegal)

  • Origen y primeros pasos: Dakar, 2011; un grupo de raperos + un periodista. Se dan a conocer en el Foro social mundial. Protestas en barrios de Dakar: «no es hora de lamentarse». Campaña para que los jóvenes se inscriban como electores e impidan la reelección de Abdoulaye Wade en 2012. Concentraciones. Éxito enorme. Wade NO es elegido.
  • Objetivos (más allá de la protesta): transformación social; sembrar esperanza en la juventud. Despertar conciencias. NTS: «Que nazca un nuevo tipo de senegalés». Los jóvenes deben quedarse en Senegal».
  • Desarrollo: Creación de núcleos en barrios y ciudades del interior para desarrollar proyectos concretos; impulso de la participación ciudadana; centros de reunión para debatir.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL ESPÍRITU “Y’EN A MARRE”

1.- El desmembramiento del Movimiento Y’en a marre en las localidades es llamado Espíritu Y’en a marre. El Espíritu es una organización inclusiva, laica y no-violenta

2.- El Espíritu Y’en a marre es apolítico y equidistante de los partidos políticos. El coordinador, portavoz, como los miembros del grupo no deben pertenecer a ningún partido político.

3.- Los miembros del Espíritu Y’en a marre son voluntarios, benévolos, y se comprometen a responder al llamamientos de Núcleo duro en tanto que éste trata de salvaguardar la democracia, la República y de promover los valores del NTS (Nuevo tipo de senegalés)

4.- El Espíritu Y’en a marre puede constituirse en función de la geografía, temas o en función de la categoría socio-profesional.

5.- El Espíritu Y’en a marre cuenta al menos con 25 personas, con un mínimo de 10 mujeres

6.- Está formado por un coordinador, un responsable de las reivindicaciones, un director artístico, un secretario administrativo, un portavoz y cualquier otra comisión en función de las necesidades de la localidad.

7.- Hace el diagnótico de los problemas de su localidad, propone soluciones y se ofrece como ejemplo en el más puro sentido del NTS promovido por el Movimiento.

8.- Ejecuta su plan de acción tras consulta al Núcleo duro, que es el que garantiza la mutualización de las buenas acciones

9.- El Espíritu Y’en a marre no debe aceptar ninguna financiación de los partidos políticos. No puede monetarizar su apoyo a ninguna organización.

10.- Saca sus beneficios de sus actividades socio-educativas y de la venta de camisetas y otros objetos.

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2) Le Balai citoyen (Burkina Faso): La escoba ciudadana/barrida ciudadana

 . Nace en 2013; fundadores: Serge Bambara (rapero) Sams’K le Kath (cantante reagge)

  • Objetivo: «Voz de los sin voz»; sanear la vida pública, por un «Burkina limpio», modelo para África (reivindicación de la figura de Thomas Sankara)
  • Acciones:

Protestas contra Blaise Compaoré, que trata de modificar la constitución para perpetuarse en el poder. Compaoré renuncia y se va.

Balai actúa de mediador entre militares y oposición para establecer normas de una transición.

«Centinela de la democracia»: exitosa movilización contra golpe de Estado en septiembre 2015.

  • Organización: 60 clubes en Uagadugu; 40 en el resto. Cada club formado por al menos 10 miembros para ser CIBAL (ciudadanos barrenderos). 13 miembros (estudiantes, comerciantes, músicos, periodistas, abogados…) garantizan la coordinación; crecimiento rápido; tensiones internas; apoliticismo discutido; la participación directa en la política local/nacional, causa problemas.

3) LUCHA (lutte pour le changement) – FILIMBI (silbato, pitada)
RD del Congo

 Dos movimientos congoleños (LUCHA y FILIMBI), se hicieron visibles en marzo de 2015 en Kinshasa en una reunión con miembros de Y’en a marre y Le balai citoyen, para intercambiar experiencias de activismo social y político y coordinarse. Los participantes senegaleses y burkinabés fueron expulsados; los congoleños, detenidos, juzgados y encarcelados. Represión de simpatizantes, amenazas, desapariciones.

  • Hubo otra reunión en la isla de GORÉ (Senegal). Los activistas congoleños: detenidos, juzgados como terroristas etc.
  • Uno de los objetivos: impedir que Kabila opte por un tercer mandato en las elecciones de nov.2016.

LUCHA se define: «movimiento ciudadano formado por congoleños, sin distinción de origen, tribu, religión, para restablecer la dignidad del pueblo y construir una sociedad justa. Los activistas de LUCHA contribuyen al advenimiento de un Congo nuevo, como lo quiso Patrice Lumumba: un Congo libre, justo, en paz, próspero e independiente de verdad»

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Algunos comentarios finales

 – África se mueve. ¿Puede hablarse de una primavera africana, subsahariana?

Hay frenos serios a la transformación:

  • Una deuda externa impagable que pesa sobre el futuro y mantiene al continente en la dependencia y detrae recursos indispensables para el bienestar de las poblaciones, tanto urbanas como rurales.
  • Crecimiento demográfico
  • Rol asignado a África: explotación y suministro de materias primas para países desarrollados y/o emergentes.
  • La corrupción de los dirigentes
  • El abandono del mundo rural. Pérdida de la soberanía alimentaria.

El dilema entre afropesimismo y afrooptimismo

 

 

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Nos movemos por África

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Resumen charla Economía y Medio Ambiente

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Hace la introducción a la sesión y al tema Pedro Aranguren, tras lo que presenta al ponente, Alejandro Arizkun exprofesor de Economía de la UPNA.

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El ponente anuncia que cree necesario hacer un análisis distinto de las cosas para entender los problemas que se están produciendo con el medio ambiente. Para ello comienza comparando la economía convencional con lo que sería una economía ecológica.

Para la economía convencional, el proceso de producción y distribución de riqueza es un proceso circular y cerrado:

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Solo se tienen en cuenta los factores de producción (el capital y el trabajo) y los bienes y servicios producidos. Además considera el mercado como asignador de recursos con la idea de que con la competencia perfecdta se consigue la mejor eficiencia.

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Sin embargo, la economía ecológica considera el proceso como algo abierto, en relación con el medio, de donde se incorpora energía y materiales y a donde se devuelven residuos:

flujo2Para comparar ambas concepciones resulta interesante incorporar los conocimiento de la Física o de la Biología para entender mejor los conceptos.

La física nos aporta dos principios de gran interés. El primer principio de la termodinámica nos dice que “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”. Esta idea nos abre los ojos ante cuestiones como la incineradora de residuos, que no los hace desaparecer sino que los transforma en cenizas y humos, con las consecuencias ambientales que trae.

La segunda ley dice que “cualquier sistema aislado. la energía y la materia tienden a perder calidad. La energía aunque no desaparezca se dispersa y pierde su utilidad. Por ejemplo al encender una cerilla, nos resulta útil para, tras encender un papel, quemar la leña de la chimenea. Pero con el tiempo, esa energía no habrá desaparecido, pero se habrá dispersado por la habitación y habrá perdido su utilidad.

La contabilidad macroeconómica y el medio ambiente

 Un índice que se utiliza para medir la economía es el PIB, que es la suma de todas las producciones por unidad de tiempo (año) y en un espacio (estado), excluyendo producciones intermedias.

Críticas al PIB, que no valora el bienestar, es decir cuestiones como la distribución de la riqueza o su composición (puede producirse armas, drogas o productos alimenticios, y no es lo mismo, evidentemente).

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Otra cuestión discutible es la valoración que se hace de los productos. Parece que los precios serían los que determinasen su utilidad. Sin embargo, los servicios administrativos públicos solo se valoran en función del sueldo de los funcionarios. Por otro lado, hay un asimetría en el tratamiento del capital “fabricado” y el patrimonio natural. Por ejemplo el petróleo sólo se valora por lo que cuesta su extracción sin tener en cuenta todo el tiempo que ha necesitado la naturaleza para producirlo.

Aunque tampoco parece una solución fácil llamarle capital natural y aplicarle una amortización cuando hablamos de recursos no renovables, ya que cuando se acaben no se pueden comprar más.

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Otro problema es el que se deriva de la idea de gastos defensivos. Es lo que se invierte en arreglar aquello que se deteriora debido a la actividad humana (el desastre del Prestige sería un ejemplo). Estos males tienen efectos inmediatos fáciles de medir, pero no así aquellos que son a largo plazo (5 ó 6 generaciones).

Sobre la sustentabilidad económica, se puede hacer un análisis de las meidas que se toman en esa dirección. Algunas de ellas son las siguientes:

Mejora de la eficiencia energética. En este caso se trata de hacer el mismo trabajo o producir el mismo artículo disminuyendo el gasto de energía. Sin embargo, el problema de esta medida es que se habla de uso de energía por unidad de producto, de manera que, dada la manera en que se entiende la economía, podemos disminuir la energía que nos cuesta un producto pero dedicar este ahorro al aumento de la producción y por tanto al aumento del gasto de energía total.

Sustitución de fuentes no renovables por fuentes renovables. Sin embargo, las fuentes renovables no son ilimitadas y continuas. La energía solar que si es la única continua, es preciso compartirla por su necesidad para la vida en el planeta pero además la cantidad que nos va llegando en cada momento es una cantidad determinada, no se puede expandir indefinidamente.

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Para hablar de sustentabilidad es necesario considerar que para un uso realmente sostenible de la energía se debe utilizar a un ritmo inferior a su disponibilidad. Por ejemplo el uso de la madera de un bosque: si nos lleva a la deforestación ya no hay vuelta atrás. También se debe usar la energía a un ritmo menor de su sustitución.

Respecto a los materiales es necesario considerar también que no son ilimitados por ello la ecología industrial busca la creación de productos reutilizables o, en su caso, reciclables para minimizar los residuos y aprovecharlos como materiales.

Por último, el ponente se refirió al concepto “economía sostenible” que se ha entendido como la que es capaz de satisfacer las necesidades de las generaiones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro a atender sus propias necesidades (Informe Brundtland, Noruega 1987).

Esta definición presenta ambugüedades: ¿cuáles son las necesidades de nuestra generación?, pero todavía más dificil ¿cuáles serán las necesidades de las generaciones futuras? En el trasfondo de esta definición se esta tratando de combinar dos ideas, el crecimiento económico y las sotenibilidad. Sin embargo, estas dos ideas ¿son compatibles? En realidad es un concepto que pretende mantener la acumulación de beneficios. La ilusión del crecimiento, el crecimiento como receta mágica para controlar la pobreza, aumentar el bienestar e incluso mejorar el medio ambiente. Pero en realidad, el crecimiento acabará con el medio ambiente.

 

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